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Vinicius vuelve al once y da aire a Zidane en Sevilla

El día de la 'mascletá' de penaltis en Valencia fue el último en que Vinicius había sido titular. La realidad es que desde entonces, el Madrid sólo había conseguido ganar un partido, en San Siro ante el Inter. En mitad del nefasto presente blanco, fue como un encuentro rescatado de la videoteca, de esos que se ven en bucle, en las madrugadas de insomnio y cerveza. Las carreras de Vinicius en Sevilla, en cambio, fueron como los pellizcos de un despertar, el estimulo que este Madrid necesitaba para romper la tendencia antes de jugarse el presente en la Champions. La victoria, sin embargo, no es nada sin más victoria, porque vivir sobre un diente de sierra sólo conduje a cortarse, tarde o temprano.

El brasileño regresó en su sitio, la izquierda, que es también el sitio de Hazard, pero el belga no está todavía en el Madrid, ni en lo físico, ni en lo emocional. La cadena de lesiones que sufre, sin precedentes en el futbolista, tiene que obedecer a causas que van más allá de las que pueden encontrarse en su musculatura. A Vinicius le acompañó Rodrygo, en la derecha, ambos como minuteros de quien marca la hora en el Madrid: Benzema. Si el francés no da las 12, mal asunto. Cuando lo hace, se acerca el gol, y la prueba estuvo en el Pizjuán.

Lo pudo hacer antes Benzema, al final de la primera parte, en una acción coral que tuvo los ingredientes ideales en las pizzas ZZ: ataque del espacio, velocidad y disparo. Llegó Lucas Vázquez desde la derecha, intervino Vinicius sin tocar la pelota, con el engaño, y disparó colocado Benzema donde más daño hace, abajo y esquinado. La parada metió a Bono en el partido después de indecisiones que habían llevado la inseguridad y las ocasiones a su puerta. La más clara, al demorarse en lanzar un balón y permitir que la uña de Vinicius cargara la pelota de veneno. El portero llegó a tiempo de evitar lo peor.

Vinicius más Vinicius, estuvo claro desde el arranque cuál iba a ser el elemento diferencial de un Madrid necesitado de diferencias. Asensio, con cara de penitente, no había aportado ninguna. Tampoco lo hizo en Sevilla, en los minutos de que dispuso. Lo suyo, asimismo, tiene un componente emocional. En Vinicius, no hay dudas cuando recibe la pelota: corre y desborda. Las dudas llegan cuando lo consigue, pero lo primero ya es mucho más de lo habían hecho los atacantes del Madrid en los últimos partidos. Si su aparición en el once tiene alguna relación con lo que puede ocurrir el miércoles, en la Champions, pertenece a la aritmética de ZZ. Descifrarla es como caminar por un pantano.

El partido puso al descubierto desde el inicio algo que le sienta de maravilla al Madrid: el espacio. En dos minutos, lo descubrió Rodrygo para avanzar, habilitar a su compañero en el área, que lanzó cruzado, fuera. Eran los mismos actores que, en los primeros compases del segundo tiempo, forjaron el primer tanto, esta vez con una prodigiosa apertura de Benzema. Vinicius tocó lo justo ante el centro de su compatriota y Bono, descolocado, hizo el resto. Fue un gol a medias. Entre una y otra acción, el partido tuvo equilibrio en el juego, pero no en el peligro. Los pocos desequilibrios, los puso el Madrid, y siempre con Vinicius de por medio.

El Sevilla sintió la amenaza ya en el primer ataque del partido, pero persistió en la salida de balón, en la que los de Zidane encontraron los errores suficientes gracias a la presión. De hecho, los dos equipos la ejercieron, aunque los madridistas se complicaron menos para contrarrestarla. Los lanzamientos de Courtois fueron habituales. No está la temporada para ejercicios de funambulismo.

El Madrid volcó su ataque en la izquierda, del mismo modo que el Sevilla no hizo a la derecha, a la banda de Navas y Ocampos. Son dos tipos incombustibles. El argentino regresaba al equipo de Lopetegui después de la ausencia ante el Chelsea. El técnico vasco decidió rotaciones que no le sentaron nada bien al Sevilla, que cedió el primer puesto de grupo en la Champions en su estadio. Alcanzar los octavos es cumplir un objetivo, pero perder por 0-4 es como mancharse el vestido de boda antes del "sí quiero". Contra el Madrid, no pudo arreglarlo.

El desequilibrio en el marcador llevó a Lopetegui al volantazo. Es un técnico muy intervencionista. Obligado ya a un cambio prematuro por la lesión de Munir en el primer tiempo, realizó un triple cambio y elevó la intensidad. Al regreso de Casemiro y el despliegue defensivo de Modric en los medios, se añadieron el Benzema más solidario, la mejoría de Varane y el buen tono de Nacho. Una 'chilena' de Ocampos, fácil para Courtois, fue lo más peligroso que había producido hasta entonces el Sevilla. Gudelj, de falta, y Suso se acercaron a igualar un partido que ya tenía dueño.

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