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¿Qué se siente durante un ataque de ansiedad?

La primera vez que M se sintió preso de la ansiedad fue cuando se vio en la tesitura de tener que romper una relación de larga duración: «El miedo a equivocarme, los meses que me lo estuve pensando hasta dar el paso... me costaba respirar. Sentía como si estuviera nadando en el mar y, de repente, el oleaje crece, no hago pie y solo puedo intentar mantener la cabeza fuera del agua». En el caso de Z, fue el estrés que supuso someterse a un tratamiento de reproducción asistida. «Recuerdo aquellos dos años como un sinvivir, el corazón se me salía del pecho, iba por la calle y pensaba que me caía al suelo. Temía no quedarme embarazada después de aquella inversión de tiempo, dinero y emociones, y el no saber cuándo acabaría aquello». Cuando a J le toca ir al dentista, el mes anterior siente ahogos. Para T, perder el trabajo le obligó a asomarse a un futuro incierto que le acercó al abismo. Ahora, muchos que no conocían esta sensación están empezando a sentir sus dentelladas; la Covid-19 ha sido el detonante de una pandemia de ansiedad; dicen los expertos que se convertirá en el tsunami definitivo que emerja cuando las olas que estamos viviendo cesen. Bueno, lo está haciendo ya.

Juan Castilla es psicólogo, doctorado en Psicología Clínica de la Salud, experto en inteligencia emocional, psicología positiva, coaching y gerontología. Durante la fase más oscura de la pandemia atendió gratis a las personas que necesitaron su ayuda, y conoce bien de cerca lo que ha provocado: «Los casos de ansiedad y de depresión han crecido mucho. Los datos son muy variables, pero un reciente estudio canadiense confirma que la ansiedad es uno de los trastornos psicológicos que más se han incrementado en la pandemia, algo esperable ya que está relacionado con una emoción primaria, el miedo, la variable más usada por gobiernos, políticos y medios de comunicación». Revela el experto que ese mismo estudio confirma que la prevalencia de este tipo de dolencias durante la pandemia «ha llegado a multiplicar hasta por cinco los datos de incidencia que maneja habitualmente la Organización Mundial de la Salud (OMS)».

– ¿Cómo podemos identificar que sufrimos ansiedad?

– Está relacionada con el miedo ante situaciones concretas, como el temor a hablar en público, a montar en avión o la fobia a los insectos. Y se puede asociar con situaciones cotidianas como insomnio, preocupación, angustia, bajo apetito, cansancio... Todo ello acompañado de la aparición de pensamientos distorsionados que invaden nuestra mente y nos impiden desenvolvernos en las actividades cotidianas, provocando gran malestar en las personas que lo padecen.

– ¿Y cómo contextualizamos la ansiedad en la situación que estamos viviendo ahora?

– De manera muy básica por la situación experimentada en el confinamiento y la actual pandemia. Con el mensaje de que es un virus mortal y global y que se deben tomar unas medidas excepcionales para salvar tu vida o las de tu entorno. Se vive como una amenaza real e inminente para la vida y la salud, lo que supone una inoculación del miedo global y un aumento de la sintomatología ansiosa a nivel general. Además, las medidas para reducir los contagios como el confinamiento domiciliario, el aislamiento social y el cierre de negocios, escuelas y residencias de mayores ha estado y está afectando a la población en general, pero en especial a la más vulnerable, dependientes, mayores, niños, personas con patologías psiquiátricas... dificultando su desarrollo social, emocional y mental. La inseguridad e incertidumbre sobre lo que este virus está haciendo y las medidas adoptadas, que condicionan los planes de futuro, hacen que la ansiedad nos acompañe. También la pérdida de libertades de movimiento, de trabajo, de reunión con seres queridos, los toques de queda... fomentan los cuadros de depresión. Ambas patologías pueden darse aisladas o aparecer conjuntamente.

Antonio Cano Vindel es catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y preside la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). Explica que la ansiedad es una «emoción universal que experimentan todos los individuos en mayor o menor grado. Todas las personas tienen capacidad para reaccionar con ansiedad ante determinadas situaciones. Lo mismo que todas las personas tienen capacidad para reír, llorar, enfadarse... también la tienen para reaccionar con ansiedad ante una situación de amenaza». Pero si hablamos de un trastorno de ansiedad, es decir, cuando adquiere un tinte patológico, «más de un 15% de la población general llegará a sufrirlo alguna vez, dificultando la vida normal o haciéndoles sentir experiencias muy desagradables».

En el último año, uno de cada seis españoles ha tomado al menos un ansiolítico. De hecho, España encabeza el consumo mundial lícito de ansiolíticos, hipnóticos y sedantes, según el último informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, un consumo que en 2019 –y son datos anteriores a la pandemia–, aumentó un 4,5% y superó las 91 dosis diarias por cada 1.000 habitantes. Porque en muchas ocasiones, el paciente termina con una receta de psicofármaco tras su visita al médico, debido a, se quejan los expertos, la saturación de la atención primaria, que además no deriva al especialista, y ello puede desembocar en una adicción.

La recuperación

Pero una cosa está clara, esta dolencia se puede curar: «Hoy en día –prosigue Cano Vindel– es fácil superar estas dificultades o sufrimientos, ya que estos trastornos son bien conocidos y se pueden tratar con éxito con técnicas cognitivo-conductuales y, a veces, farmacológicas». La aplicación de dichas técnicas supone para el experto una especie de «entrenamiento» que dota al paciente de conocimientos y habilidades para controlar este problema.

Los síntomas más frecuentes (SEAS)

Ámbito cognitivo- subjetivo:
La Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) habla de preocupación, temor, inseguridad, dificultad para decidir, miedo, pensamientos negativos sobre uno mismo y/o sobre nuestra actuación ante los otros, temor a que se den cuenta de nuestras dificultades y/o a perder el control, dificultad para pensar, estudiar o concentrarse... Ámbito fisiológico:
Sudoración, tensión muscular, palpitaciones, taquicardia, temblor, molestias en el estómago, otras molestias gástricas, dificultades respiratorias, sequedad de boca, dificultades para tragar, dolores de cabeza, mareo, náuseas, molestias en el estómago, tiritar... A nivel motor u observable:
Evitación de situaciones temidas, fumar, comer o beber en exceso, intranquilidad motora (movimientos repetitivos, rascarse, tocarse, etc.), ir de un lado para otro sin una finalidad concreta, tartamudear, llorar, quedarse paralizado...

Y no solo eso, el presidente de SEAS asegura que en tres meses se puede empezar a ver la luz: «Los trastornos de ansiedad se curan en un tiempo razonable en la mayoría de los casos. El tratamiento no suele exceder de unos meses, dependiendo del trastorno, su severidad, el tiempo que hace que lo sufre, la colaboración del paciente...». Al cabo de unas 10-12 sesiones (una hora a la semana) se puede espaciar la frecuencia a una cada dos semanas, hasta dar el alta. «Aunque no todos los trastornos de ansiedad son iguales», señala.

Sencillo de tratar

El psicólogo Juan Castilla explica que las técnicas psicológicas para tratar la ansiedad, aunque la causa que la provoca sea diferente, «son similares. La esencia es tratar el componente fisiológico que provoca la ansiedad (insomnio, taquicardias, sudoración, mareos…), el componente de pensamientos y afirmaciones que uno mismo se dice cuando se enfrenta a lo que le produce miedo ('me voy a bloquear', 'me saldrá mal', 'se reirán de mí', 'no puedo', 'no soy capaz', 'me voy a morir', 'no saldré adelante', 'lo perderé todo', 'que será de mí o de mi familia'...) y los comportamientos asociados a ese miedo, como el uso de sustancias o evitar la situación que produce temor, como la gente que no sale de casa, lo que provoca la aparición de agorafobias o el síndrome de la cabaña, es decir, el miedo a salir a la calle que se ha vuelto tan habitual en esta pandemia».

Advierte de que aun así se deben adaptar las técnicas a cada caso concreto «porque cada uno de nosotros es diferente y 'vive' las situaciones a su manera». Tranquiliza saber que las fobias, cuadros de ansiedad o miedos figuran entre «lo más habitual» que tratan en las consultas, «y también es de lo más 'sencillo' que trabajamos; se tardará más o menos, pero se soluciona».

– ¿Qué otras cosas pueden ayudarnos a superar la ansiedad fuera de la terapia?

– En estos tiempos de incertidumbre para el presente y el futuro, merece la pena adoptar ciertos hábitos para disminuir la posibilidad de que la situación nos pase factura más de lo común. Técnicas de relajación y de mejora de respiración son muy útiles en situaciones 'normales' y en estas épocas, mucho más. Otra recomendación básica pero muy importante es preservar las relaciones personales y de amistad, ya que somos seres sociales y estar con otras personas también es salud. Cuidar mucho la alimentación con una dieta sana y alejada de abusos de sustancias y un buen hábito de sueño. Y también se recomienda realizar actividad física de forma regular, ya que el cuerpo libera dopamina, hormona que nos hará sentirnos más relajados y vivir en el día a día

– Sin hablar tanto del monotema...

– Rodearnos de personas positivas, cuyas conversaciones no se centren casi en exclusiva en el virus, tener metas personales y profesionales y pedir ayuda ante está situación excepcional, nos servirá en nuestro día a día y hará que podamos coexistir con todo lo que estamos pasando. Estamos viviendo un momento histórico, pero podemos hacer historia cada uno, con nuestros momentos.

Un problema que afecta en mayor proporción a las mujeres

Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, aclara que no todas las personas muestran los mismos síntomas o con la misma intensidad: «Mientras unos individuos sufren mucha tensión muscular, hasta el punto de alcanzar con frecuencia fuertes dolores de cabeza, otros apenas padecen molestia en esta parte del cuerpo, pero pueden sufrir problemas gástricos, dificultades respiratorias...».

Aunque si hablamos de las diferencias individuales en las manifestaciones de ansiedad, hay una que despunta de manera notable, y es la que separa a hombres y mujeres: «Ellas puntúan más en los test de ansiedad y presentan unas tasas de prevalencia en este tipo de trastornos mucho más elevadas. Por lo general, duplican a los varones en el porcentaje de personas afectadas por esta clase de dolencia. Solamente se rompe esta tendencia cuando hablamos de fobias sociales y del trastorno obsesivo-compulsivo».

Asegura el experto que estas distinciones entre varones y mujeres pueden deberse en parte a un «componente cultural, como que ellas presentan mayor facilidad para expresar emociones negativas, pero sin duda obedecen también a razones biológicas, principalmente de tipo hormonal: algunas padecen un fuerte síndrome premenstrual, con altas manifestaciones de ansiedad, ira, irritabilidad, tristeza... los días previos a su menstruación». Considera Cano Vindel que los cambios en el estado de ansiedad de estas mujeres pueden obedecer a ciclos como el menstrual o las estaciones del año, «con incrementos de ansiedad y otras emociones negativas en primavera y otoño».

Situaciones ansiógenas (información de SEAS)

De riesgo físico:
donde peligra la supervivencia o la integridad. De evaluación:
Hablar en público, hacer exámenes o entrevistas, ser observado o supervisado, tomar decisiones... Existe la posibilidad de ser evaluado negativamente, y por tanto, de obtener consecuencias negativas. De amenaza:
interpersonal o social: tener una cita o una conversación a solas con una persona del otro sexo, ir a una reunión social, conocer gente nueva. Que exista la posibilidad de sentirse rechazado. Fobias:
como viajar en avión o ir al dentista, animales inofensivos, aglomeraciones, espacios cerrados, aguas profundas... Situaciones ambiguas o novedosas:
desconocidas para el individuo, sin experiencia sobre ellas. Situaciones de pérdida de control:
sobre los resultados, sobre su ansiedad, sobre su conducta... Cualquier situación cotidiana:
como intentar dormirse, trabajar, estudiar... puede convertirse en ansiógena si el individuo está pensando en cosas amenazantes.

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