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Veinte años de la ola de atentados que aterrorizaron Moscú

“Parecía que había empezado una guerra, como si fuera el fin del mundo. En lo único que pensé fue en mi hijo, que tenía nueve años y estaba durmiendo en la otra habitación. Quedó cubierto de cristales”, explica una superviviente, Sofía, hoy de 62 años, junto al memorial de la calle Guryánova de Moscú, que recuerda lo que sucedió allí hace veinte años, cuando el edificio de enfrente se vino abajo de repente.

Fue el primero de los atentados terroristas de ese fatídico mes de septiembre. La bomba partió por la mitad un largo edificio de viviendas de nueve plantas justo en la medianoche del 8 al 9 de septiembre, cuando la mayoría de sus habitantes dormía. El ataque mató a un centenar de personas y 690 resultaron heridas, la mayoría en el edificio afectado, pero también en otros a los que golpeó la onda expansiva. Casi todas las víctimas eran familias de los trabajadores de la fábrica de automóviles Komsomol Lenin.

“Cada año se celebran oficios religiosos a las 12 de la noche del día 8. También por la mañana del día 9, ya que a muchos de los supervivientes les dieron un piso en otros barrios y no pueden venir a esa hora”, explica Ludmila Vólkina, una vecina de toda la vida de Pechátniki, un barrio obrero en el noreste de la capital rusa, que trabaja adecentando la capilla cercana, construida en el año 2000 para dar consuelo en esta tragedia.

“Yo vivo cerca de los cines Tula (dos calles paralelas) y cuando oí la explosión creí que algo había ocurrido en el metro. Luego lo vi por la tele. No pude acercarme los primeros días. Tenía miedo de salir a la calle”, confiesa.

El atentado de la calle Guryánova no fue el único. El 13 de septiembre una potente explosión destruyó otro edificio de apartamentos en la carretera de Kashírskoye, al sur de Moscú, matando a 124 personas. Las dos tragedias de la capital rusa se produjeron días después de que una bomba colocada frente a un edificio en Buinaksk (Daguestán) matase a 64 personas el 4 de septiembre. Y el día 16 se produjo otra explosión en Volgodonsk (Rostov), con 17 muertos.

“Fue como el fin del mundo. Cuando bajéa la calle me quedé en estado de shock ”, relata una superviviente

Las autoridades rusas culparon de los atentados al “terrorismo internacional instalado en Chechenia con la connivencia de los poderes oficiales de Grozni”, explicó el jefe del FSB, Nikolái Pátrushev. Vladímir Putin, que había sido nombrado primer ministro semanas antes por el presidente Borís Yeltsin, vinculó las bombas a Osama bin Laden.

El ataque contra la población inocente se unió a otros argumentos para enviar el ejército a recuperar Chechenia, que tras la primera guerra (1994-1996) vivía en una especie de independencia provisional. La contundente victoria del ejército ruso sirvió al desconocido primer ministro para consolidarse en el poder. Yeltsin dimitió en la Nochevieja de ese año y Putin ganó sus primeras elecciones presidenciales tres meses después.

Sofía ha traído flores al monumento. Su ofrenda se une a ramos de claveles, algunos peluches y varios mensajes dirigidos a los inocentes que perdieron la vida. “Bajamos como pudimos a la calle desde el cuarto piso y allí vi toda esa tragedia. La gente pidiendo ayuda, ensangrentados. Durante mucho tiempo estuve en estado de shock. Había perdido a mi amiga Maya, que vivía en el quinto piso. Cayó por la ventana por la fuerza de la explosión... Se iba a casar”, explica.

La Fiscalía acusó a un grupo islamista de Karachayevo-Cherkessia, en el norte del Cáucaso, de ejecutar los atentados. Y dos hombres, Yusuf Krymshamkhalov y Adam Dekushev, fueron condenados en el 2004 a cadena perpetua. Según la versión oficial, la ola de atentados la ordenaron los líderes independentistas Jattab y Abu Umar, muertos años después en combates con las fuerzas rusas.

Pero aún hay preguntas sin responder. Las teorías de la conspiración surgieron después de que el 23 de septiembre unos vecinos de Riazán vieran hombres que llevaban sacos al sótano de su casa. Primero se dijo que contenían explosivos, pero luego se aseguró que era azúcar y Pátrushev dijo que se trataba de unos ejercicios de entrenamiento con una falsa bomba.

“El Estado nos dio ayuda material y otro piso. Pero nunca podremos olvidar lo que ocurrió, aunque pase todo el tiempo del mundo. De vez en cuando sueño con Maya, como si ahora fuera en el metro, toda alegre, con un vestido de boda”, recuerda con tristeza Sofía.

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