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Todos contra Ayuso: así enfocan los partidos la recta final al 4-M

Los partidos han adelantado unas horas la 'pegada de carteles', por el toque de queda, y entraron de lleno en una campaña en la que Isabel Díaz Ayuso parte como clara favorita para imponerse con rotundidad, si se cumplen las encuestas. El 'efecto Ayuso' está llevando al Partido Popular en volandas a las urnas, donde podría obtener una mayoría suficiente para gobernar, aunque en este momento necesitaría los votos de Vox para la investidura. Su antiguo socio de coalición, Ciudadanos, se enfrenta al drama de quedarse fuera de la Asamblea de Madrid, si no alcanza la barrera mínima del 5 por ciento de los votos, mientras que Vox intenta frenar el trasvase de votos al PP.

El centro-derecha, con el voto más concentrado, tiene más papeletas para imponerse a la izquierda y dar la vuelta al marcador de las elecciones de mayo de 2019, en las que ganó el PSOE. Los socialistas, con Gabilondo como candidato, no consiguen frenar el ascenso de Ayuso, ni siquiera copiando algunas de sus propuestas, y Pedro Sánchez ha optado por entrar de lleno en la campaña, lo que ha convertido las elecciones en una batalla entre Ayuso y él. Por la izquierda, Pablo Iglesias ha logrado salvar a su partido, que estaba en peligro de extinción en Madrid, pero no consigue ganar terreno a la formación de Errejón.

Ayuso y Casado unen su suerte en unos comicios de trascendencia nacional

El Partido Popular ha elegido esta tarde la plaza de Salvador Dalí, que es como jugar en casa, para la apertura de una campaña que afronta con tendencia al alza. Las encuestas internas que manejan en Génova indican un crecimiento sostenido de la candidatura de Ayuso, pero sin llegar a la mayoría absoluta. El objetivo de los populares es poder gobernar en solitario, sin la atadura de una coalición con ningún partido, para poder aplicar así su programa sin cortapisas. Su intención es lograr una mayoría lo suficientemente abultada como para que Vox, aun siendo necesario para llegar a la absoluta, no tenga fuerza negociadora. Con Ciudadanos no cuentan, al menos ahora, cuando casi todas las encuestas le dejan fuera de la Asamblea.

El 'efecto Ayuso' ha conseguido que el PP pueda doblar el resultado de las autonómicas de mayo de 2019, según esas mismas encuestas. Ahora, con el viento a favor, el PP quiere evitar riesgos innecesarios y, sobre todo, errores en campaña que den oxígeno a una izquierda descolocada.

La suerte de Ayuso será también la de Pablo Casado, que se la juega en estas elecciones tanto o más que la candidata del PP, que ya fue su apuesta personal hace dos años, cuando muchos, como recuerdan en Génova, creían que se equivocaba por completo. Los populares confían en que una victoria rotunda apuntale el proyecto nacional de Casado y le sirva como trampolín en la carrera hacia La Moncloa. Una de las claves de estos comicios para el resultado del PP será la capacidad de Ayuso para aglutinar el voto del centro-derecha, pero también el de los socialistas decepcionados con las políticas de Sánchez.

Gabilondo busca el centro pero precisa pactar por la izquierda

El PSOE ha abierto la campaña en el mismo escenario en que cerró la de 2019. Entonces Ángel Gabilondo ganó en votos; ahora se enfrenta de nuevo al reto y lo hace en las condiciones más difíciles: con el techo muy alto –porque, como se ha dicho, en los anteriores comicios, los de 2019, fue la lista más votada–, con una muy probable necesidad de pactar con partidos más a su izquierda mientras intenta conseguir votos por el centro; y con continuas intromisiones en su campaña desde la dirección federal del partido.

El apoyo del presidente Pedro Sánchez no le está faltando; ha aparecido ya en media docena de actos en la precampaña. Pero también ha lanzado mensajes, como la subida de impuestos en España, contrarios a los de Gabilondo. Éste ha cambiado su «con este Iglesias no» por un «no vamos a excluir a nadie».

Arrimadas se juega en Madrid la viabilidad de su tercera España

Frente al «comunismo o libertad» de Isabel Díaz Ayuso, Edmundo Bal encabezará una campaña en la que Ciudadanos (Cs) buscará hacer atractiva la moderación. Con el partido en horas bajas, la apuesta de situar como candidato a su diputado estrella medirá la viabilidad de la «tercera España» que reivindicó Albert Rivera y que ahora promueve Inés Arrimadas.

La polarización y la imagen de Cs, deteriorada tras una cadena de pésimos resultados electorales, juegan en contra de Bal. No obstante, también es cierto que nadie le exige siquiera acercarse a los veintiséis diputados que logró Cs en 2019 y que el simple hecho de entrar en la Asamblea regional se contemplaría como un éxito personal para él y como un balón de oxígeno para Arrimadas. Despejada desde el principio la incógnita principal, Cs ya ha dicho que su intención es reeditar ejecutivo con Díaz Ayuso, el partido intenta ahora convencer al elector moderado de la utilidad de la papeleta naranja. Si Cs no está en la Asamblea, advierten, o Vox o Pablo Iglesias serán determinantes en las políticas regionales. Bal se presenta como «el único candidato de todos los madrileños», capaz de bajar los impuestos, pero también de defender políticas sociales.

Monasterio, ante el peligro de ser fagocitada por el PP

El previsible liderazgo de Isabel Díaz Ayuso en el bloque de centro-derecha deja a Vox en una situación un tanto indeterminada, a caballo entre tener la llave de la gobernabilidad de la Comunidad de Madrid —el escenario más probable— o ser fagocitada por el PP.

Así, el objetivo de Rocío Monasterio según lo visto en las últimas semanas es sumar lo máximo posible en zonas tradicionalmente de izquierdas. Una muestra evidente es su campaña en barrios obreros de la capital, como Vallecas —donde sufrieron el ataque de los radicales- o Carabanchel, o municipios como Getafe o Leganés, con la inseguridad, la financiación de los menas y la gestión de la pandemia como banderas. «La izquierda ha abandonado a los suyos» es uno de los mensajes más repetidos por Monasterio.

Consolidarse como la primera opción a la izquierda del PSOE

Mónica García se presenta al 4-M con la certeza y tranquilidad de haber liderado la oposición a Isabel Díaz Ayuso durante la pandemia del Covid-19. La gestión sanitaria será su estandarte y, de hecho, así lo refleja su cartel electoral, presentado este sábado, con la imagen de su candidata con mascarilla: «Por lo que de verdad importa».

Las encuestas, precisamente, confirman la consideración de que el trabajo de la doctora García —anestesista de profesión— consolida a Más Madrid como la primera opción a la izquierda del PSOE, de nuevo por delante de Podemos, pese a la comparecencia de Pablo Iglesias. Aunque condenados a entenderse, su discurso está lejos de la confrontación que plantea Podemos; García incluso rechazo presentarse juntos.

Iglesias ambiciona una alta participación para gobernar

La campaña de Unidas Podemos (UP) se centrará en conseguir sacar del letargo a los abstencionistas de izquierdas y movilizar lo máximo posible a su potencial electorado. El exvicepresidente Pablo Iglesias se presentó como revulsivo para que UP no perdiera representación en una región determinante a nivel nacional como es la Comunidad de Madrid, pero los sondeos reflejan que no están rentabilizando su salida del Gobierno.

No obstante, Podemos dice que maneja a nivel interno datos que vaticinan una alta participación que les beneficia. El objetivo final es sumar y lograr un acuerdo con PSOE y Más País, que, por cierto, les superan en las encuestas y se siguen nutriendo de sus votantes descontentos. UP también quiere alejar a Ciudadanos del PSOE.

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