Spain

Y no estaba muerto, estaba tomando cañas

Supongo que habrá quien piense que este artículo de opinión debería volver a llamarse casi ya Cruz Conde, 12, en vez de Foro Romano, 12 –se denomina así por ser la calle y el número en el que está ubicada la redacción de El Día de Córdoba, desde donde se escribe este artículo, como el resto del periódico–. Depende del color político con el que se mire, claro está, de si uno viste de azul y naranja, por un lado o de colorado, rojo y morado, por el otro.

Supongo que ya conocen esta historia sobre la que se han escrito ríos de tinta, y lo que te rondaré morena. A principios del pasado mes de junio, operarios del Ayuntamiento retiraron las placas de esta céntrica calle, uno de los pasajes más emblemáticos de la ciudad, para sustituirlas por las nuevas, como ya pasó anteriormente con la Plaza de Cañero (que pasó a ser Plaza de los Derechos Humanos) y la avenida Conde Vallellano (ahora avenida Del Flamenco).

La calle Cruz Conde, como la avenida del Conde Vallellano, la plaza de Cañero y una decena de vías más de la ciudad dejaron de llamarse así después de que la anterior Corporación municipal –gobernada por el PSOE e IU– aprobara en Pleno el 13 de febrero de 2018 la propuesta de la Comisión Municipal de la Memoria Histórica, ratificada en Junta de Gobierno Local, de cambiar los nombres de las calles relacionados con el golpe de estado de 1936 o la posterior dictadura.

Ese acuerdo plenario salió adelante por unanimidad de todos los grupos políticos, pero con un matiz; el PP –ahora en el gobierno local– pedía mantener los nombres de Cañero, Vallellano y Cruz Conde por ser nombres asumidos popularmente por los cordobeses.

El PP hizo incluso campaña y recogió firmas para que se le diera marcha atrás al acuerdo de dejar fuera del callejero al rejoneador Antonio Cañero Baena, a quien le puso la plaza en los años 80 el Ayuntamiento entonces presidido por Herminio Trigo; a Fernando Suárez de Tangil y Angulo, también conocido como el conde de Vallellano, que fue alcalde de Madrid durante la dictadura de Primo de Rivera y ministro de Obras Públicas durante la dictadura franquista; y a José Cruz-Conde Fustegueras, militar y político que ocupó varios cargos de relevancia durante la dictadura de Primo de Rivera y que fue alcalde de Córdoba entre el 1 de abril de 1924 y el 3 de enero de 1926.

El equipo azul del grupo municipal popular incluso pidió el VAR en ese partido que desde entonces disputa por el cambio de callejero con el equipo rojicolorado de IU y PSOE al árbitro del Pleno, el secretario del mismo, Valeriano Lavela, quien después de revisar una y otra vez jurídicamente las jugadas pitó a favor de ese equipo que viste de azul en Capitulares, el del alcalde José María Bellido.

Lavela defiende con el reglamento en la mano que “por el arraigo popular” que tienen sus nombres entre la ciudadanía cordobesa no contravendría las leyes de Memoria Histórica rotular de nuevo con el nombre que han tenido hasta hace unas semanas la calle Cruz Conde –pero sin el José delante de los apellidos–, la avenida Vallellano –sin Conde– y la plaza de Cañero –sin Antonio–. Decisión arbitral altamente cuestionada por el equipo rojicolorado, que consideraba que eso es como si en Alemania –algo que es impensable– se rotulara una calle con el apellido Hitler pero sin el Adolf.

Bellido acaba de anunciar que en la Gerencia de Urbanismo “se va a poner en marcha de forma inminente el expediente” que permitirá recuperar en el callejero los nombres de Cruz Conde y Vallellano. De momento, y viendo que a este partido la faltan aún muchos minutos, este artículo se va a seguir llamando Foro Romano, 12. Porque como rezaba aquel clásico de Peret, parece que al final el rótulo de Cruz Conde “y no estaba muerto no, no y no estaba muerto no, no / y no estaba muerto no, no, estaba tomando cañas, lerelerele”.