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Sánchez deja ataques a Núñez Feijóo y promesas a su candidato a la Xunta

Pedro Sánchez fue puntual. Gonzalo Caballero se emocionó y tuvo que poner fin a su discurso después de más de media hora. Entre el público asomó un cartel que rezaba «Gonzalo 34, Feijóo 24». Un grupo comandado por un doble de Carlos Núñez, que resultó llamarse Óscar Ibáñez, amenizó la espera con música en directo. Entre banderas de Galicia y del PSOE, rodeados de eslóganes como «La hora del cambio» (lema de precampaña de los socialistas gallegos), «Gobierno para el progreso» y «La Galicia que queremos», el secretario general socialista bendijo la puesta de largo de su candidato en el santiagués multiusos Fontes do Sar. Unas 1.500 personas —aseguraron desde el partido— dedicaron el Domingo de Carnaval a escuchar cómo el también presidente del Gobierno no defraudaba en sus esperados ataques a Alberto Núñez Feijóo y, una vez más cuando el contexto es electoral, regaba su discurso de promesas cuyo cumplimiento queda por ver en función de las urnas.

Sánchez, a quien en el argot futbolero tacharían de «tribunero», animó a su público a introducir en un buscador cualquiera las palabras «Feijóo esconde». Él lo había hecho, porque sabía que se toparían con 189.000 referencias. La mayoría, para señalar —lo cual para quien hablaba le otorga categoría de auténtico— que «Feijóo esconde las siglas del PP». «¿Sabéis por qué esconde las siglas del PP? En Galicia, como en España, las siglas del PP significan corrupción, retroceso social y confrontación», proclamó. No fue la única mención al presidente de la Xunta, a quien lanzó dardos como la última protesta de descontentos con la Sanidad pública gallega, la detención de un exdirector general de Pemex, que la oposición busca vincular con insistencia a Feijóo, o la «famosa foto de los tres partidos [PP, Ciudadanos y Vox] en la Plaza de Colón, en la que también estaba Feijóo, pero escondido».

La deuda, tema tabú

La de arena, para el presidente gallego. La de cal, para sí mismo. Ristra de promesas, las consabidas en los mítines. Un «compromiso que quiero asumir y asumo con toda Galicia, el compromiso del Gobierno de España», postuló solemne. Un «compromiso» por «defender la industria gallega», «que el AVE llegue a Galicia el próximo año» y «que el Gobierno de España se va a volcar con el Xacobeo en Galicia y con Gonzalo Caballero como presidente». Salvo el tema tabú de la deuda (370 millones de euros por pagar), ni más ni menos que las grandes demandas que ha venido formulando la Xunta. Pese a haberlas desoído hasta ahora, mientras autonomías como País Vasco y Cataluña obtienen nuevas competencias y otros privilegios, Sánchez negó la mayor:«No nos importa el color del Gobierno, somos gente que anteponemos el interés general y el interés de la gente de a pie a cualquier signo político de los gobiernos autonómicos y de los Gobiernos locales».

Barriendo para casa, arengó: «Nosotros tenemos que mirar hacia delante y ser conscientes de que el próximo 5 de abril va a llegar la hora del cambio a Galicia y de que tenemos el partido, el proyecto y al mejor de los candidatos para liderar ese nuevo tiempo en Galicia». «La bandera de Galicia y del PSOEhoy la lidera como nadie Gonzalo Caballero», apostilló.

Bugallo y Abel

Caballero, al que también arroparon dos veteranos regidores como Xosé Sánchez Bugallo y su tío Abel («Galicia hoy se llama Gonzalo Caballero» fue su hipérbole más redonda) en el turno de palabra, mientras escuchaban Inés Rey y Ángel Mato, ausente por viaje la lucense Lara Méndez(sacó pecho Caballero con el poder municipal del PSdeG, no podía ser de otra forma), arrancó leyendo un guion que buscaba respaldar por qué la última década fue «la peor década de la etapa democrática de Galicia». Después comentó que mejor dejar los papeles a un lado y hablar desde el «corazón». Hubo en su discurso frases que pusieron el listón tan alto como la siguiente: «Solamente pongo por encima de Galicia a mis hijos».

Menos originales fueron sus andanadas a Feijóo, recicladas de otras intervenciones, como esa que asegura que «se convirtió en el mayor adalid de la estrategia de la confrontación», por sus reiteradas demandas al Gobierno central. O al asegurar igualmente que «esconde las siglas del PP» pero «es un referente del PP más conservador (…); cuando miréis, leed en su frente PP». Su discurso lo vertebró el conocido mensaje de que «Galicia necesita un cambio político» y que este «es un momento histórico para los gallegos». La «hora del cambio».

Entre ocasionales interrupciones por gritos de «presidente, presidente», el líder del socialismo gallego no escatimó con la primera persona. «No soy nacionalista, soy gallego, siento a Galicia, defiendo la identidad gallega con una perspectiva inclusiva», se definió. Hubo hasta repaso autobiográfico, de la escuela hasta hoy, convertido en «un hombre de partido, del PSdeG, del PSOE, y lo digo con orgullo. ¡Yo no escondo las siglas de mi organización!», clamó. Su seguidismo a Sánchez tampoco lo esconde. «Tengo la camiseta del PSdeG las 24 horas del día. Mi compromiso es Galicia. Con toda lealtad, tendré también toda la firmeza y toda la exigencia para que a Galicia le llegue todo lo que le corresponda. Con diálogo y negociación con un presidente del Gobierno que es un gran presidente para España», regaló piropos a su jefe, atento en primera fila.

Llegó, incluso, a compararse con éste: «Para ser secretario general del PSdeG tuve que superar muchas trabas durante 20 años. Hice mi travesía del desierto, vengo muy curtido, tengo mucho aguante. Tengo también un máster en resistencia». En la recta final, se emocionó al reivindicarse: «Llevo dos años dedicado íntegramente a este partido». Ahí tuvo que detenerse por unos instantes, superado por el trance. Finalmente, con la voz entrecortada, trató de hilvanar otra frase: «Quiero decir a mis hijos, espero que sobre todo uno, que tiene una diversidad funcional...». Incapaz de seguir, concluyó y se refugió en el brazo de su líder.