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Vecinos al rescate del edificio de Antonio Lamela en Málaga

Se levanta desde principios de los años 70 entre el cemento masificado del barrio de La Malagueta, icono inconfundible del urbanismo de la época. 16 plantas en vertical que pasan inadvertidas a los ojos de la inmensa mayoría de los mortales que pasean por el Paseo Marítimo de Melilla. No son muchos los capaces de reconocer la valía de este bloque de viviendas, diseñado por el urbanista Antonio Lamela, que encierra en su interior una joya arquitectónica, su portal, que acaba de ser protegido por la Junta de Andalucía.

Pero la decisión final adoptada por la Administración regional, con la inscripción del inmueble en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, tiene su origen en la lucha y pugna de unos pocos para revertir una situación que parecía imparable. Como si se tratase del efecto de una piedra cuando cae en un estanque, las primeras ondas provocadas por el movimiento de varios vecinos y arquitectos, acabó derivando en una reclamación más amplia y sólida para demandar a la Consejería de Cultura una salvaguarda ya formalizada.

Marina Benavides es una de las protagonista de esta historia. Pero no la única. En 2015 acudió al edificio para ver un piso en alquiler. El impacto que el causó fue tal que no dudó un momento. "Dije que no quería mirar más, que era el que quería", recuerda haber expresado. Algunos años más tarde pasó de ser inquilina a propietaria. Y justo en ese momento fue cuando tuvo conocimiento de que la comunidad de propietarios tenía la firme intención de acometer una profunda reforma del portal, una decisión que fue adoptada por unanimidad.

A contrarreloj, esta interiorista y amante de la arquitectura y del arte, puso en marcha, junto a especialistas como Concha Estrada, un movimiento que acabó llegando al Colegio de Arquitectos, a la Academia de Bellas Artes de San Telmo, al Docomomo… "Intentamos que la gente conociese el valor de la arquitectura de Lamela", explica ahora, cuando el recorrido ha concluido.

Marina reconoce que para quienes llevaban 30 o 40 años pisando el mismo gresite geométrico, viendo la estructura llena de curvas, tocando los buzones colgantes de madera, podía ser difícil entender la riqueza de todas estas piezas. "Es verdad que es una entrada vieja, pero tiene unas paredes curvadas maravillosas, una luz preciosa, un suelo artesanal y cuando te dicen que van a quitar eso para poner papel pintado se te cae el alma a los pies", lamenta.

El paso inicial tuvo continuidad con escritos que desde el Colegio de Arquitectos, desde la Universidad, desde la Academia de San Telmo llegaron a la Junta y a los vecinos con el objetivo de frenar el proyecto de reforma. Incluso, esta vecina rememora con satisfacción el primer contacto con tuvo con el estudio Lamela, fundado por Antonio y ahora en manos de su hijo, Carlos. Un apellido que décadas después vuelve a ser protagonista de la realidad de Málaga. Las tres torres de 21 plantas proyectadas en el litoral oeste, el diseño del que será el tercer hospital de la Costa del Sol llevan esta firma.

"Ese contacto fue crucial; hablé con una secretaria y como media hora después quien me llamó fue el hijo de Antonio Lamela; incluso me ofreció hacer un proyecto gratis de rehabilitación del portal", valora. Las acciones, sin embargo, no lograron frenar el interés de una mayoría de residentes por transformar la entrada.

Sin embargo, la suerte fue una aliada. La falta de un permiso para poder arrancar los trabajos demoraron los plazos el tiempo suficiente para que hubiese un primer pronunciamiento de la Delegación de Cultura en Málaga fijando las bases de la protección. "Fue un milagro que el procedimiento haya sido más rápido de lo que es habitual", confiesa.

Daniel Rincón es arquitecto. Era vocal de la junta del Colegio de Arquitectos cuando comenzaron las primeras acciones para salvar el portal de Lamela. "Es muy satisfactorio lo ocurrido pero esto nos debe servir de lección a todos", confiesa. Aunque pone el acento el colectivo de arquitectos. "Cuando se destruye una parte de nuestro patrimonio es en parte porque como colectivo no hemos hecho bien nuestra labor; tendríamos que tener la capacidad de comunicar el valor que tienen determinados edificios y quizás es algo que no hacemos lo suficiente", señala como autocrítica.

En una sentida explicación, Daniel pone en valor la arquitectura de Antonio Lamela, destacando su apuesta por la arquitectura suspendida, por la manera en que distribuía el interior de las viviendas. "Fue pionero en muchas cosas que van más allá de la arquitectura; tuvo una capacidad y una visión empresarial que aún hoy son raras", reconoce. "Su apuesta era por una arquitectura con lógica, adaptada a la sociedad y con la que incluso trataba de anticiparse a sus necesidades", añade.

En el caso del portal de Melilla, 31, que era la localización original del edificio, enfatiza que es "testimonio de la época en la que se construyó", subrayando la manera en la que fue resuelto desde el punto de vista funcional. "Consigue alcanzar unas cotas de belleza bastante interesantes y ha aguantado con mucha dignidad el paso del tiempo, que es una de las mejores cosas que se pueden decir de un edificio", apostilla.

Mucho de esto tuvieron que ver los técnicos de la Junta cuando validaron la petición y optaron por su protección. El acuerdo, publicado hace pocas semanas en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA) ensalza esta construcción como "exponente de una arquitectura contemporánea de indudable calidad y armonía".

Destaca que en el mismo se desarrolló un programa residencial "caracterizado por la claridad y depuración compositiva, la liberación de los espacios de la planta baja, que favorecen la diafanidad en relación con los postulados del Movimiento Moderno, así como el fomento de la plástica de los elementos constructivos, con un especial énfasis en los pilares escultóricos de hormigón visto, que sostienen y elevan el edificio sobre el nivel del frente costero y el tratamiento de fachada".

Y pone el acento en el portal, "un ejemplar único en el que se aplican las referidas estrategias compositivas del edificio, llegando a conseguir unos espacios de gran calidad arquitectónica y ambiental, caracterizados por la diafanidad, el tratamiento envolvente de los paramentos mediante módulos de material cerámico, mobiliario integrado, empleo de la madera en color natural, e interesantes juegos de iluminación directa-indirecta".

"En este diáfano vestíbulo caben destacar dos soluciones: el uso de la luz y la elección de materiales. Se aprovecha al máximo el sol de Málaga a través de ventanales en los muros que delimitan las fachadas principales, bien a través de ventanas horizontales, bien a través de su sustitución total por vidrio", se añade.

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