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The Last of Us 2: la venganza como vehículo redentor

Si hace siete años alguien hubiese llegado a calibrar el pelotazo que provocó en el sector de los videojuegos la historia de supervivencia de Joel y Ellie en un mundo apocalíptico habría sido tildado de visionario. Por eso ahora, con la segunda parte de The Last of Us (en español “el último de nosotros”) en nuestras manos y tras haberla disfrutado durante más de 30 horas hasta alcanzar su cenit, puedo afirmar sin sonrojarme que Neil Druckmann (director del juego) y los suyos no tienen techo. Mejorar un título que ya de por sí narrativamente y en sus mecánicas era una obra maestra está al alcance de muy pocos estudios. Por eso Playstation tiene a Naughty Dog entre algodones. Sus juegos exclusivos para su plataforma son vendeconsolas y un seguro de éxito. Y ahí están los más de 4 millones de copias vendidas en tan solo tres días desde su lanzamiento para corroborarlo.

Por eso, adentrarse en el análisis de un juego Triple A como The Last of Us Parte 2 (de aquí en adelante TLOU2) es una encomienda maravillosa a la vez que desafiante. Valorar un título concebido por miles de personas y que ha generado tanta expectación puede llevar a más de uno a descarrilarse en el tren del hype dejando pasar por alto aristas o pequeños desniveles en sus columnas que coarten su posibilidad de alcanzar la excelencia. ¿Qué sucederá con esta segunda parte? Te lo cuento seguidamente.

En TLOU2 hemos dado un importante salto vital. Ellie, la protagonista ya es mayor de edad y ha dejado atrás la tormentosa etapa de la adolescencia. Han pasado cinco años desde que escapó junto con Joel del Hospital Saint Mary en Salt Lake City (Utah). Nos ha dado tiempo a rehacer nuestra vida en la ciudad de Jackson, un asentamiento de supervivientes totalmente autosuficiente. Una vida tranquila, alejada de los infestados por el virus que devastó todo y que cambió para siempre la concepción del devenir de la humanidad.

Pero poco durará la calma porque la historia de Ellie está marcada por la venganza. Sin entrar en desvelar la trama, los acontecimientos que en ella se cuentan son un claro ejemplo de sentimientos llevados al extremo: amor, odio, esperanza y también tristeza. Mucha. La crudeza humana sin filtros, sin red de seguridad. Esa es la experiencia que Naughty Dog propone en esta segunda entrega que apuesta por una fórmula narrativa bastante peculiar y que se concentra principalmente en tres intensos días en Seattle, donde Ellie buscará vengarse de aquellos que le han provocado un dolor insoportable. Por el camino deberá ir tomando decisiones duras, complejas, que escenifican la madurez de un personaje que conocimos como una ingenua niña y que termina convirtiéndose en una trituradora de carne impulsiva y visceral. Nuestro viaje con Ellie nos permitirá conocer esa transformación con todas sus connotaciones en una brillante transición marca de la casa. Todo está hilvanado y salvo algún que otro desliz argumental menor, la sensación de solidez en la trama es tal que tus ganas de jugar y avanzar en la historia serán proporcionales a pasar unas vacaciones de verano en las calas de Cabo de Gata. Prometido.

CAMBIO DE ROLES

Si en la primera parte Joel tomaba la batuta y se erigía en el personaje principal, en la segunda es Ellie la que recoge el testigo junto con otros giros argumentales que no podemos desvelar y que terminan transformando la percepción del título por completo. Aquí se habla de temas tabúes durante muchos años en los videojuegos sin cortapisas: sexo, religión y homofobia son algunos de ellos. Y la sensación que se transmite es positiva. Nos permite reflexionar y descubrir que ni todo es blanco ni todo es negro. Hay perspectiva, puntos de vista diferentes, y la vida es tan cruda y cruel que puede jugarnos malas pasadas cuando menos te lo esperas.

Así que prepárate porque en este viaje te tocará lidiar con multitud de nuevos enemigos. A los ya conocidos infestados en todas sus variantes con alguna que otra incorporación (cuántas ganas había de escuchar a los chasqueadores) se suman dos facciones: los Lobos, un grupo militar que derrocó a las fuerzas gubernamentales y que fichó también a los últimos Luciérnagas, y los Serafitas o Scars, una secta religiosa abrazada a la naturaleza y que reniega de los primeros con los que mantiene una guerra abierta. Un nuevo tándem que ofrece multitud de variables y posibilidades en los enfrentamientos a lo largo de la historia y que supone un soplo de aire fresco al tener que adaptarnos en cada momento a sus modus operandi.

Estamos ante un portento gráfico, que junto con Red Dead Redemption 2 y God of War, ostenta el primer puesto en este apartado

Para hacerles frente, Ellie también ha evolucionado y mejorado sus habilidades frente a Joel. Ahora puede saltar, escalar, esquivar y arrastrarse para adaptarse a un mundo más violento y también más rico en posibilidades ya que los chicos de Naughty Dog han apostado por la verticalidad con escenarios que cuentan con diferentes alturas y que nos invitan a la exploración y también, como no, al sigilo marca de la casa. Como ya sucediese en el original, la primera opción es siempre evitar el combate y, de hecho, es la manera más sencilla de superar los enfrentamientos. En mi caso concreto, un antagonista de esa fórmula, he decidido forzar el juego y optar, salvo en dos o tres ocasiones por el apabullante número de enemigos en pantalla, por la acción directa. Y la fórmula funciona. La gran variedad de armas y las nuevas mecánicas de combate cuerpo a cuerpo con esquivas y ejecuciones le sienta genial al juego y ofrece una variante hasta ahora desconocida para la saga. Sí, a veces se hace cuesta arriba por la escasez de munición, pero el premio es mayor al conseguir, en la mayoría de ocasiones, materiales y coleccionables que en caso de optar por el sigilo habríamos pasado por alto.

Y esa es otra de las grandes señas de identidad de Naughty Dog: los coleccionables. Habrá cientos de ellos repartidos por todo el escenario invitándonos a escudriñar hasta el último rincón: cartas, monedas, documentos y también mesas de trabajo y cajas fuertes. Las primeras, fundamentales para invertir las piezas que encontremos en mejorar nuestras armas (y se nota mucho) y las segundas con multitud de materiales y analgésicos con las que mejorar nuestras habilidades y confeccionar equipamiento como bombas o cócteles molotov.

En lo que concierne a las segundas, para esta nueva aventura Ellie contará con ramas diferenciadas de habilidades como supervivencia, sigilo o fabricación (entre otras) que nos permitirán especializarnos y afrontar la aventura a nuestra manera. En una primera vuelta nos será imposible conseguir mejorar todos nuestros atributos y para ello se habilita, cuando acabemos el juego, el modo Nueva partida+ con el que empezar de nuevo con todo lo obtenido hasta el final y conseguir así recoger los últimos coleccionables y mejoras de armas y habilidades para alzarnos con el ansiado trofeo Platino de Playstation. Y la cosa engancha, avisados estáis.

EXPLORACIÓN (CASI) SIN LÍMITES

De nuevo se ha optado por un mundo cerrado con exploración en diferentes alturas, eso sí, pero bastante “pasillero” a excepción de un par de ubicaciones que, sin llegar a ser un mundo abierto, ofrecen tal amplitud que pueden llegar a transmitir la sensación de sentirnos perdidos. Para esta ocasión se han incorporado también las cuerdas con las que escalar o balancearnos y que junto con las nuevas habilidades de Ellie (saltar y nadar, por ejemplo) ofrecen una mayor variedad de situaciones. Tampoco faltan los puzles, aunque más descafeinados y sencillos que en su primera parte, y las escenas QTE en las que pulsar el cuadrado para salir airosos por los pelos de un enfrentamiento.

En ese sentido, jugar con Ellie en esta segunda parte nos recuerda en muchas ocasiones, en exceso, a la saga Uncharted. TLOU2 bebe mucho de las aventuras de Nathan Drake, algo obvio siendo de los mismos desarrolladores, y en más de una ocasión sentiremos algún deja vu por lo que acontece en pantalla al ofrecernos momentos épicos llenos de frenesí y acción. Algo que la primera parte minimizó y pasó casi de puntillas. Esa sensación desinfla un poco el factor sorpresa y la originalidad y, en cierto modo, le resta algo de personalidad al título, algo que a mi parecer le hace perder parte de su idiosincrasia.

Y si estás preocupado por cuánto tiempo te divertirás con él, el juego para que sirva de referencia llega a triplicar en duración al primero y salvo algunas fases que pueden dar la sensación de estar metidas con calzador como relleno ofrece una historia tan bien hilvanada que las más de 30 horas para superarlo se pasarán en un suspiro. La exploración se intercalará con la acción y el sigilo y, como no, con las cinemáticas todo ello con transiciones naturales que nos evocan estar viviendo una película de Hollywood. Y es que el juego roza tal grado de realismo en sus escenarios y, sobre todo, en las animaciones de los personajes que por momentos nos veremos abocados a soltar el mando y coger las palomitas para disfrutar de situaciones y conversaciones únicas. TLOU2 deja a las claras que es una superproducción que nada tiene que envidiar al cine y no exagero si afirmo que muchas de las sensaciones vividas durante el transcurso de la historia no las había sentido antes habiendo visualizado centenares de películas.

AMOR A PRIMERA VISTA

Y sí, TLOU2 entra por los ojos y te enamora. Su dirección artística apuesta por una ciudad de Seattle (y otras localizaciones que iréis descubriendo a medida que avanzáis en la historia) devastada en la que la naturaleza se abre paso. La riqueza de detalles es demencial y, salvo alguna textura que chirría, en conjunto es una obra superlativa aún más si cabe si tenemos en cuenta la limitación técnica de PS4 Pro en la que hemos podido correr el juego a resolución 4K y unos estables 30fps (exceptos en algunos momentos puntuales de demasiada carga gráfica). La lluvia, la vegetación, la iluminación y las físicas están a un nivel del que pocos juegos pueden presumir y que supone el techo gráfico para una PS4 que se jubila esta Navidad con la llegada de PS5. The Last of Us ya hizo lo propio con PS3 y el salto tecnológico en la segunda parte frente al original es evidente a primera vista dejando a las claras que estamos ante un portento gráfico, que junto con Red Dead Redemption 2 y God of War, ostenta el primer puesto en este apartado.

A lo que se suma, con altas dosis también de excelencia, su banda sonora de manos del reputado compositor argentino Gustavo Santaolalla. El ganador de dos Oscars y responsable de la banda sonora de la primera entrega, profundiza en esta segunda parte con el ronroco y el banjo, seña de identidad, para ofrecernos un repertorio de piezas musicales que se fusionan a la perfección en cada momento de acción, de sigilo, de tregua, de emoción, ofreciéndonos momentos únicos que nos evocarán tristeza, entusiasmo y también, mucha tensión. Acordes que destilan mimo y que nosotros mismos también podremos entonar gracias al uso de la guitarra en ciertos puntos de la historia. Una genialidad tras otra que ensalza aún más el nivel de producción y desarrollo de este título.

Está claro que TLOU2 estaba destinado a sentar un nuevo listón entre los juegos Triple A. Todos sus apartados acarician la perfección

A todo ello se añade una traducción y un doblaje sobresalientes al español. Lorenzo Beteta y María Blanco vuelven a ser las voces de Joel y Ellie a las que se unen otras muchas para dar vida al gran número de personajes que participan en esta historia de venganza. Y salvo alguna voz de un personaje secundario que se cuela de forma intercalada con el español latinoamericano, el doblaje es impecable y a la altura de lo que se le puede exigir a un título Triple A.

Tras acabar el juego la sensación de vacío e impotencia imperarán en nuestra cabeza. La férrea decisión de Ellie de vengarse a toda costa supondrá un cataclismo para ella y para los que la rodean. Nada será como antes. Ni siquiera nosotros. Días después de acabarlo aún sigo dándole vueltas a lo acontecido y sus consecuencias. Y eso, sin duda, habla muy bien de la historia que Neil Druckmann ha querido plasmar en esta segunda parte. Discutible a la par que original es la manera de contarla. Algo que ha provocado bastantes críticas entre muchos jugadores. El poso que emana es tan grande que no deja a nadie indiferente. Y eso, para bien o para mal, es todo un logro. Revolver nuestra conciencia, voltearnos y agitar con virulencia nuestros principios básicos hasta llevarnos a un extremo para permitirnos descubrir la crudeza de los actos humanos es algo tan poco usual que es digno de mención.

VALORACIÓN FINAL

Está claro que TLOU2 estaba destinado a sentar un nuevo listón entre los juegos Triple A. Todos sus apartados acarician la perfección. Desde el sublime acabado gráfico, pasando por la banda sonora y el doblaje hasta la trama con giros de guión inesperados y una visión minimalista y cruda de la vida misma. Todo ello aderezado con un ritmo que nos tensa y relaja a partes iguales a través de unas mecánicas de juego ya muy reconocibles y que aquí dan una vuelta de tuerca con las nuevas posibilidades que ofrecen el poder saltar, nadar o reptar. TLOU2 es claramente un más y mejor que TLOU pero, en contra, por el camino ha perdido ya el halo de misticismo y frescura del original. Concede demasiados paralelismos con la saga Uncharted y eso le resta personalidad a un título engrasado y sin fisuras que ya es parte de la historia de los videojuegos por méritos propios. Disfrutarlo se convierte en una necesidad imperiosa si te gustan los videojuegos. No hacerlo es perder la oportunidad de descubrir cómo la vida se abre camino ante la adversidad y cómo las pulsiones más primigenias pueden abocarnos a la perdición o a la consagración. La aventura de Ellie es el más claro ejemplo, todo un cursillo acelerado de la vida misma. 

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