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Un Barça tierno sucumbe ante el Madrid

Una media hora fatal condenó al Barça en el primer clásico del silencio, el de la ausencia de público. Una media hora en la que el VAR cayó, de nuevo, del lado blanco y en la que el conjunto blaugrana no supo levantarse. S egunda derrota consecutiva en el campeonato, tercera jornada sin ganar y el equipo de Koeman que queda a seis puntos del Madrid, aunque con un partido menos. El Barcelona compitió hasta que el colegiado revisó una caída de Sergio Ramos en el área y consideró que Lenglet le había agarrado de la camiseta con la suficiente fuerza como para decretar penalti. Bien pudo apreciar también empujoncito previo del defensa blanco pero ya se sabe que, ante la duda, la moviola arbitral acostumbra a favorecer al Madrid. No fue una excepción en el Camp Nou.

Pero más allá de una acción que resultó importante cabe criticar al Barça, que no tuvo el carácter necesario para rehacerse. Le faltaron brío, fuelle, con un Messi de bajón en el tramo final, e ideas. También en el banquillo, donde Koeman quedó petrificado entre protestas y no hizo ningún relevo hasta el minuto 81. El Barça se levantó tras el primer zarpazo blanco, de Valverde, con un gol de su ángel Fati, pero después enseñó demasiadas costuras y Ramos, en el relatado penalti, y Modric dieron el triunfo a los de Zidane. El Madrid, que venía muy tocado al coliseo blaugrana, no necesitó hacer demasiado para imponerse y para salir recuperado de un encuentro que, visto lo visto, llegó demasiado pronto para un Barça tierno.

La polémica

Martínez Munuera revisó la acción y señaló el agarrón de Lenglet a Ramos pero pudo existir empujón previo del madridista

Pese a la zozobra permanente en la que vive el club bien harán Koeman y sus pupilos en ser fuertes y mantener la fe, empezando por el miércoles en Turín. El Barcelona se las prometía mucho mejor, desde la alineación, sobre todo para todos aquellos cansados de ver siempre a los mismos cromos. Koeman aseveró en la víspera que no iba a mirar el carnet de identidad a la hora de confeccionar su alineación y cumplió con sus palabras. Apostó por la juventud, por poner en su once a dos menores de edad, Fati y Pedri, y a un tercer elemento de menos de 20 años, Dest, que por fin podía jugar como lateral derecho. Los sacrificados fueron Sergi Roberto y, sobre todo, Antoine Griezmann, que no jugó ni un minuto en la Champions y que ante el Madrid se volvió a quedar en el banquillo.

Al técnico holandés lo han fichado para que sacuda el árbol de la plantilla y no pierde oportunidad de hacerlo. El asunto no era baladí. Se trataba de un clásico, de un partido de altos vuelos frente a un Madrid herido, que se presentó con un equipo esperado, salvo por la inclusión de Marco Asensio en detrimento de Modric. Los ingredientes eran fantásticos pero faltaba el alma, el público, el latido del Camp Nou. Vacío no es lo mismo. Pero los futbolistas se aplicaron como si hubiera seguidores. Porque la media hora inicial resultó entretenida, con dos estilos marcados.

Los goleadores

Fati marcó para los barcelonistas mientras que por el bando blanco vieron puerta Valverde, Ramos y Modric

El Madrid se decantaba por el orden con el balón, con posesiones largas, por subir líneas de manera acompasada y por no descoserse para no dejar latifundios defensivos como en sus anteriores partidos. El Barça quería en cambio transitar rápido por el centro del campo y llegar pronto arriba para aprovechar el vértigo de Ansu Fati, incrustado en la posición de nueve, y el despliegue por la izquierda del reaparecido Jordi Alba. No renunciaban los barcelonistas a la presión, con mucho trabajo en esta faceta de un abnegado Coutinho y de De Jong. pero no le hacía ascos el equipo blaugrana al repliegue, a recogerse unos metros en su campo para salir rápido, con Messi en la mediapunta tratando de lanzar a sus compañeros.

Sin embargo, el que dio primero fue el Madrid en una acción rápida y demasiado fácil. Nacho encontró a Benzema, que se retrasó unos metros para levantar el periscopio. El francés, que casi siempre se luce en el Camp Nou, atisbó el desmarque de Valverde, que dejó muy atrás a Busquets. La zaga del Barça no cerró bien y el uruguayo se plantó dentro del área y batió de tiro cruzado a Neto. Se ponían las cosas feas para los de Koeman. Pero, al igual que contra el Sevilla, el Barcelona reaccionó pronto. Coutinho, por la izquierda, asistió en profundidad hacia Jordi Alba, que centro hacia el eje del área. Por allí se internó como una centella Fati para superar a Sergi Ramos y desviar el balón a la red. Empate barcelonista muy necesario y toque mágico de Ansu, de nuevo decisivo, convertido en el futbolista con más pólvora del equipo.

La apuesta

Koeman, que tardó demasiado en hacer cambios, apostó por Dest y Pedri en detrimento de Roberto y Griezmann

El 1-1 descolocó por momentos al Madrid pero siempre dentro de un escenario con alternativas. Como ejemplo lo que ocurrió en un minuto en el que pudieron marcar tanto el Barça como el equipo madridista. Las dos oportunidades resultaron cristalinas. Fati habilitó a Messi, que rebasó con facilidad a Sergio Ramos y remató con la derecha. Su chut transportaba el aroma del gol pero apareció Courtois con una mano salvadora al primer palo. Sin tiempo para respirar el Madrid armó un contragolpe en el que Kroos centró hacia Benzema. Neto se encargó de desbaratar el remate del delantero. Aunque no era un partido desbocado sí resultaba dinámico y emocionante. Un encuentro equilibrado, que bien pudo desnivelar el Barcelona en la reanudación.

Ese, el principio de la segunda parte, fue el momento que debieron aprovechar los blaugrana para imponerse porque volvieron de los vestuarios con nuevos bríos. Ese ímpetu le llevó a instalarse en el campo del Madrid. Como en una acción en la que Messi combinó con Fati. El argentino esperaba el balón de vuelta pero Ansu se la jugó con un tiro demasiado cruzado. Aunque para oportunidad la que tuvo Coutinho a centro del propio Fati. El brasileño, con todo a favor para encontrar portería, remató fuera. Messi se llevaba las manos a la cabeza en un gesto premonitorio. En ese instante parecía que la victoria barcelonista estaba más cercana que la madridista pero todo cambiaría con el referido penalti señalado a Lenglet sobre Sergio Ramos.

El perdón

El Barcelona perdonó dos ocasiones claras antes de que el Madrid metiera el 1-2 que desniveló el encuentro

A partir de aquí el Barça perdió los papeles. Quedó paralizado, tanto en el campo como en la banda. Koeman tardó demasiado en tomar decisiones y no introdujo un triple cambio hasta el minuto 81, cuando dio salida a Dembélé, Griezmann y Trincao. Después aún entraría Braithwaite a la desesperada. Pero el Barcelona sólo había hecho que acumular delanteros y había perdido el orden. Un terreno que ni pintado para que el Madrid se hartara a devorar espacios. Sólo las paradas de Neto, dos a remate de Kroos y otra frente a Sergio Ramos, impidieron que los de Zidane sentenciaran antes. Al final fue Modric el que metió el tercero tras sortear al vendido portero azulgrana. El Barça y el VAR reactivaron a un Madrid que se recupera en el Camp Nou, una plaza en la que Zidane no conoce la derrota como técnico. El proyecto de Koeman todavía está en pañales.

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