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Randle deja tiritando a Zion

En el Madison Square Garden se han visto las caras dos equipos similares, que son a la vez polos opuestos. Por un lado, ambos se encuentran en una parte parecida del proyecto, tienen una plantilla joven, dos entrenadores novatos y muchas expectativas de cara al futuro más inmediato, pero también por un presente que siempre exige resultados. Por otro, los resultados no son para nada parecidos, con una franquicia siendo una de las sensaciones de la temporada y la otra decepcionando. La crisis pantagruélica de los Knicks se ha cortado de raíz por obra y gracia de Tom Thibodeau, un entrenador que ha recibido muchas críticas pero cuya reputación interna es intachable, por trabajo, métodos y esfuerzo. De cara al aficionado nunca ha sido visto con especial interés, bien por su frialdad o sus manías, propias de otra era. Pero ha demostrado que, si bien quizá no sea el ideal para ganar un anillo, puede levantar a un equipo de la nada y generar un discurso que sigan jóvenes alocados y envalentonados, que forman un grupo heterogéneo que se une en torno a una causa común.

La crisis de los Pelicans, es la que no llega a su fin. En el año II post Anthony Davis, la franquicia no encuentra en Stan Van Gundy lo que tampoco tenía con Alvin Gentry, despedido el pasado verano tras una temporada en la que se esperaba mucho y no se consiguió nada. Van Gundy, hermano mayor del tacaño Jeff, un tacaño con mucha suerte, un mero imitador que ha demostrado en los micrófonos de la TNT una inopinada habilidad de la que jamás hizo gala en los banquillos, venía también precedido de una gran reputación, externa e interna. Estuvo muy cerca de completar una de las mayores machadas de la historia, cuando metió a los Magic de Dwight Howard en las Finales de 2009 tras una lección táctica sin precedentes en la última ronda de la Conferencia Este, ante los Cavaliers de LeBron. Tras esto, las cosas no salieron bien en los Pistons, donde juntó sin acierto banquillos y despachos, y abandonó la NBA sin completar el último de sus cinco años de su lucrativo contrato para no volver, algo que hizo para disgusto de su mujer y tras jurar y perjurar que el proyecto que tan mal acabó en Detroit iba a ser su último trabajo en los banquillos.

Stan y Thibodeau son dos entrenadores de la vieja escuela, uno con más creatividad y el otro de ideas fijas, inmutables. Pero la suerte en su retorno ha sido radicalmente opuesta: los Pelicans undécimos del Oeste, con un récord de 25-31 y a ya 2,5 partidos de los Spurs, un equipo con una plantilla increíblemente peor que la que ellos tienen. Los Knicks, inesperadamente, van quintos del Este, juegan como nunca, ganan como si estuvieran en el siglo XX y no en el XXI y están a un partido de los Celtics, en quinta posición. Y ponen tierra de por medio con ese play-in que nadie quiere jugar: tienen 1,5 partidos sobre los Heat tras ganar a unos Pelicans que han sido lo mismo que en el resto de la temporada. Un equipo con mimbres pero incapaz de cerrar un partido, quehan puesto tierra de por medio con dos tiros libres de Bledsoe que les colocaban tres arriba con 7,8 segundos para el final. Pero ni han podido defender el pase de un increíble Derrick Rose a Reggie Bullock para un triple que forzaba la prórroga, ni han podido concretar en la última jugada del tiempo reglamentario. Ni sentenciar en la prórroga, claro.

Se podría decir que, en el plano individual, Zion le ha ganado la partida a Randle, la estrella de los Knicks. El primero ha conseguido 34 puntos, 9 rebotes y 5 asistencias; el segundo, 33+5+10... con 5 robos de balón. Randle ha tenido un mal día en el tiro (11 de 28), pero ha encontrado a sus compañeros y ha conseguido compenetrarse con un excepcional Rose: 23+3+5 desde el banquillo, disputando los minutos clave. Randle ha disputado 47 minutos en el partido de los 53 posibles (Thibodeau y sus cosas) y ha sido incombustible, como le gusta a su entrenador. Bullock ha metido el triple que forzaba la prórroga y 15 puntos. Y en los Pelicans, un poco de todo y mucho de nada: 19 de un Ingram mal en el tiro (6 de 18), 10+14 de Steve Adams, 22 de Bledsoe... y la sensación, cada vez más latente, de que la temporada se les va sin poder ni saber hacer nada para evitarlo. El futuro será para ellos, pero la impaciencia es cada vez mayor, al igual que la necesidad de que las cosas tomen un nuevo rumbo. Algo que está pasando, por cierto, en los Knicks. Quién lo diría.

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