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Un Sabonis para el All Star

Mientras se entrenaba en Los Ángeles durante el verano de 2018, un joven Domantas Sabonis (Portland, 1996) coincidió en la cancha con varios jugadores de los Lakers que le pidieron que se uniera a ellos para jugar un partidillo. El lituano, uno de los jóvenes talentos que habían irrumpido en la NBA sin mucho ruido, no solo aceptó la invitación, sino que se convirtió en el mejor del encuentro. De largo. Tanto dolió la actuación del pívot de los Pacers que, al día siguiente, uno de los que le esperaba para jugar era LeBron James. Palabras mayores. Junto a él, el resto de los jugadores de los Lakers que habían sido «humillados» y que, de la mano de su líder, recuperaron parte del orgullo perdido. Hundido por la derrota, lo primero que hizo Sabonis fue hablar con su entrenador personal para programar una nueva sesión esa misma noche.

Hay jugadores que no saben lo que es una pachanga entre amigos. Deportistas que viven cada partido como si fuera el más importante de su vida y Domantas Sabonis es uno de ellos. Ese carácter ganador lo mamó en casa desde que era un niño. Su padre Arvydas, leyenda del baloncesto europeo, le inculcó esa ambición y la ética de trabajo. La que le ha llevado a ser uno de los mejores pívots de la NBA en su cuarta temporada en la liga.

«Domantas es el alma y el corazón de los Pacers», reconocen sus compañeros, a los que se ha ganado a base de esfuerzo. Porque a pesar de ser el hijo de miembro del Salón de la Fama, la carrera del pívot no ha sido fácil. Criado en Torremolinos, donde vivía junto a su familia, aprendió a meter sus primeras canastas en la cantera del Unicaja. De ahí pasó al baloncesto universitario estadounidense, donde fichó por Gonzaga antes de dar el salto a la NBA. Apenas jugó en los Thunder, de donde salió traspasado a los Pacers. En Indiana se ha ido ganando un sitio hasta convertirse en el referente del equipo. «Es el motor del ataque. Un jugador total, que puede lanzar desde lejos del aro, bajar la pelota al suelo y hacer jugar a sus compañeros», explica Billy Donovan, técnico de los Thunder, sorprendido por su rápido crecimiento.

«Me siento con más confianza y eso es muy importante en mi juego», señala Domantas, que en 40 partidos promedia esta temporada 18 puntos, 13 rebotes y más de 4 asistencias. La pasada madrugada, el joven pívot de los Pacers logró su primer triple doble (22 puntos, 15 rebotes y 10 asistencias), algo que su padre nunca pudo lograr en los siete años que jugó en la NBA. «El único consejo que me da mi padre es que me cuide», reconocía el año pasado en una entrevista en ABC. Un consejo que sigue a rajatabla, pues es un obseso del entrenamiento físico y de la nutrición.

Un pívot moderno

El único «pecado» que comete con su alimentación es con la pasta. Le encanta la comida italiana, sobre todo los espaguetis con trufa, a los que se rinde habitualmente tras una jornada de entrenamientos, pero siempre fuera de temporada. En esas semanas que suele pasar en California preparando el curso y en las que aprovecha para trabajar técnica y físicamente. «Este verano he mejorado en todo. Es algo inevitable, porque los tiempos para los hombres altos están cambiando. Ahora todos debemos lanzar a canasta desde lejos, subir la pelota y distribuir el juego. Creo que todo esto hace más interesante el juego», reconocía en unas declaraciones a la página oficial de la NBA durante un viaje a la India, donde este verano disputó dos partidos con los Pacers.

Ayer acababa el plazo para votar a los titulares del All Star -se harán públicos el jueves-, entre los que no estará Sabonis a pesar de ser uno de los más votados por los aficionados. Su lucha y sus opciones pasan por ser uno de los 14 suplentes que eligen los entrenadores de cada equipo. Su buena temporada lo merece. Sería el primer Sabonis en el Partido de las Estrellas, pues aunque su padre lo mereció, nunca logró disputar uno.