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Robert Moreno: "La selección fue un aprendizaje, he borrado todo lo malo"

Robert Moreno (Hospitalet de Llobregat, 1977) podría hablar de fútbol hasta que se agotara la batería de la grabadora. Su desbordante entusiasmo y su elocuente afán didáctico llegan intactos desde Milán, donde se ha establecido tras su breve episodio en el Mónaco.

Usted siempre habla de la ocupación de espacios.

El fútbol que se puede aproximar al éxito con mayores garantías es el basado en el dominio de los espacios. Y no sólo hoy y ahora, sino que también lo vimos en el pasado y lo veremos en el futuro. Un fútbol donde la táctica se pone al servicio de los jugadores y no a la inversa. Se trata de un estilo propositivo, no reactivo. Un estilo que quiera ser protagonista y no que sólo pueda crear en función del adversario.

Este modelo triunfó durante la última fase final de la Champions.

Con sus diferencias, que son evidentes, Bayern, Leipzig y Atalanta asumen este estilo propositivo. Además, son agresivos a través de la defensa, que es otra manera de atacar. Su idea es quitarte el balón muy arriba, porque quieren estar cerca de la portería rival y allí hacerte daño.

El germen de todos ellos, de algún modo, fue el Liverpool.

Creo que sí, aunque en los 20 últimos años, en la Premier también hubo equipos fuertes y que jugaban rápido que luego no lograron nada en Europa. Al Liverpool quiero verle esta temporada, después de haber ganado Champions y Premier. Porque cuando ganas es muy difícil volver a ganar. Muy difícil. Pierdes la ilusión, ese deseo de levantarte antes que el resto, de correr un poco más.No se puede volver a ganar si repites proyecto con el mismo entrenador y no renuevas a los jugadores.

El Real Madrid sí dominó la Champions y ahora se debate en un proceso de reconstrucción.

Hay que ser muy valiente para ello. Florentino Pérez debe enfrentarse a una decisión muy impopular: sacar a los futbolistas que ganaron y cambiarlos por otros.

¿Ha quedado obsoleto esa manera de entender el juego que llevó al fútbol español, tanto a nivel de selección como de clubes, a la cima?

No creo que se haya agotado. El problema es que llevamos muchos años y los rivales se han adaptado, han aprendido a contrarrestarlo. Ese fútbol tan basado en la calidad ha de hacerse hoy cada vez más rápido. Y te pongo un ejemplo. Todos conocemos de sobra el pase que da Leo Messi a Jordi Alba. Sin embargo, ellos lo siguen haciendo. ¿Por qué? Porque lo hacen a la velocidad justa, en el momento adecuado, lo que lo convierte en imparable. El juego al pie era un medio para conseguir un fin: generar espacios en otros sitios y poderlos atacar. Mantener la esencia de ese juego es posible, pero necesitas unos futbolistas de una altísima calidad técnica, empezando por el portero. Además, se requiere una gran riqueza táctica del entrenador y un estilo de entrenamiento que sólo puedes conseguir con el paso del tiempo. Los éxitos del Barça y de la selección fueron consecuencia de muchos años de trabajo. No surgieron de la noche a la mañana.

¿Qué habrá que hacer para dominar la Champions en el futuro?

No lo sé. Lo que sí te puedo garantizar es lo que no hay que hacer. No puedes fichar jugadores que vayan contra la idea del club, ni dar tumbos, cambiando un entrenador cada cuatro partidos. No creo que vaya a predominar un estilo, pero sí necesitas trabajo, continuidad y profesionalidad en todas las áreas: secretaría técnica, cuerpo médico, directivos... Además, el entrenador debe someterse a una formación contínua para poder ir por delante del resto. Muchos se obsesionan con su sistema y no salen de ahí, pero para mi manera de entenderlo, entrenar es adaptarte. En el Bayern de Hansi Flick veo cosas que ya las vi en Guardiola. Y él no las ha dejado de hacer porque las hiciera Pep.

¿En qué destacan los bávaros por encima del resto?

En primer lugar, no podemos olvidar que han tenido que esperar siete años para ganar la Champions. Y para ello debieron renovar su plantilla. Desde aquí veo todas las semanas a Franck Ribery en la Fiorentina. No se ha retirado, pero el Bayern le dijo que se tenía que ir y dejar hueco a futbolistas como Kingsley Coman o Corentin Tolisso, a quienes no querían en Francia o Italia. Flick ha sabido establecer unas dinámicas de juego que les permiten jugar a esa velocidad y llegar al remate. Tras revisar su partido ante el Atlético te das cuenta de su increíble capacidad para ocupar los espacios e intercambiar posiciones. En ese aspecto es muy superior a la mayoría de equipos europeos. Ademas, cuentan con una fuerte estructura a nivel directivo, liderada por ex jugadores. Cuando ven que un entrenador no funciona, lo cambian. Y así lo hicieron con Nico Kovac, pese a que les había hecho campeones de la Bundesliga.

¿A quién considera usted el entrenador más influyente del fútbol actual?

Me cuesta elegir, porque no creo que sólo sea uno. Me parece que existen escuelas o estilos, creados por personas que no son siempre reconocidas. En cualquier caso, ahora mismo podría nombrar a Jürgen Klopp o Pep Guardiola, pero tampoco me quiero olvidar de alguien como Diego Martínez, que ha demostrado en el Granada que con seriedad, trabajo y continuidad puedes hacer algo grande. Pep intenta cambiar siempre cosas, evolucionar, aunque sin modificar su estilo, en corto y asociativo. Para ello necesitas riqueza táctica, interactuar con los jugadores para extraer nuevas ventajas. Y si no lo haces, terminarás cayendo. Lo importante es ser genuino y no alguien que copia. Tener tu estilo, defenderlo y tratar de buscar el éxito. Lo esencial es la capacidad de adaptarte y cambiar.

Y a nivel personal, ¿cuáles fueron sus referentes?

Desde Johan Cruyff a Louis van Gaal, cuyo trabajo tuve la suerte de conocer desde dentro. También descubrí cosas muy interesantes en Frank Rikjaard y en José Mourinho. No obstante, casi siempre te fijas en el que gana y eso es injusto. Marcelo Bielsa, que no ha ganado ningún título, es también alguien muy influyente. Ha demostrado que con algo tan contrario a mi forma de pensar, como las marcas hombre a hombre por todo el campo, puedes tener grandes resultados. Parece fútbol antiguo, pero es como los pantalones de campana o pitillo, que siempre vuelven. Bielsa me encanta por lo que comunica, lo que dice. Sus respuestas tienen contenido y no son el clásico comodín. Él no cree que los micrófonos representen a un enemigo que te quiere destruir. Quien piense eso se hace pequeño y demuestra su poca capacidad de defender sus argumentos.

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Dentro de unos días se cumplirá un año de su último partido con España. ¿Después de este tiempo, se arrepiente de algo?
No, no, no, no. Durante la última rueda de prensa como seleccionador me dijeron que me pusiera nota y dije que un

10. No sé si se pudo percibir como algo prepotente, pero me refería a que lo había dado todo. Seguramente lo podía haber hecho mejor o peor, pero dejé todo lo que tenía dentro, no le pude dedicar más horas. Fue la tercera vez en la historia que durante una clasificación para un gran torneo no se perdía ningún partido. Estoy muy orgulloso de lo que hice. Se me encomendó una tarea muy complicada y la cumplimos con creces, jugando bien, clasificándonos sin apuros y con la gente enchufada.

¿Pesa más la nostalgia por lo bueno que la tristeza por lo malo?

No es nostalgia, sino el recurso, muy humano, de borrar todo lo malo. Fue un aprendizaje para la siguiente etapa. Me acuerdo de todo lo bueno, de todo lo que aprendí, del cariño de muchísima gente y de los jugadores. Claro que siempre hago autocrítica, pero me la intento quedar para mí, porque con cualquier cosa negativa que digas te sacan un titular y esa es la etiqueta que queda.

Tras su despido en el Mónaco, ¿cómo afronta el futuro?

Quiero ser entrenador durante 10-15 años. Soy un afortunado, porque hago lo que me gusta, lo que quise hacer toda mi vida. Soy competitivo, intento conseguir lo máximo. Como cualquier persona en su vida, porque no conozco a nadie que quiera empeorar. Todo el mundo quiere tener siempre un nivel superior. Es humano, es lo que nos hace sobrevivir. Lo que persigo siempre es tratar de ser mejor. Mi principal competición es contra mí mismo. Ser hoy mejor que ayer. Ser mejor entrenador, mejor padre, mejor marido, mejor persona. De palabra todos se permiten dar consejos, pero luego hay que ponerlo sobre el verde. El verde es el que nos pone a todos en nuestro sitio. Lo que habla por ti, lo que te representa, no es lo que dices, sino cómo actúas.

¿Y cómo actuó usted?

En la selección tienes un espacio muy limitado, pero mi fortaleza fue y sigue siendo la táctica. Mi bagaje, mi influencia fue tratar de ayudar a sacar lo mejor de cada jugador de forma coordinada, con una idea colectiva.

Su mejor partido, quizá, fue el 1-2 ante Rumanía...

Me siento muy orgulloso de lo que vimos aquel día, porque salió todo lo que habíamos hablado. Disfruté mucho con cómo los futbolistas eran capaces de coordinarse a esa velocidad y cubrir los espacios tanto en ataque como en defensa.

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