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Qué es una relación abierta y a qué tipo de parejas les funciona

Si la comunicación y la gestión de los problemas de pareja ya es difícil de por sí, si hablamos de las relaciones abiertas entramos en un escenario mucho más complejo, no por ello imposible. Se dice eso de que «para gustos los colores», y esto podemos aplicarlo a todos los planos de nuestra vida. Si hablamos de las relaciones abiertas, hay quienes las ven distancia, otros con temor y, claro, algunos con aceptación.

¿De qué hablamos cuando lo hacemos de una relación abierta? Soraya Calvo, doctora en Educación, sexóloga y profesora de la Universidad de Oviedo, explica que nos referimos a cuando, en una relación de pareja, «los acuerdos en torno al vínculo establecido no están supeditados a la exclusividad erótica y/o romántica». «Son relaciones que no se basan en la monogamia obligatoria o exigida, por lo que los miembros de la misma pueden tener relaciones íntimas con otras personas sin que esto suponga cuestionarse el amor sentido, el respeto o la lealtad», comenta la doctora.

Abrir la mente a nuevos conceptos

Valérie Tasso, escritora, sexóloga y embajadora de LELO, indaga un poco más en la idea, comentando que una relación abierta es, en general, «tratar de solventar una serie de asociaciones conceptuales que suelen "venir de serie" cuando uno establece sus afectos en pareja, como la exclusividad del cuerpo o del deseo del otro». Todo esto, explica, tiene como objetivo el «desarticular el, posiblemente, mayor peligro que siempre subyace a la unión; el advenimiento de la casi siempre mal entendida " infidelidad"».

Si una pareja decide dar el paso, y abrir su relación, no es una decisión que se pueda «tomar a lo loco», si no que se deben tener en cuenta muchos factores. «Una buena comunicación por sí sola no sería suficiente», apunta Ruth González Ousset, sexóloga, psicoterapeuta, terapeuta de pareja y es profesora de la Universidad Autónoma de Madrid. Comenta la sexóloga que el primer paso debe ser cómo está la relación «en el aquí y ahora» y después, «hacer una reflexión en profundidad de cómo se quiere abrir la relación». «Se pueden hablar muchas cosas, con qué frecuencia se puede ver a otras personas, si se puede repetir, qué sienten cuando están con otros, si se lo van a contar o prefieren no saberlo, quiénes están en la relación principal y quiénes en las secundarias…», comenta. Añade Valérie Tasso que la regulación y el acuerdo de la «apertura» deben abordar hasta los más nimios detalles, «de forma que ningún miembro de la pareja pueda resultar dañado, sentirse despreciado o que irrumpa ese estado emocional en el que ya nada cabe negociar: los celos».

¿A qué parejas les funciona mejor una relación abierta?

Es difícil determinar en qué tipo de parejas son más comunes estas dináminas, pues tal como explica la profesora Soraya Calvo, estamos ante un concepto que todavía es un tabú, ya que «supone una ruptura determinante del concepto de "pareja romántica" y pone en tela de juicio la normatividad en torno al género y el deseo erótico». Añade que, por ejemplo, «muchas parejas de largo recorrido tienen relaciones abiertas sin que su entorno lo sepa; a modo de acuerdo de intimidad». Las tres profesionales coinciden en esto último: que es más fácil para una pareja con bagaje el adentrarse en una relación abierta. Apunta Valérie Tasso que «suele darse en parejas de largo recorrido, que se aman y que tienen la suficiente madurez emocional y el suficiente conocimiento». Puntualiza que, al referirse a parejas que «se aman», habla de que, cuando una pareja es reciente y todavía está en ese estado transitorio del enamoramiento, es difícil «explicar que la privatización del deseo no tiene por qué estar relacionada con el amor».

Concebir la apertura de una relación como una manera de solucionar los problemas a los que se enfrenta una pareja es, en opinión de la sexóloga Soraya Calvo un rotundo no. «Es un error entender el concepto de relación abierta como un parche. Si dos personas tienen problemas en su vínculo de pareja deben solucionar esos problemas de manera directa y bidireccional; nada externo puede solucionarlos, tampoco una nueva persona», dilucida. Advierte de la importancia de entender que «una relación abierta es una estructura de relación diferente a la convencional de pareja monógama; pero las personas que conforman esa relación pueden tener los mismos problemas que en una relación cerrada». Termina, recordando que abrir una relación para solventar dificultades puede convertir la situación en algo mucho más difícil de gestionar: «Se corre el riesgo de dañar a terceras personas y entrar en dinámicas relacionales de poder».

Decirle a tu pareja que quieres abrir la relación

Uno de los momentos más complicados en esta dinámica es el momento en el que uno de los miembros de la pareja planta la posibilidad de abrir la relación. Este momento «siempre delicado», apunta Valérie Tasso, suele requerir la ayuda de un profesional, para poder expresar con claridad y calibrar bien los deseos de una persona. «Aquí, evidentemente, la comunicación es fundamental, pero también lo es la sinceridad que la sustenta», dice la sexóloga y escritora.

Si por el contrario, el paso que se quiere dar es el de cerrar una relación ya abierta, apunta Tasso que lo ideal es «mostrar el desacuerdo, es decir, manifestar que no se está de acuerdo y no callarse y asumir con resignación la deriva». «El querer poner fin a este tipo de relación lo que suele reflejar es que hay algo que no ha funcionado. Hay que localizar dónde radican las nuevas problemáticas y, a partir de ahí, sentarse a negociar», explica. «Las decisiones deben poder ser siempre reversibles y debe existir un espacio lo suficientemente seguro como para plantear todas aquellas preocupaciones e incomodidades derivadas de ello», añade Soraya Calvo.

Los celos también existen

Por último, Ruth González Ousset habla de algo que ni las parejas abiertas están libres: los celos. «Una mala gestión de los celos sería similar a una mala gestión de otra emoción, por ejemplo de la ansiedad», explica y advierte que, cuando la emoción se apodera de la persona, lo mejor es ir hacer terapia. «Socialmente los celos son una emoción mal vista que hay que visibilizar. Se pueden sentir celos sin desbordarse», dice. «Los celos suelen ser, en cuanto a emoción persistente y corrosiva, de muy difícil gestión, por lo que conviene intentar actuar ante de que afloren», recomienda Valérie Tasso. Soraya Calvo, por su parte, confirma que no solo en las relaciones abiertas existen los celos, al igual que en el resto de relaciones, sino que también, ese modelo de pareja, se enfrenta «a la perdida, al miedo al rechazo o al abandono de personas que son significativas». «El problema no es la existencia de los celos, ya que es algo absolutamente humano, sino la manera en que permitimos que esos celos justifiquen conductas dañinas o poco justas con las personas con las que nos relacionamos. Sentir celos no nos exime de la responsabilidad del buen trato», concluye la profesora.

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