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Reino Unido abre la puerta a que Navantia participe en el contrato de los barcos logísticos de la Royal Navy

Navantia mantiene sus opciones para hacerse con el contrato de los tres nuevos buques de suministro FSS para la Royal Navy, valorado en unos 1.150 millones de euros y al que opta en alianza con el astillero norirlandés Harland & Wolff.

A pesar de las presiones políticas para que el concurso sea adjudicado a un consorcio exclusivamente británico, el Gobierno de Boris Johnson reitera que la puja está abierta a la participación de compañías extranjeras “en colaboración con empresas británicas para que aporten sus habilidades y conocimientos técnicos, aunque el consorcio ganador debe estar liderado por una sociedad británica”, según un comunicado del Ministerio de Defensa, en el que especifica que el concurso estará resuelto en la primavera del año que viene.

Esta licitación, y en la que Navantia había llegado a la fase final, con una propuesta de diseño junto a la firma británica BMT, fue aplazada a principios de noviembre ante la incertidumbre generada por el desenlace del Brexit y la celebración de elecciones generales en el Reino Unido. 

Los medios británicos interpretaron este aplazamiento como una victoria para los sindicatos, los astilleros británicos y los políticos euroescépticos, que habían lanzado una campaña de presión bajo el lema #KeepBritainafloat con el objetivo de que los buques logísticos sean catalogados como armada de guerra e impedir que el concurso sea adjudicado a un consorcio extranjero.

El Ejecutivo de Boris Johnson condiciona ahora la adjudicación a que “una proporción significativa de la construcción y montaje” de los barcos se acometa en suelo británico, lo que deja la puerta abierta a que parte de estos trabajos se ejecuten fuera de las islas británicas.

Precisamente, sólo dos consorcios se mantienen en liza. Por un lado, un grupo netamente británico formado por empresas como Babcock, BAE Systems, Cammell Laird y Rolls-Royce, y que cuenta con el apoyo de la intensa campaña de presión en la opinión pública británica en la que participan medios como el Daily Mirror y sindicatos, empresarios y parlamentarios laboristas y conservadores.

El otro grupo que opta el contrato es el tándem formado por Navantia y el astillero Harland & Wolff. Este astillero es conocido por la construcción del Titanic y posee dos de las mayores grúas pórtico en Europa, –denominadas Samson y Goliath–, además de un dique seco que, juntamente con el Navantia en Puerto Real, son los dos mayores de Europa. El astillero, con un historial de éxitos en los sectores marítimo y energético, se vio seriamente afectado por la crisis del petróleo en el Mar de Norte, habiendo tomado desde su reestructuración en 2019 un nuevo rumbo de la mano de la compañía cotizada británica InfraStrata.

Navantia y la matriz de Harland & Wolff anunciaron a finales del año pasado su alianza y formalizaron su compromiso en mayo con la fundación del consorcio Team Resolute. El acuerdo recoge que en caso de hacerse con el encargo, la construcción “será compartida entre ambos miembros de Team Resolute, aunque con un enfoque claro hacia una construcción y diseño británicos”.

Navantia se comprometió a facilitar la transferencia de tecnología a Harland & Wolff, y a formar a los empleados de este astillero. En cuanto a su repercusión en España, un informe interno de la empresa al que tuvo acceso este periódico señala que “este contrato se ejecutará desde el astillero de Puerto Real”.

La ambigüedad del anuncio del Gobierno de Boris Johnson no ha sido bien recibida por los sindicatos británicos. El secretario general de la Confederación de Sindicatos de Construcción Naval e Ingeniería, Ian Waddel, lamentó que la promesa de que “una parte significativa del trabajo se realice en Reino Unido está abierta a todo tipo de interpretación”.

Desde la oposición, el responsable de Defensa del Partido Laborista, John Healy, señaló que este gobierno les ha enseñado “a mirar la letra pequeña”. “El Ministerio de Defensa debería decir simplemente que estos barcos se harán en Reino Unido en vez de anunciar que aquí sólo se construirán partes”.

El contrato licitado por el Ministerio de Defensa británico comprende la construcción de dos buques de aprovisionamiento con la posibilidad de ampliarlo a un tercero. El objetivo es que el primero de los barcos entre en servicio en 2026.

Con un desplazamiento de 40.000 toneladas y una capacidad de carga máxima de 7.000 metros cúbicos, -el doble que el buque Cantabria construido por Navantia para la Armada-, los futuros barcos logísticos británicos servirán de apoyo para abastecer de provisiones y municiones en alta mar a los portaaviones de la clase Queen Elisabeth de la Royal Navy . Entre otras especificaciones, deberán alcanzar una velocidad de 18 nudos y ser capaces de transferir cargas individuales de hasta cinco toneladas.

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