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Verano 2020: turismo de proximidad, hacia lo rural y por carretera

Después de tres meses confinados, sin más viajes que las visitas al supermercado ni más desplazamientos que los paseos por el barrio, el calendario se acaba imponiendo a la pandemia. El calor aprieta y avisa de que las vacaciones llegarán aún cuando esa ‘nueva normalidad’ aún no haya terminado de perfilarse. En el horizonte de la mayoría de territorios, el fin del confinamiento aparece a finales de junio -primeros de julio para los más rezagados- y el sector turístico se prepara para un verano atípico, pero tan verano como el que más.

Antes de que el coronavirus condicionara la vida, las empresas turísticas se esforzaban por conseguir el sello de calidad, la llamada marca ‘Q’. Ahora, el esfuerzo de los operadores será para lograr el certificado de Turismo Seguro, un distintivo que ha puesto en marcha el Instituto para la Calidad Turística Española (ICTE). El objetivo es implantar protocolos en toda la cadena de valor del sector turístico para asegurar que todas las opciones sean seguras.

“Creíamos que, en materia turística, bastaba con vender sol, playa, paisajes, monumentos históricos, fiestas…y nos encontramos ahora con que también, y fundamentalmente, hay que vender confianza, ligada a la seguridad y la salud”. Es una de las principales conclusiones del informe que la Asociación Española de Expertos Científicos de Turismo (AECIT) ha publicado en abierto para todas las partes interesadas del sector. 

Del coche al autobús

“Seguridad es la palabra clave ahora mismo para el turismo”, explica Luis Miguel Rondón, sociólogo y miembro de la Junta Directiva de AECIT. También en los medios de transporte disponibles. Y esa tranquilidad tiene un coste: más personal para tareas de desinfección o limpieza, con menos usuarios para asegurar las distancias de seguridad, además de auditores para controlar los protocolos de calidad. “El principal problema es el miedo colectivo, el miedo a moverse a lugares donde hay mucha gente junta”, explica el experto. Si algo ha calado sobre un virus que se combate con distanciamiento social es evitar las aglomeraciones. “El coche representa el espacio de confort de la persona, son variables que tú puedes controlar, sabes que no se ha montado nadie contagiado, tú controlas su higiene... Llevamos mucho tiempo confinados en el domicilio, hemos creado un espacio privado de confort, y el coche es una extensión de ello, mientras que en un transporte ajeno no tenemos esa sensación”. Sin embargo, más allá de la posibilidad de contagio por coronavirus, hay un peligro que sigue siendo una realidad: en 2018, según datos de la DGT, murieron 737 personas en accidentes de turismos o furgonetas, mientras que solo hubo 11 fallecidos en desplazamientos en autobús y ninguno en tren, metro o tranvía.

“Todos los medios de transporte hoy en día son bastante seguros, quizás algo menos el vehículo privado”, asegura Santiago Vallejo, vicepresidente de la Asociación Española de Profesionales del Turismo y director general de Movelia. “Si vamos a la facilidad, el autobús es el que presenta mayor capilaridad”, insiste. Porque todas las poblaciones con más de 50 habitantes están conectadas por una línea de autobús, a diferencia, por ejemplo, del tren.

Pero el estigma se ha creado. “La gente tiene miedo al avión, a los transportes colectivos”, insiste Rondón, por lo que es de esperar que el turismo de proximidad sea la opción más escogida estas vacaciones. Exceltur estima que, cuando caigan las medidas de confinamiento, los primeros desplazamientos se realizarán en vehículos privados para después hacerlo en transporte compartido como tren o autobús.  

Hace apenas unos días, el BOE publicó la normativa que regula la ocupación de los transportes y obligó a que en los autobuses y trenes no se puedan ocupar asientos contiguos, excepto si se trata de dos personas que conviven juntas. No ha ocurrido lo mismo con los aviones, que de momento tienen que garantizar la distancia de seguridad solo “si la ocupación del vuelo lo permite”, según indican las últimas medidas aprobadas por la Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea (EASA) y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC). Vallejo denuncia que el autobús “tiene las mismas medidas de seguridad que el avión”, con renovación del aire cada intervalo de tiempo, geles hidroalcohólicos, retirada de alfombrillas, obligación de mascarillas y limpieza con ozono, por ejemplo. “Es una medida populista”, se lamenta, porque con la ocupación limitada, para los autobuses “no es muy rentable el servicio”. En cualquier caso, las medidas tienen que estar en continua evolución: ahora mismo un conductor de autobús no puede medir la temperatura de los viajeros por motivos de protección de datos, y todo eso “se tendrá que flexibilizar”.

La vuelta de lo rural

“El turismo rural, que no necesita del avión, son lugares que las personas entienden como confort, seguridad, aire libre, naturaleza… Los entornos rurales están prácticamente a cero en contagios y fallecidos, y la gente tiene muy claro que las grandes concentraciones son peligrosas. Será una inyección para la economía y una oportunidad para recuperar esos espacios de esa España vaciada aprovechando también las buenas comunicaciones que existen”, insiste el experto. Aunque el reto aquí estará precisamente en proteger a esa población de los pueblos, más envejecida y de mayor riesgo, para evitar “el miedo al de fuera”.

Vallejo defiende que “el día que haya una vacuna todo esto pasará”. Tras el 11-S, los vuelos descendieron y hubo miedo a montar en avión. También cambiaron los controles de seguridad de los aeropuertos, que ahora ya son rutina. “La gente está deseosa de viajar, de salir. Hay gente con temor en salir al extranjero, pero de sus casas sí lo harán, aunque sea a la casa del pueblo”, sostiene Vallejo.

Para Rondón, es necesario que las autoridades políticas y administraciones reevalúen continuamente la situación. También porque la posibilidad de repuntes está ahí. “No va a ser la temporada de otros años, pero habrá turismo”, confía. “No el turismo de masas con paquetes de todo pagado, pero sí otro más reducido al que se le va a cobrar un poco más”.

Seguro… y barato

En 2018, último dato disponible, uno de cada tres hogares no podían permitirse irse de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año. Desde la crisis de 2008, el dato fue subiendo casi de manera regular hasta alcanzar un pico en 2013: casi la mitad de los hogares no viajaron por vacaciones. Porque la mayor preocupación son unas vacaciones seguras, pero los expertos advierten de que el parón económico obligarán también a que sean opciones baratas. Y en lo que a transporte se refiere, viajar en autobús es más económico que hacerlo por otros medios como el tren o el avión.

Para Rondón, el turismo ha demostrado “una gran resiliencia”. La crisis del 2008 ya lo golpeó con fuerza, pero “es un sector muy profesionalizado, cualificado y con mucha capacidad de reinventarse”. Este año las vacaciones más habituales serán por el interior. Pero, si se trata de verlo con optimismo, el segundo país más visitado del mundo y en el que el turismo es el sector que más riqueza aporta no parece una mala opción para disfrutar de los días de estío.

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