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Tiempos de reflexión sin lugar a la tregua

Con el personal todavía rumiando la ocasión perdida y obsesionado en buscar culpables, el Sevilla, el grupo de profesionales, se prepara para otra batalla tratando de olvidar lo ocurrido y de que la lección quede bien aprendida. Cuesta afilar las armas en la soledad de la derrota cuando siguen viniendo imágenes de la misma y, además, te la vuelven a recordar continuamente, pero los guerreros deben mantener siempre la cabeza fría si no quieren desfallecer a las primeras de cambio en la siguiente batalla.

Para los de Lopetegui la vida sigue y lo que no puede ocurrir es que este revés sufrido en la Copa del Rey, doloroso por cómo se dio, afecte al discurrir de la trayectoria en la Liga, que está siendo muy positiva hasta el momento. O lo estaba siendo hasta la última derrota ante el Barcelona en el Ramón Sánchez-Pizjuán justo unos días antes de la fatídica noche en el Camp Nou. Además, hay otra cita en Dortmund a la vuelta de la esquina que les da la oportunidad a los de Lopetegui de volver a ilusionar a su gente en otra competición que encima es la que más prestigio e ingresos reparte, la Champions.

A los profesionales se les paga para que nada de esto afecte, para que ganen más que pierdan y consigan sus objetivos al final de temporada y estos puntos que se van a poner en juego hoy en un clásico entre los estadios españoles como el Martínez Valero valen lo mismo, exactamente igual, que los que volaron de Nervión el pasado sábado.

El Sevilla debe reponerse cuanto antes para no perder el tono competitivo y que las buenas sensaciones vuelvan. No es posible que Lopetegui pase en dos semanas de ser el entrenador con mejor porcentaje de victorias de la historia del club y que derribe récords cada semana a un técnico timorato ante rivales de más categoría. Curioso que el día que alineó a dos delanteros en el Camp Nou (En-Nesyri y De Jong juntos) se le tache de reservón en su planteamiento.

Antes del paso de Messi y compañía por Nervión los blancos acumulaban seis triunfos consecutivos en la Liga, lo que les ha permitido tener un colchón de puntos importante sobre el quinto clasificado, que marca el objetivo de la clasificación para la próxima edición de la Champions League.

Lo que queda por delante exige no detenerse. Sí gestionar bien los recursos humanos y los esfuerzos para competir con garantías en todos los frentes. Hasta ahora el cuerpo técnico que dirige el que fuera seleccionador nacional lo ha hecho correctamente porque el Sevilla ha mantenido el nivel en todas las competiciones hasta el último minuto, literalmente hablando. Y hasta el final quiere hacerlo también en Alemania el próximo martes, casi sin tiempo para respirar. La plantilla ha entrado en una dinámica de bajarse de un avión y subirse a otro sin prácticamente deshacer las maletas y los técnicos, de hacer recuento de molestias, golpes y lesiones a diario para afrontar el próximo partido. Esos seis puntos de diferencia sobre la Real Sociedad dan algo de aire –no mucho– a Lopetegui para aliviar físicamente ante el Elche a varios fijos en su esquema titular, pero no a muchos. Lo justo. Ya se encarga también el azaroso discurrir del día a día de decidir a quién ir quitando y poniendo. Ocampos está y tras dejar atrás el mal físico ahora necesita ser recuperado en el aspecto mental; ahora es Jesús Navas quien debe dar el callo y estar a la altura para suplir la baja de Aleix Vidal; Bono también necesita un relevo y Koundé y alguno más, según desveló el técnico, andan cogidos con alfileres.

Con todo eso en la coctelera, con la necesidad de protagonizar una noche épica en Dortmund y con un derbi también asomando justo cuando el eterno rival vive sus mejores días, el Sevilla visita a un equipo necesitado que parece reaccionar con Fran Escribá al mando. Lo de hoy es una obligación, con margen aún, pero una obligación y lo del martes es una tremenda oportunidad para curar una gran herida con una gran alegría. El fútbol produce sentimientos contradictorios, sólo necesita tiempo. Si no, baste pensar en el contraste entre la noche del Mirandés y la de Colonia.

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