Spain

Terrores nocturnos: qué son y cómo podemos encararlos

Según un estudio de la Academia Americana de Pediatría, cuatro de cada diez niños de entre dos y seis años padecerán en alguna ocasión terrores nocturnos. Una auténtica pesadilla elevada a la enésima potencia, que suele traducirse en una sensación de miedo real, gritos y agitación, mientras el pequeño todavía está dormido.

Pero, ¿qué son realmente los terrores nocturnos? ¿Debemos asociarlos a las pesadillas o son dos cosas completamente distintas? Lo primero que conviene aclarar es que los terrores nocturnos y las pesadillas no son lo mismo. Ambos forman parte de las llamadas parasomnias y son un indicador del crecimiento y desarrollo psíquico del niño pero con unas características bien distintas.

Los terrores nocturnos

- Son menos frecuentes que las pesadillas y se definen como episodios de miedo muy intenso e incluso terror que no están relacionados con un suceso determinado ocurrido durante el día ni con el contenido de un sueño.

- Afectan a los niños durante las primeras horas de sueño (fase no REM) o a primeras horas de la mañana.

- Suelen durar entre cinco y quince minutos aunque podrían prolongarse hasta una hora.

- El niño parece dormido y despierto al mismo tiempo, puede tener los ojos abiertos, murmurar, gritar, hablar, llorar, agitarse e incluso parecer que quiere huir de algo o alguien. De hecho, se suele mover muchísimo y puede levantarse estando dormido (con el riesgo de que se golpee).

- Suelen producirse entre el año y los ocho años, aunque también se dan en niños mayores.

- Varían mucho de un niño a otro, tanto en duración como en intensidad.

- Resulta muy difícil despertar al niño, casi imposible.

- Por regla general no se recuerdan.

La periodista Adriana Abenia, en julio de 2019.

Por su parte, las pesadillas

- Son sueños que producen mucha angustia.

- Se manifiestan en la fase REM del sueño, es decir, en horas tardías.

- Pueden durar más de diez minutos.

- Suelen darse en niños de entre dos y cuatro años, edad en la que aún no distinguen bien entre la realidad y la ficción.

- El niño puede moverse en la cama e, incluso, hacer ruidos mientras sueña.

- Suele despertarse aterrado y llora.

- Al día siguiente es capaz de recordar lo que ha soñado.

¿A qué pueden deberse los terrores?

La realidad es que no hay una única causa clara detrás de los terrores pero:

- Algunos expertos los asocian al propio proceso madurativo del cerebro de los niños.

- Otras variables pueden ser el estrés o haber tenido fiebre.

- Lo importante es recordar que los terrores nocturnos no dejan secuelas. A pesar de que cuando los sufren parece que lo pasan terriblemente mal, los niños no van a recordar absolutamente nada.

¿Y cuál es el origen de las pesadillas?

- Pueden deberse a algo que le ha generado inquietud al pequeño en horas o días previos: algo que ha escuchado o visto, una mala experiencia en el colegio o en el entorno familiar, un programa de televisión…

- También al estrés o la presión por un examen o un evento importante.

¿Cómo actuar cuando el niño tiene terrores nocturnos?

- Aunque el niño parezca despierto y mire al vacío, en realidad no es consciente de lo que le está pasando y no se despertará aunque le llamen. Lo más frecuente es que después de la crisis vuelva a dormirse como si no hubiera ocurrido nada y al día siguiente no recuerde nada.

- Los padres no deben intentar despertarlo.

- Si es conveniente permanecer junto a él para evitar que se haga daño o colocar almohadas y cojines entre la cama y la pared para protegerle.

- A la mañana siguiente el niño no se acordará de nada por lo que es conveniente no interrogarle sobre lo qué ha pasado para no agobiarle.

- Por regla general, los terrores asustan más a los padres que a los niños, que no van a ser conscientes de haberlos sufrido. Por tanto, lo más importante es que los papás mantengan la calma cuando sucedan y posteriormente controlar nuestra preocupación cuando se aborde con el niño el tema.

¿Y qué se debe hacer cuando tiene pesadillas?

- Es importante tranquilizar al niño, hablarle con calma y hacerle entender que se ha tratado solo de un mal sueño.

- No restar importancia a lo que siente el niño porque para él el miedo es real. En el caso de las pesadillas va a recordar el contenido del sueño por lo que puede venirle bien hablar y aclarar sus miedos.

- Es probable que tras la pesadilla tengan angustia a quedarse solos y a volver a dormirse por si vuelven a tener otra. Permanecer a su lado hasta que se duerma puede ayudar a tranquilizarle.

¿Se puede hacer algo para evitar su aparición?

Si no ha ocurrido ningún hecho estresante que haya podido dejar una huella profunda en el niño (separación o divorcio de sus padres, muerte de un ser querido...) se pueden tomar algunas medidas en las rutinas diarias para intentar reducir el nivel de estrés del niño:

- No realizar actividades demasiado excitantes en las horas previas a irse a la cama.

- Favorecer que el niño exprese sus sentimientos durante el día y se deshaga de las tensiones acumuladas.

- Evitar cenas abundantes o acostarse nada más cenar.

- Controlar qué tipo de contenidos ve el niño en la televisión o tablet.

- Controlar la temperatura de la habitación. Un exceso de calor puede provocar una peor calidad del sueño.

- Aligerar la agenda del niño: actividades que realiza a diario, extraescolares... quizás la carga es excesiva.

- Realizar alguna actividad relájate antes de irse a dormir: leer un cuento, hacer respiraciones o algún ejercicio de meditación...

¿Cuándo conviene consultar al pediatra?

Si las crisis de terror van acompañadas frecuentemente de convulsiones o rigidez, si se prolongan durante más de media hora en la mayoría de las ocasiones y a pesar de seguir los consejos anteriores aumenta su frecuencia en el tiempo, conviene consultar al pediatra para identificar algún tipo de hecho que puede estar angustiando al niño y provocando estos terrores.