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Un espejo para las niñas gitanas

Te gusta tu trabajo?. «Me encanta», responde sin dudar un segundo Flora Muñoz Salazar. Tiene 24 años, es técnica de intervención social en la Fundación Secretariado Gitano y su historia, a la que aún le quedan muchos capítulos por escribir, es ya un círculo perfecto, un espejo al que se miran niños y adolescentes que hoy son la niña que ella fue.

«Mi primer contacto con la Fundación –recuerda– fue siendo muy pequeñita, como participante en el programa educativo Promociona». Una iniciativa que tiene un objetivo bien delimitado: «que todos los jóvenes gitanos terminen con éxito la ESO (Educación Secundaria Obligatoria) y continúen estudiando, reduciendo así el abandono escolar temprano». Así lo explica la propia entidad, en una definición que podría completarse poniendo al lado una foto de Flora y un resumen de su vida. Tras pasar por ese programa, la joven completó en Badajoz el ciclo superior (dos cursos) de Formación Profesional de Promoción de Igualdad de Género, hoy es alumna de primero de Psicología en la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) y trabaja para la Fundación Secretariado Gitano. Lo hace en varios frentes, uno de ellos captando a jóvenes para que participen en programas como el Promociona, aquel para el que la reclutaron a ella hace más de una década.

«El hecho de ser una gitana igual que ellos, de haber estudiado y seguir haciéndolo, me otorga algo así como un plus de credibilidad a sus ojos, en cierto modo me tienen como un referente, y esto me ayuda a captar alumnos para los programas que les proporcionan herramientas en el ámbito de la educación y el empleo, entre otros». «Trabajar con gitanos siendo gitana facilita algunas cosas –amplía–. Yo conozco las necesidades que tiene mi pueblo, y creo que esto hace que la comunicación entre nosotros sea fluida».

De niña fue alumna de un programa formativo de la Fundación Secretariado Gitano y ahora trabaja en esta entidad

De hecho, su trabajo consiste fundamentalmente «en hacer de mediadora entre la población gitana, que es con la que trabajamos principalmente, y la Fundación», sitúa la joven. «Les doy a conocer los programas y actividades que desarrolla la Fundación, intento captar nuevos participantes para las iniciativas en educación o empleo, y en el ámbito social, ayudo a las familias de distintas maneras, por ejemplo con la tramitación de pensiones de viudedad o ahora con las solicitudes para percibir el ingreso mínimo vital».

En lo que tiene que ver con la reducción del absentismo escolar y el abandono temprano de las aulas, uno de los pilares es el programa Promociona, que ella conoce bien. «Está dirigido a niños y niñas desde quinto curso de Primaria hasta cuarto de la ESO, proporciona clases de apoyo y cuenta con un orientador educativo y una maestra», detalla Flora Muñoz. «Tenemos también –continúa– otro programa, el socioeducativo, que está financiado por la Junta de Extremadura y se centra en los más pequeños, proporcionando becas para material escolar, ropa o gafas, proporcionando a las familias un apoyo integral».

La formación

En el ámbito del empleo, una de las bases es el programa Acceder, que procura formación en distintos campos. La aparición de la covid-19, con las limitaciones que impone para la enseñanza presencial, está dificultando el desarrollo de algunas acciones en este campo, pero recientemente se ha celebrado en Don Benito, donde ella trabaja, un curso de instalador para plantas fotovoltaicas. «La orientación laboral o la búsqueda de empresas en las que los alumnos puedan hacer prácticas son algunas de las actuaciones que incluye este programa de la Fundación Secretariado Gitano», añade Flora Muñoz, que de pequeña quería ser maestra.

«Me gusta mucho ayudar»

«Luego me decanté por los temas sociales porque me gusta mucho ayudar a la gente», explica la joven, que agradece «el apoyo que siempre he recibido por parte de mi familia». «Mis padres (trabajan como vendedores ambulantes), que no tuvieron las oportunidades que yo he tenido ahora, siempre me han animado a seguir hacia adelante, a prosperar, y me han ayudado en todo lo que han podido», agradece la joven, que cree que la Fundación es «bien vista por los gitanos porque comprueban que estamos a pie de calle, nos ven –apunta– como algo cercano y pueden ver que nos involucramos en todo lo que podemos».

Queda, eso sí, mucho camino por recorrer. «Yo siempre digo que las generalizaciones, los estereotipos y los prejuicios no son buenos, y minan a la sociedad actual», reflexiona Flora Muñoz. «Ser gitano o gitana no conlleva no estudiar y no prosperar laboralmente –abunda–. Ser gitano o gitana es seguir una cultura, un sentimiento, una forma de vida, una lengua, unos valores, pero no te predestina a no poder estudiar y trabajar en lo que te guste. Lo que cada uno sea en la vida dependerá de cada uno. Teniendo claro también, no podemos ocultarlo, que no todos tenemos las mismas oportunidades, algo que es cierto lo mismo para gitanos que para no gitanos».

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