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Seis reglas de oro para que tu pareja funcione

Plantar, regar, abonar, eliminar las malas hierbas, podar y controlar las plagas. Estos seis conceptos que pueden encontrarse en cualquier manual de jardinería esconden en realidad algunas de las claves que explican por qué unas parejas funcionan y otras no. Nadie dijo que el amor fuera fácil. Tampoco lo es la jardinería. Ambos requieren paciencia, atención, dedicación, conocimientos y mesura. Ni mucho ni poco riego. Ni mucha ni poca luz. Ni mucho ni poco abono... Y aunque algunas personas parezcan tener un talento natural para la jardinería (y para el amor), la buena noticia es que, si no tenemos este talento podemos trabajar para cultivarlo. Al menos es lo que hemos aprendido en ABC Bienestar, donde hemos tenido la oportunidad de hablar sobre el amor con siete psicólogos, sexólogos y terapeutas que han puesto nombre y apellidos a lo que nos sucede cuando nos enamoramos. Reunimos aquí, siguiendo el símil de la jardinería y las pautas de estos expertos, las seis reglas de oro para que funcionen las relaciones de pareja.

1. Plantar o sentar las bases de la relación

Cuando uno se enamora todo vale. No hay límites, ni tiempo, ni distancia, ni hambre, ni sueño. Solo el otro. Pero cuando la relación entre dos que se atraen comienza a ser algo más que el efecto de una reacción química conviene acercar posiciones y saber «qué queremos el uno del otro», tal como apunta la psicoterapeuta y sexóloga Fina Sanz en su libro «La pareja, un proyecto de amor». En esta obra habla de un concepto que habitualmente no se tiene en cuenta y que ella denomina «contrato de pareja» y que, según explica, tiene mucho sentido definir porque lo más probable es que cuando se comienza una relación cada miembro de la pareja parta de muy distintas realidades y conceptos que conviene poner en común y negociar más pronto que tarde. «Cada persona ha de pensar qué es lo que quiere, qué es lo que no quiere y qué es lo que sería negociable o no», aconseja Sanz.

De hecho, la experta explica que uno de los problemas que implica no preocuparse en plantar y sentar las bases de la relación siendo conscientes de lo que queremos puede dar lugar en algún momento a situaciones irreconciliables. «Se unen porque se quieren, porque tienen atracción sexual, etc., pero no saben muy bien lo que cada cual desearía de una pareja y de un proyecto en común y eso lleva a que las cosas no se negocien y al final cada uno de ellos esté buscando cosas muy distintas», explica. Por eso plantar implica sentar las bases tras la siembra a la que llamamos enamoramiento.

«Una relación de pareja el resultado de lo que se hace la mayoría de las veces y no de lo que se hace solamente a veces».
Lidia Alvarado , Psicóloga

2. Regar o alimentar el vínculo cada día

Algunas parejas tienen una forma de hablarse, mirarse o escucharse que resulta admirable. Ambos desprenden una sensación de unidad que muestra, como explica la psicóloga y coach sentimental, Lidia Alvarado, que ambos tomaron una decisión: el amor es lo más importante de su vida. Y esa decisión es lo que les mantiene comprometidos con el cuidado de su relación de pareja tengan los problemas que tengan, ya sea en el trabajo, con los hijos, en la familia, o por asuntos relacionados con la salud o el dinero. Pero esto, que parece tan sencillo no sale solo, pues requiere una intensa tarea que incluye palabras como «esfuerzo», «trabajo» o «atención». Así, lo que diferencia a estas uniones están comprometidas para trabajar en su relación y creen que esta es su prioridad. De alguna manera, riegan (o alimentan) esa plantita con esa dedicación y mesura de la que hablábamos al principio.

Y para ello lo que conviene es crear hábitos de pareja saludables pues, tal como incide Alvarado, una relación es «el resultado de lo que se hace la mayoría de las veces y no de lo que se hace solamente a veces». Algunos de esos hábitos con los que se riega el amor son: identificar las necesidades emocionales primarias (amor/conexión, importancia, seguridad y variedad) de ambos, confiar el uno en el otro, buscar momentos íntimos, expresar los sentimientos y deseos sin herir y tener una visión y un objetivo común.

3. Abonar o enriquecer la unión

Las relaciones de pareja sanas se construyen desde una perspectiva de igualdad y de sensación de equipo que hace que cada uno de los miembros complemente al otro y viceversa, según explica la psicóloga Marta de Prado en su libro «Cómo te relacionas en pareja».

Y para abonar y enriquecer esa sensación propone atender tres aspectos. El primero es tener pasión e intimidad con la pareja, no solo en el ámbito sexual. La clave es que el otro nos resulte «apetecible», en general, es decir, tanto para charlar, como para echarse una risas, dar un paseo, ver una película juntos, cocinar juntos o incluso ordenar la casa... «La idea es que no estemos con el otro por estar sino que disfrutemos estando juntos», revela. El segundo implica comprometerse afectivamente, de tal manera que la relación se base en la confianza mutua y ninguno esté con la duda de si mañana su pareja seguirá o no en la relación, pues eso genera ansiedad y desequilibra la relación. Y el tercero seria mostrar interés y admiración mutuas. «Preguntarle por su día a día y reconocer sus logros de modo que admiremos a esa persona por lo que es y por cómo disfruta con lo que hace (independientemente de que encaje o no con nuestros gustos o intereses) nos lleva a reforzar los vínculos con ella», sugiere.

«Cuando hablamos del amor en pareja se trata de 'querer mejor' no de 'querer más'»
Carmen Benítez , Psicóloga

4. Eliminar las malas hierbas o separar lo importante de lo accesorio

Lo que no se habla, se inventa o se imagina. Para la psiquiatra y sexóloga Yolanda Morant la clave del éxito de una relación de pareja reside en entender que, además del «tú» y del «yo» hay un participante más en la ecuación amorosa con el que no siempre contamos: la «relación». Y para que la relación en sí fluya y funcione es importante la comunicación. Nos permite sentir que nos cuidamos al expresar con respeto nuestros deseos y necesidades, a la vez que respetamos los de nuestra pareja. Comunicarnos permitirá poner en común nuestras opiniones sobre distintos aspectos o situaciones que se nos presenten en la vida en pareja. Y lo más importante, permitirá resolver conflictos de forma eficaz, reconocer y subsanar vulnerabilidades y fortalecer la pareja.

Recordemos que los conflictos son inevitables, que sencillamente aparecen cuando nuestra manera de pensar dista de la que tiene o manifiesta nuestra pareja. Escuchar qué tiene que decir el otro ayudará a flexibilizar nuestro pensamiento, a ver otro punto de vista y a valorar aspectos que no habíamos tenido en cuenta de modo que nos podamos asegurar de que las decisiones tomadas se han basado en el análisis de todas las posibilidades. Escuchar a mi pareja y sentirme escuchado redunda en un mejor clima de relación, permite separar lo importante de lo accesorio y, de alguna manera, quitar las malas hierbas.

5. Podar o hacer lo necesario para crecer juntos

«El amor no basta para que una relación de pareja funcione». Esta reveladora frase de la psicóloga y terapeuta Carmen Benítez nos invita a reflexionar sobre las múltiples aristas que componen el complicado poliedro de los vínculos sentimentales. Y resulta que al amor no basta porque, tal como explica, a veces no estamos maduros o bien porque venimos cargados con traumas del pasado y queremos que la otra persona los resuelva o porque no hay un equilibrio entre lo que damos y lo que recibimos o porque simplemente no hemos medido el amor. Y todo tipo de amor (con la pareja, con los hijos, con los padres, con los amigos...) tiene una medida, según aclara Benítez. Cuando hablamos del amor en pareja se trata de «querer mejor» no de «querer más».

Podar, retirar, cortar o suprimir lo viejo para dejar brotar lo nuevo, con brío, con vigor y con firmeza permite explorar un terreno virgen y sentir que crecemos juntos cada día.

6. Controlar plagas o identificar a tiempo las posibles crisis

Cuando discutes más que disfrutas, cuando empiezas a no tener ganas de tener intimidad, cuando le sacas más defectos que elogios, cuando nos sentimos infelices en la relación, cuando hay reproches y quejas constantes, cuando intentamos cambiar al otro, cuando le dejamos de admirar o cuando se pierde el respeto, la cosa va mal y es el momento de actuar para dar un paso hacia atrás (tal vez definitivo) o hacia adelante que sea capaz de reconstruir aquello que se ha dañado, según explican las psicólogas Patri Psicóloga y Silvia Congost en su obra « Diez maneras de cargarte tu relación de pareja».

Algunos buenos recursos para evitar que esa plaga (o conflicto) destruya por completo la relación son, según revela Patri Psicóloga, tener claro que estar enamorado es desear, querer, disfrutar, caminar en paralelo, querer un proyecto de futuro al lado de esa persona, tener complicidad, sentir admiración, pensar en el otro, desear su felicidad, proteger, sumar, aprender, dejarse aconsejar, comunicar y compartir. «Cuando estás enamorado vives la vida desde otra perspectiva y con otra intensidad. Estás comprometido y sabes perdonar, pues orgullo y amor se llevan fatal», concluye.

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