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Tartamudez y mascarilla, un bloqueo de pandemia: "Se te oye peor, repites más y te pones nerviosa, es una barrera más"

"Con la mascarilla se entiende peor lo que dices, tienes que hacer más esfuerzo al hablar y te cansas el doble. Como cuesta más que te oigan, acabas repitiendo más. Y eso te pone más nerviosa. Además, los gestos ayudan al otro a entender lo que te pasa y la mascarilla le quita expresividad a la cara. La mascarilla dificulta la comunicación a todo el mundo, pero para nosotros es una barrera más". Se llama Dafne Lavilla y lo dice de seguido, apenas con una traba, ese breve parón para hablar pero

no para pensar que define al tartamudeo. En España, medio millón de personas experimenta bloqueos motores que les generan un desorden en la fluidez del habla, un peculiar universo de repeticiones, prolongaciones o pausas en las sílabas históricamente ligado a la incomprensión o el desconocimiento del mundo de enfrente. No es un déficit psiquiátrico, ni una carencia intelectual, pero sus vidas suelen ser un historial de burlas, acoso e impaciencias ajenas y un manojo de inseguridades, estrés y autoestimas a la baja en carne propia. Se llama

tartamudez

. Y entre sus ondas expansivas ha aparecido una nueva, pandémica e inesperada, algo tan paradójicamente sanitario como problemático: la mascarilla.

"Con la mascarilla no se me y eso me alivia"

Si la pandemia del

coronavirus

y sus mascarillas han robado a todos contacto social, si han mandado al teletrabajo y al teléfono, si han limitado la visión del rostro y la boca del otro y si han hecho hablar un poco más alto, ¿qué pasará con quiénes hablan sin fluidez? Tartamudez y mascarilla, un bloqueo de pandemia. "Esto no es igual para todas las personas que tartamudean, porque también hay a quien le ayuda que no se le vean los gestos. Hay personas que tienen menos aceptado lo que les pasa y la mascarilla esconde y evita mostrar la tartamudez. En ese sentido, ayuda a corto plazo. Pero a largo, evitas y ocultas lo que eres". - ¿Y a ti te ha pasado, Dafne? - La verdad es que sí. Hay algunas palabras cerradas, palabras sin alternativa, como nombres propios o lugares, que me cuesta decir. Entonces suelo hacer un gesto mientras me trabo, pero con la mascarilla no se ve y reconozco que eso me alivia, porque enfrente no te ponen cara rara. Pero, salvo esas excepciones, la mascarilla no ayuda a nuestra comunicación. Es, sin duda, una barrera más.

'Si tartamudeo, sólo tartamudeo'

Dafne Lavilla es veterinaria, está estudiando Psicología y trabaja en una empresa especializada en discapacidad. Es la coordinadora en Madrid de la

Fundación Española de la Tartamudez

(

TTM-España

), uno de los más numerosos y contundentes grupos por la normalización, información y aceptación social de la disfluencia parlante. De este grupo, formado por adultos que tartamudean, por padres y madres de menores con tartamudez y por docentes, logopedas y psicólogos, han partido campañas de sensibilización tan directas como aquel

Déjanos hablar

o la que en 2016 le dio una vuelta al tópico, jugó al límite y lo dijo todo:

Un poco más de ti ti ti tiempo

. La de este año es la esencia de la cuestión:

Si tartamudeo, sólo tartamudeo

. "Durante muchos años yo tuve dos vidas. Una, alegre, en casa. Y otra en el colegio, donde vivía en silencio, se reían de mí cada vez que hablaba y me acurrucaba sola en el recreo. Lo odiaba". Dafne Lavilla fue la niña que muchas niñas con tartamudez siguen siendo hoy. "Mis padres me sobreprotegieron y hablaban por mí. Yo les pedía todo para no exponerme y crecí pensando que yo era una mierda que no iba a ser capaz de hacer nada por mí misma. Hasta que entré en la Universidad, yo me sentía una inútil social. Siempre pensaba que se iban a reír de mí. Era una mujer sin autoestima y con miedo al rechazo. Si algo tan simple como llamar por teléfono o pedir un vaso de agua en un bar era un mundo, ¿cómo iba a hacer algo con mi vida?".

"El teletrabajo me ha ayudado"

Ya no es Dafne aquella niña/mujer en modo silencio. "Me cansé de sufrir, busqué información y encontré la fundación. Y me cambió la vida. Allí había gente como yo. Si este señor tartamudea y es profesor o médico o empresario, ¿están ellos locos o estoy yo equivocada? Me liaron para ir un día a televisión a hablar en público. Y me hice una promesa: si la única razón para no hacer algo es la tartamudez, hazlo". Y aquí está Dafne Lavilla hoy, trabajando al teléfono y en persona, y dirigiendo grupos de autoayuda para gente con discapacidad. "Es un poco más difícil reunirse por culpa de la pandemia, así que estamos con el Whatsapp y las videollamadas". La pandemia... Pandemia significa teletrabajo, teléfono y contacto por vídeo. - ¿Y cómo afecta eso a una persona que tartamudea? - A mí el teletrabajo me ha ayudado. El teléfono es nuestro enemigo número uno, porque sólo tienes el habla, no la comunicación no verbal. A veces al otro lado piensan que no hay cobertura, que se ha cortado, te cuelgan... Cuando tienes que hablar por teléfono desde la oficina tienes gente alrededor y eso cuesta. Yo intento irme a otra sala o enviar antes un correo electrónico. Sin embargo, desde casa me es más cómodo porque no hay presión alrededor. Y si me muevo, si ando mientras hablo, me sale mejor. Así que en casa llamo más y mejor. - ¿Y las videollamadas? - Hay gente que las prefiere. Pero en general no nos ayuda, porque en persona hay más confianza y cercanía. La pantalla incomoda. Si en reuniones normales no sueles intervenir, en vídeo es aun más complicado pedir turno y es habitual que acabe entrando otro antes que tú. Yo voy a empezar a dar una formación on line y no sé si me va a incomodar. Llevo días con el run-run.

"Vivimos ante un mundo muy impaciente"

Dafne habla bastante fluido. Pero, de vez en cuando, su discurso pisa un bache y se queda atrapado unos instantes. Imaginamos su pensamiento adelantando a sus palabras y a sus palabras pidiéndole un poco de tiempo a su pensamiento. Y ella, en medio, sabiendo que no hay problema. "El objetivo no es hablar fluido, es decir lo que quieras. Si hay bloqueo, que lo haya. El objetivo es la comunicación, no la fluidez". Pero enfrente está un mundo que oye, aunque no siempre escuche. El 84% de las personas con tartamudez confiesa haber tenido dificultades para hacer amigos durante su infancia y el 83% haber sido, en mayor o menor medida, diana de acoso, burlas y bromas. Gracias a lo tan denostado "políticamente correcto", la sociedad va comprendiendo más al distinto y ya no hay

humorista

al que se le ocurra hacer chistes de

tartajas

. Sin embargo, aún falta camino para escuchar sin prisa. "Hay mucho desconocimiento sobre la tartamudez. Y nosotros no llamamos la atención porque nos cuesta hablar. No hay personas públicas, ni líderes que tartamudeen. La gente te acaba las frases y te corta todo el rato. No es maldad, lo hace por ayudar, pero eso no nos ayuda. Vivimos ante un mundo muy impaciente. Ojalá la pandemia nos enseñe que las cosas tienen un tiempo".

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