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Todo supo a poco en el Heliodoro

La UD fue mejor que un Tenerife que acabó pidiendo la hora y, aunque se disimule por allá, hasta celebrando que todo quedara en reparto de puntos. Varios cuerpos por encima que el anfitrión, el equipo de Pepe Mel dibujó una progresión sincronizada, con un Sergio Ruiz colosal a los mandos, y pasó de ir por debajo en el marcador, con ratos de cierto apuro, a gobernar el partido y achicar por completo al adversario. Le cabe la lástima de que no supo concretar su crecida, luego del empate logrado al borde del descanso, y se quedó sin tiempo para el descabello. En el minuto 84 tuvo la cornada mortal Mujica, limpio de marca en el borde del área chica y a centro de Lemos que no pudo direccionar bien con la zurda. Hubiese sido un acto de justicia el 1-2 que nunca terminó llegando porque en el recuento de méritos, el empate final premió más la prudencia del Tenerife que el empuje de Las Palmas. Así acostumbran a ser los derbis. Con la alegría por barrios y, en este caso, para más satisfacción del que menos expuso.

CD Tenerife:
Dani Hernández; Moore, Sipcic, Carlos Ruiz, Álex Muñoz; Nono (Suso, m.66), Folch (Sergio González, m.83), Aitor Sanz, Vada (Shashoua, m.58); Zarfino (Apeh, m.58) y Fran Sol (Valera, m.87). UD Las Palmas:
Álvaro Vallés; Lemos, Alex Suárez, Curbelo, Dani Castellano (Silva, m.62); Robert (Maikel Mesa, m.76), Sergio Ruiz, Javi Castellano, Pejiño (Clemente, m.67); Araujo y Jesé (Mujica, m.76). Goles:
, min. 10: Árbitro:
Milla Alvendiz (comité andaluz). Amonestó a los locales Vada, Suso, Valera y Carlos Ruiz , y al visitante Pejiño.

En general se movió el pleito en términos parejos, con una primera parte más inclinada al rectángulo de Valles y una segunda en la que, sin intervenir Dani Hernández, el tráfico fue mayor e incesante por la parcela local. La UD fue a ganar pero terminó purgando su arranque tibio, con fallo defensivo penalizado por Vada, y, todo hay que decirlo, un orsay posicional de Zarfino que obstaculizó hasta impedir el despeje de Lemos. No le costó levantarse como en anteriores jornadas, aunque, claro está, a lomos de Sergio Ruiz todo resulta más fácil. Además de hacer el gol, que no es poco, el cántabro imantó todos los balones, corrió a ritmo inalcanzable para el resto y se marcó un recital de pases y quiebros de sombrero. Tremendo futbolista Sergio y al que le faltó acompañamiento para culminar la faena. Perdido Pejiño, Rober al ralentí, con pocas noticias de Jesé y tan esforzado como errático Araujo, a la UD le quedó tirar de los pulmones y mando de Sergio, asidero siempre fiable y que tuvo su efecto. En adelante, y tras el 1-1, control e iniciativa fueron cuestiones propias, enjaulado un Tenerife que quiso vivir de las contras. La entrada al campo de Clemente y Mujica, ya en el tramo final, le dio creatividad y piernas frescas para una culminación que se perdió por encima del larguero de Dani cuando Rafa, en boca de gol, metió el interior sin la consistencia para empujarla a la red. Veinte años hace que no gana la UD en territorio comanche. Demasiado castigo y más si se consigna lo acontecido anoche.

Mel tiró de catálogo y quiso ir a buscar al Tenerife. Del centro del campo para arriba, ataque de estreno ya con Rober entre los elegidos. El problema vino en que se acapararon metros sin orden ni concierto, lo que permitió al dueño de la casa hacer lo que más le gusta, esto es desplegarse en largo y apostar por un fútbol directo, sin demasiados trámites. La propuesta incomodó hasta el aturdimiento a Las Palmas, que amenazó primero con un remate a las nubes de Rober, esos que antes no solía fallar, y se diluyó durante largo tramo. Así, al minuto 10 ya perdía después de que un centro tibio al área terminara en los pies de Vada, con tiempo para controlar y definir a placer. En la acción cabe subrayar una doble negligencia: la defensa no ajustó marcas y en el VAR tuvieron ceguera y dejaron pasar por alto un fuera de juego de Zarfino que influye en el desenlace, pues, aunque no toca el balón, hace ademán de querer pelearlo y despista a Lemos en esa puja que terminó habilitando, unos metros por detrás, la irrupción de Vada.

Dos golpes de mala suerte: en el 1-0 hubo orsay posicional de Zarfino, que obstaculiza a Lemos, y en el 84' Mujica tuvo el 1-2

Repasar la secuencia desde deja en evidencia a todos los implicados e indulta al infractor. En el fútbol infalible de alta tecnología que se pretende son borrones mayores y, por no ir más lejos, determinantes en la suerte final. Antes, sin tantas cámaras, se pitaban. Ahora con el campo fraccionado en milímetros y píxeles ordenan seguir. De traca.

El 1-0 fue mal menor hasta pasada la media hora. Valles evitó otro, a tiro picado de Zarfino, y Carlos Ruiz voló sin motor y con todo a favor, en un saque de esquina, pero cabeceó demasiado desviado para la cortesía brindada para cuando se había elevado por los aires.

Un par de intentonas desde lejos de Araujo cambiaron el paso de lo que estaba ocurriendo. Y qué decir cuando Sergio Ruiz soltó amarras. Suyo fue el tanto del empate luego de recepcionar un despeje al centro de Sipcip y cazar el rebote posterior. No perdonó desde el punto de penalti y su acierto liberó a la UD, hasta entonces arrugada y sin la osadía que necesitaba.

Desde el descanso y hasta el final, la UD se lo creyó. Ensanchó el campo y se puso a jugar, precintando su zona de riesgo y siguiendo el dictado de Sergio. Fue más una intención que un hecho, porque, peligro tangible, hasta que Mujica casi se viste de héroe, no se detectó. Un tiro arriba de Jesé, puños de Valles a empeine de Moore y una dejada muy cruzada de Sol constituyeron las finalizaciones más destacables.

Pero en sensaciones, cuajo y empeño, Las Palmas se apuntó todo lo bueno en la reanudación. Mel entendió que necesitaba más orfebres en la zona ancha y acudió a Clemente, de buen pie para las conexiones, y tampoco dudó en sacrificar a Pejiño, Jesé o Rober, tres tristes tigres ayer, a la vista de que el derbi se les quedaba grande. Mal estreno del trío en pulsos de máxima rivalidad en la casa del enemigo. Se les esperaba y aparecieron poco y, alguno que se fue enfadado, hasta mal.

Pasaban los minutos y el empate llenaba más el ojo a los de blanquiazul, temerosos de que les dieran un golpe que sí sería ya irreversible. La UD sabía que la iba a tener y, en efecto, llegó. Clara y nítida como ninguna otra y en una jugada de las que se ensayan mil y una vez en los entrenamientos. Internada, centro atrás y adentro. Todo salió bien menos lo esencial. Lemos profundizó como acostumbra, adivinó la llegada de Mujica y se la puso, quizás demasiado fuerte, pero en condiciones, en todo caso, de embocarla. Mujica tuvo la gloria en sus pies y, por lo que fuera, el balón huyó por encima del travesaño. De cien iguales que practique en Barranco Seco es probable que haga pleno. Pero el Heliodoro le negó lo que hubiese sido el ansiado golpe provincial.

Dio la impresión de que el reloj corrió demasiado rápido porque, en esa fase, el derbi estaba para la UD. Pero ya todo se movía sobre la bocina y si no vino cuando tuvo que ser, tampoco lo haría después.

Y como viene pasando desde 2001, algunas veces con peor suerte, otras con matices positivos, siempre, eso sí, sin triunfo alguno, la UD sale del Heliodoro con la tarea a medias. En esta ocasión tuvo las llaves del clásico y demostró, a falta de un resultado concluyente, que por fútbol y arrojo no hay nada que envidiar en la isla vecina.

Pero aquí lo que da de comer son los puntos y el Tenerife va por delante en la clasificación y, muy probablemente, se salió con la suya.

Yo no gano pero tú tampoco. que vendría a ser lo mismo.

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