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Volver al cementerio en tiempos del coronavirus

La muerte sin despedida, el duelo invisible y silencioso ante la pérdida de los seres queridos en época de pandemia ha marcado a cientos de familias de Castilla-La Mancha, que no han podido durante el confinamiento, provocado por la pandemia del coronavirus, acompañar a sus familiares en su último adiós. Esta situación no solo les ha afectado a ellos, sino también a los servicios funerarios, que han visto cómo se incrementaba su trabajo un 200 por ciento, con jornadas intensas en las que han observado de todo y en la que la tristeza y el dolor flotaban en el ambiente.

Las funerarias han palpado la peor cara de la tragedia y la han llevado sobre sus hombros, como si de un féretro se tratase. Han estado a un milímetro del horror y quizá, por ello, son capaces de valorar la dimensión real de lo sucedido durante el confinamiento y la desescalada. «Este es un año para olvidar, pero del que también debemos aprender», afirma el director general de Servicios Funerarios San Román, José María San Román, que atiende a Toledo capital, la provincia de Toledo y a parte de Ciudad Real. La empresa cuenta con una plantilla de 20 trabajadores, que fueron los encargados, en los meses de marzo, abril y mayo, de «estar al pie del cañón».

José María San Román aprovecha la entrevista para pedir a las personas que acudan estos días al cementerio de Toledo que respeten las medidas anticovid. «Este 2020 lo tenemos que olvidar porque ha sido un año en el que el sector funerario ha tenido que asumir cambios que no se producían desde hace 50 años. Nos hemos tenido que adaptar a este tiempo tan sombrío», dice el empresario toledano.

Esos cambios han incluido reforzar el horario de los trabajadores, incentivarles porque es un trabajo muy personal que requiere una cualificación, y del que no existe una bolsa de empleo, y dotarles a todos de EPIs.

Y esta situación ha sido similar en las 70 funerarias —grandes y pequeñas— que se calcula hay en Castilla-La Mancha. En el caso de funeraria San Román, desde marzo hasta octubre han tenido alrededor de 1.800 servicios. En el período más virulento del Covid tuvieron que realizar entre 30-32 enterramientos e incineraciones diarias.

Con motivo de la celebración del Día de todos los Santos, los cementerios se han preparado para la llegada de visitantes. En el caso de Toledo, la jornada de ayer sábado estuvo marcada por la poca afluencia de público, aunque desde primeras horas muchas personas quisieron adelantarse al Día de los Difuntos para estar con sus seres queridos, en un año diferente que el Covid-19 ha cambiado y que muchos no van a poder olvidar.

Con medidas estrictas: toma de temperatura en la entrada, geles, mascarillas, las flores fueron los elementos comunes entre todos los asistentes, muchos de los cuales se quejaron porque el Ayuntamiento de Toledo cerró las fuentes y tuvieron que salir a comprar sus botellas de agua para colocar las flores. Ese fue el caso de Julia, que confesó estar unida a esta tradición que comenzó cuando tenía cinco años. «Estoy viniendo a mi casa», responde con una sonrisa nerviosa, mientras señala que la última en fallecer ha sido su madre. «Hemos decidido que en lugar de venir con más familiares, lo hagamos cada uno y por separado», dice afirmando que es un día triste para todos.

Mientras Julia se esmera en limpiar la tumba en la que descansan sus abuelos y sus padres, en uno de los laterales se encuentran Nieves, León, su esposo, y sus dos hijos, que se han acercado a primera hora al cementerio para «conversar con sus familiares» y evitar aglomeraciones. Nieves reconoce que suelen acudir en familia y agradece que ningún ser querido se haya visto afectado por el coronavirus. «El virus nos ha cambiado a todos y estamos mosqueados. Es una angustia y un sufrimiento para muchas personas. El Covid va a dejar una huella tanto humana como económica en todos», señala mientras se aleja con su familia.

Trabajo constante

A pesar de que este año 2020 está siendo diferente en todos los aspectos, la actividad en la jornada de ayer en cuanto a enterramientos e incineraciones era constante. En los accesos del crematorio se encontraba Emilio junto al funerario, preparándose para cumplir con los servicios funerarios del día, que aunque no son tantos como en los meses más virulentos no dejan de ocurrir debido a los rebrotes.

Emilio, que trabaja desde hace 14 años en el cementerio municipal de Toledo y cuya profesión —aclara— es policía mortuorio, no duda en reclamar un reconocimiento por la labor que han tenido que asumir durante los meses duros de la pandemia. «Aquí no ha venido nadie a decirnos que lo hemos hecho bien. Hay gente a la que le ha afectado y tiene secuelas», cuenta. «Habían días en los que teníamos que realizar en un solo día entre 10 y 14 enterramientos. Y la gente nos hablaba mal, se enfadaban porque solo podían estar tres personas en la ceremonia. Nos han dicho de todo», se queja.

También hace especial hincapié al trabajo que han tenido que asumir los funerarios, quienes tenían que acudir a los hospitales para recoger los cadáveres y cumplir con el protocolo sanitario del Covid-19, que incluía, entre otras obligaciones, la colocación del sudario. «Muchos tenían que ir detrás de los médicos para que les firmaran el certificado de defunción», dice.

Nuevas tecnologías

Desde Albacete, el gerente de la Funeraria Albacete SL, Marc Salas, explica que la pandemia del Covid-19 ha obligado al sector ha asumir un desafío sin precedentes para los servicios funerarios, adecuándose a las nuevas tecnologías y respondiendo a las demandas que cientos de familias reclamaban para el último ádios de sus seres queridos. En esta funeraria —que atiende a numerosos pueblos de la provincia y a Albacete capital— se encontraron con una sobrecarga de trabajo durante los «meses horrorosos» de marzo, abril y mayo. «Tuvimos que acompañar a los muertos, debido al confinamiento y a la ausencia de su familia, hasta su última morada», rememora.

Marc Salas afirma que ha sido «un año muy extraño y doloroso» porque el duelo silencioso, sin apenas poder acercarse a sus seres queridos, provocó que «mucha gente tuviera el corazón en la mano». Así, no solo se encargaban de la ceremonia, sino de ofrecer apoyo y acompañamiento a las familias. Esta situación y la avalancha de trabajo provocó que tuvieran que ampliar la plantilla de 14 trabajadores en un 40 por ciento.

Finalmente, los empresarios de Toledo y Albacete reconocen que los servicios funerarios han cambiado y en esta época de pandemia las contrataciones se hacen telemáticamente, telefónicamente y por el sistema de grabaciones de conversaciones que son válidas jurídicamente. Todo se hace por internet, por las redes sociales y los mensajes de condolencias y pésame se envían vía streaming.

Y otra tendencia que ha cambiado el coronavirus es que se han incementado las incineraciones, que han pasado de entre un 20-25 por ciento a un 78 por ciento. «Creo que ha habido un cambio sustancial en la muerte. También hemos detectado que va muchísima menos gente a los tanatorios, tanto en los pueblos como en las ciudades», concluye José María San Román.

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