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Un fuego del siglo XV, la pista que lleva a Ansite

G. Florido / las palmas de gran canaria

Los restos de cenizas que dejó un pequeño fuego dentro de una construcción prehispánica y en la cima de Amurga, en mitad de la caldera de Tirajana. Esta pista, datada por el carbono 14 en el siglo XV, es decir, en los años en que se produjo la conquista de la isla por los castellanos, hace pensar a los arqueólogos de la empresa Tibicena en la posibilidad, un tanto romántica, de que ese «fuera el último fuego que dio calor a los indígenas antes de su rendición, en una noche fría de abril» de 1483. Quien así se expresa es Marco Moreno, arqueólogo y, a la vez, gerente de Tibicena, quien, además, lleva años tratando de romper con el mito de que el yacimiento de La Fortaleza es el Ansite donde las crónicas ubicaron el último bastión de la resistencia aborigen frente a los invasores. Su tesis pasa por situarlo en Amurga y esta pista del fuego no hace sino llevarlo en esa misma dirección. Por si ya no fuera suficiente, y esto sí está constatado, esa hoguera fue la última que se realizó en esa estructura habitacional de piedra.

A su juicio, ubicar Ansite en La Fortaleza fue una interpretación errónea de Vicente Sánchez Araña, entusiasta de la arqueología y de la historia aborigen que reunió una gran colección de piezas vinculadas a los antiguos canarios. «La documentación del siglo XVII habla de Insitio o Ansitio, en alusión -entiende Moreno- a Los Sitios», un pequeño pago de Santa Lucía de Tirajana situado a media ladera del Macizo de Amurga. «Parece claro que la rendición se pudo producir en esa zona». Sin embargo, él mismo advierte de que las fuentes etnohistóricas dicen «que cuando los indígenas se rindieron, bajaron con Arminda», por lo que cabe interpretar que estaban en un lugar elevado. Si se da por buena la tesis de Los Sitios, y es sabido que sobre este enclave solo está la Fortaleza de Amurga, las piezas encajan. Es más, desde Amurga baja un camino al interior de la caldera.

Pero es que este descomunal promontorio rocoso que se yergue sobre la caldera de Tirajana no solo cabe vincularlo con Ansite, o así lo sostiene Marco Moreno. También con Umiaya, el mítico territorio consagrado de los aborígenes del que se habla en las crónicas y de cuya ubicación concreta no se tiene constancia. Tiene claro que Amurga y La Fortaleza constituyen el centro ritual más antiguo que está documentado para Gran Canaria porque hay dataciones en uno y otro espacio que son anteriores al siglo X, etapa de la historia para la que durante años hubo un absoluto vacío. Casi ninguna datación era anterior a esa fecha. Así las cosas, para Moreno «no puede ser casualidad que la mayoría de las dataciones disponibles en la caldera sean previas al siglo X», lo que le lleva a afirmar con rotundidad que «en los tiempos primitivos del poblamiento insular la caldera de Tirajana fue un lugar preeminente y consolidado poblacionalmente». La Fortaleza, que estuvo ocupada durante más de 1.000 años, la Fortaleza Chica, la Montaña de Las Huesas y Amurga marcan fechas que van desde el siglo V al IX. Todas las evidencias apuntan pues en esa dirección. Fueron la primera gran obra colectiva de los antiguos canarios, lugares de congregación y peregrinación del enclave ritual más antiguo de Gran Canaria.

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