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Ricardo Díez: «Esta crisis puede hacernos relativizar cosas que creíamos importantes»

Ricardo Díez Muiño suele instalar su centro de operaciones en la mesa del comedor. «Allí trabajo junto a mis hijos», explica. Cada uno va a lo suyo. Él se enfrasca en sus fórmulas y teorías sobre la dinámica electrónica en sólidos, superficies y nanoestructuras; ellos se enredan con los telestudios, como ahora se les llama. A veces emigra a una habitación, un despacho que comparte con toda la familia. Itziar, su esposa, es médica. Aunque se dedica a la investigación, ha entrado a formar parte del comité de emergencias del Hospital Comarcal del Bidasoa. «Cada vez que sale de casa o vuelve le decimos que está salvando vidas», dice Ricardo. No andan descaminados.

El irunés Díez Muiño es el director del Donostia International Physics Center (DIPC), un centro de referencia internacional que tiene entre sus líneas de investigación las propiedades electrónicas a nanoescala, la fotónica y plasmónica o la química computacional . Lo que hacen suena interesante pero hoy por hoy no parece que hallar alguna nueva propiedad electrónica de un sólido sea una prioridad. Lo prioritario, lo verdaderamente urgente, es buscar la manera de derrotar al coronavirus.

Y sin embargo, algo sí que hacen. La crisis sanitaria en la que estamos envueltos ha servido para unir a la comunidad científica, que ha puesto en su foco de mira al Covid-19. Desde distintas disciplinas se intenta un acercamiento directo o tangencial al enemigo; se buscan maneras de detectarlo, de prevenir, de sanar, de evitar que algo parecido vuelva a ocurrir. «Algunos investigadores del DIPC se están dedicando a intentar entender el coronavirus desde el punto de vista matemático. Usan sus conocimientos para aprender más sobre la propagación del virus», revela Ricardo.

Conocimiento experto

No son los únicos en el centro de investigación donostiarra. «Varios físicos del DIPC están desarrollando herramientas de imagen para detectar virus», afirma su director. Es como si las ciencias básicas, las que las administraciones observan de reojo mientras adulan a las aplicadas porque traen resultados a corto plazo, hubieran levantado la mano para recordar que ellas, las de los teoremas y fórmulas en las pizarras, también pueden salvar vidas.

Quizá lo que está ocurriendo sirva para cambiar la manera de hacer o de ver la ciencia. Puede, como sostiene Díez Muiño, que «sirva para mostrar la necesidad de conocimiento experto». O puede que no valga para nada, porque tampoco lo dice con mucha convicción. «No estoy seguro de que una crisis de este tipo permita interiorizar una serie de ideas», confiesa.

Pero ellas, las ideas, siguen ahí aunque no se interioricen. «Hay distintos aspectos en los que la ciencia es útil», explica el director del DIPC. El más visible es el de la aplicación inmediata, la que responde sin dudar a la eterna pregunta de 'esto para qué sirve'. El otro es el conocimiento previo, el cimiento sobre el que se asientan los demás, «el que nos permite enfrentarnos a acontecimientos inesperados», afirma Díez Muiño. «Gracias a la ciencia básica sobre los virus y su propagación podemos reaccionar a la crisis y combatir al coronavirus», añade.

Nadie sabe lo que sucederá después, cuando la amenaza haya desaparecido. De momento, ya se han producido cambios que puede que repercutan en el futuro. Una parte importante de la esencia del DIPC es la internacionalización, el intercambio de investigadores de renombre. Es un centro que acoge visitantes del mundo entero, pero esto ya es cosa del pasado. Los que estaban en Donostia cuando empezó la crisis se han ido y los que pensaban venir han cancelado sus desplazamientos. «Veremos cuándo podrán volver, o igual lo que hay que preguntarse es cuándo podremos viajar o cuántos viajes de los que hacíamos antes son ahora necesarios, porque esta crisis puede hacernos relativizar cosas que considerábamos importantes».

Investigación

Lo que sí sigue adelante es la investigación en el DIPC, aunque no toda. «Tenemos muy asumido el teletrabajo. Muchas veces nos quedamos en casa para escribir un artículo o desarrollar una teoría», afirma Díez Muiño. Además, añade, «los laboratorios generan tantos datos que se necesita tiempo para analizarlos». También se mantiene casi a pleno rendimiento el superordenador del centro, donde los investigadores pueden realizar desde casa simulaciones de galaxias y propiedades atómicas. Pero no se puede decir lo mismo de la actividad experimental y los trabajos en grupo, que han quedado paralizados.

Ricardo Díez Muiño acude a la sede del DIPC una vez por semana tan solo para comprobar la soledad de los laboratorios, que permanecen custodiados por vigilantes. Por sus pasillos ha caminado lo más selecto de la comunidad científica, incluidos muchos premios Nobel. Ahora permanecen vacíos y no se sabe cuándo volverán a la vida. Quizá, cuando todo termine, la ciencia haya cambiado.

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