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Un señor piloto con 13 años

Gil Membrado, un señor piloto con 13 años

Tiene sólo 13 años -los cumplió el 25 de octubre-, pero ya casi iguala en estatura física a su padre, Pep Membrado (diez veces campeón autonómico de rallies). "Pegó el estirón durante el confinamiento, ha crecido una barbaridad en poco tiempo", apunta Mercè, la madre, mientras el chaval le ayuda a preparar el desayuno, estableciendo inconscientemente un paralelismo con la carrera automovilística del susodicho: su hijo Gil. Un niño oriundo de Osona, la comarca de Cataluña más arraigada al mundo del motor -donde se forjaron, entre otros, Zanini, Bassas o Crivillé-, que, en poco tiempo, ha evolucionado al volante a una velocidad frenética; hasta el punto que, a pesar de su corta edad, ha puesto ya la directa para convertirse dentro de poco en el piloto español más joven al volante de un coche de rallies.

Una especialidad donde, tradicionalmente, lo habitual era iniciarse a partir de los 18, al aprobar el carnet de conducir. O, como mucho, a los 16, en países como Finlandia o Gran Bretaña -como ocurre ahora también en España-. Pero todo ha cambiado desde que, a principios de la pasada década, Harri Rovanperä (otrora rival de Carlos Sainz) obtuvo el beneplácito de la federación letona para que su hijo Kalle, el Max Verstappen de esta especialidad -actualmente, compañero en Toyota del heptacampeón Ogier-, se asomara a los tramos con 11 abriles, cediendo el volante al copiloto durante los trayectos por carretera abierta.

Gil Membrado, sobre su coche/FOTOESPORT

Un caso sin precedentes, que puso la semilla de la que ha emergido este nuevo paradigma de piloto de rallies, que encarna también el hijo del campeón del Mundo de 2003, Oliver Solberg -inscrito al Arctic este fin de semana, por primera vez con un WRC de Hyundai-; y en el que, por añadidura, se inspira también el pequeño Gil, quien, al igual que sus precursores nórdicos, nació con genética de piloto, y un volante entre las manos.

"Le regalamos un coche de batería, y yo alucinaba... Casi no sabía andar y ya lo llevaba a fondo todo el día, le veías cómo intentaba ponerlo de lado por el jardín de casa", recuerda divertido Pep, el padre, que, además de sentarlo en su regazo, dentro del coche, para dejarlo manejar el volante alguna que otra vez, cuando apenas levantaba aún dos palmos del suelo, enseguida llevó al crío a un circuito al confirmar que, realmente, se pirraba por la gasolina.

Gil tenía sólo tres años la primera vez que se subió en un kart. Ese día, pasó de ser hijo único a conocer a su hermano mayor, Dani Balasch, pupilo hace 20 años del Carlos Sainz Júnior Team, instructor de conducción de la escuela del RACC, y profesor particular del hijo de Membrado, que, a diferencia de muchos progenitores, delegó por completo en él desde el principio la formación deportiva de su vástago.

Gil Membrado, en su kart/FOTOESPORT

"Es muy bonito ver cómo el niño va evolucionando. Siempre hemos hecho lo que él nos pide, si damos algún paso grande es porque se ha demostrado capaz, por su actitud al volante y sus resultados, también en la escuela, que, como siempre le decimos, tiene que ser su prioridad", explica Balasch a cuenta de su alumno aventajado, cuya vocación deportiva despertó definitivamente en el campus de Alonso, donde hizo dos cursillos de verano que le animaron a disputar el Campeonato de Asturias de Karting, en el que se alzó subcampeón. "Ganó una carrera a la que asistió Fernando, y vino a felicitarlo", añade Balasch.

Gil Membrado, dentro de su coche/FOTOESPORT

Su primer título lo consiguió en el Open RACC; pero, aunque los karts no se le daban nada mal, Gil rápidamente pidió probarse en tierra. "Es la superficie que más me llama la atención, nací viendo a mi padre correr rallies, me apasiona y quiero dedicarme a ello", afirma con certidumbre el chico. Le tuvieron que adaptar el asiento para que una tarde, en el circuito del ex mundialista Xevi Pons -también de Osona-, se subiera por primera vez a un coche con barras.

Desde entonces, ha probado de todo; hasta un R5 como los que disputan el Nacional o el WRC2... Pero con lo que entrena cada semana, en una pista que le ha diseñado Balasch dentro de la finca de un amigo de la familia, es con un Citroën C2 Proto, que alberga la mecánica del mítico Mitsubishi Lancer; o a bordo de un carcross, especialidad en la que se proclamó campeón de España júnior el pasado año, emulando al tetracampeón nacional de rallies Pepe López, o al campeón del Mundo júnior Jan Solans. Ambos, protegidos de Sainz, como en su día Balasch, que ya ha presentado a Gil al mánager histórico del Matador, Juanjo Lacalle, con el que el crío mantiene un contacto habitual.

Gil Membrado, junto a su coche/FOTOESPORT

Admirador de Carlos padre e hijo, y también de Ogier, Gil ha causado sensación en las GSeries de Andorra, donde se ha batido con pilotos que le duplican la edad, caso de Cohete Suárez o los hermanos Solans, proclamándose subcampeón dos años consecutivos. Un logro que le ha reportado el apoyo de Michelin. Actualmente, su vida transcurre entre el instituto -donde cursa 2º de ESO, y comparte recreo con el hijo de Nani Roma-, las partidas que echa con sus amigos al Fortnite, clases particulares de inglés -su asignatura favorita-, y los entrenamientos que le marca Dani, también en materia de notas.

Gil, con el redactor de MARCA/FOTOESPORT

A partir de mayo, el calendario del chico, definitivamente, se va a acelerar. Ya tiene el beneplácito de la federación española -que le ha becado además para correr el Europeo de carcross, dentro de una monomarca gestionada por Thierry Neuville- y la documentación que le permitirá salir a Letonia, acompañado por uno de los copilotos españoles más bregados, Rogelio Peñate. El mismo que gestionó en 2017 el estreno precoz de Raúl Hernández, un joven lanzaroteño que debutó allí -con bandera local, impuesta por reglamento- a los 15 años, siendo el piloto español más joven hasta la fecha. Un récord que le va a arrebatar Gil cuando, dentro de poco, se enfrente a su primer tramo, con la ilusión de ser el día de mañana una futura estrella como las que admira cada año en el Cataluña.

"Es un piloto muy centrado, tiene mucho feeling con la mecánica y es muy exigente, quiere que todo funcione a la perfección y se baja siempre del coche con una sonrisa. Ha hecho mucho, pero aún le queda muchísimo más. Lo mejor es que el futuro va a depender de él", asevera Balasch, la persona que, además de sus padres, mejor conoce dentro y fuera del coche a Gil. Un piloto adelantado a su tiempo, el mismo que se va a encargar de dictaminar hasta dónde será capaz de llegar.

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