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Presente inmaduro para el prometedor Barça del futuro

Nada de lo que pasó en el clásico del sábado sorprendió. El Barça confirmó que sigue siendo un equipo tierno en la temporada que debe marcar el inicio de su reconstrucción: buenas sensaciones mirando al futuro, pero evidentes carencias en el presente para imponerse a los rivales directos en los partidos que deciden los títulos. Pese a las 19 jornadas consecutivas que el equipo azulgrana encadenaba sin perder, existían dudas de cómo reaccionaría ante un hipotético gol madrugador del Real Madrid. Y, efectivamente, ese tanto de Benzema se produjo y dejó tocada a la escuadra de Ronald Koeman, que se fue al descanso perdiendo 2-0 con una ingenuidad alarmante para frenar las transiciones blancas. Como el equipo promete, tiene ilusión y va adquiriendo carácter, sí hubo respuesta en la segunda parte, con un gol de Mingueza y un acoso final que quizás mereció el empate en el último remate de Ilaix Moriba al larguero.

Pero el 2-1 final fue el castigo al desconcierto inicial, excesivamente prolongado por el propio Ronald Koeman, que no acertó con la alineación y que tardó en cambiar el fallido plan inicial. El Barça de las últimas semanas había funcionado con Frenkie de Jong de líbero en una defensa con tres centrales, imprescindible para una salida de balón ordenada desde atrás, y Griezmann acompañando en ataque a Messi y Dembélé para intimidar. El técnico holandés, sin embargo, temió perderla batalla del centro del campo con un 3-4-3 con solo dos medios reales (Pedri y Busquets) y dos carrileros (Dest y Jordi Alba) y sacrificó a Griezmann para colocar a Araujo de central y adelantar la posición de De Jong a su demarcación natural en un 3-5-2.

Querer ganar un clásico con un delantero y medio es una quimera. Con Messi de mediapunta, lejos de los centrales blancos, y Dembélé de ariete corriendo al espacio se intimida muy poco. Es cierto que en algún partido importante salió bien, como en Sevilla en la Liga (0-2), pero con un factor sorpresa que en esta ocasión ya no existía. Fue un error no crear dudas en una defensa del Real Madrid que no podía contar con tres titulares como Carvajal, Sergio Ramos y Varane. Griezmann no es un aval de nada en el Barça a estas alturas, pero es el delantero que hay en la plantilla y su momento actual es bastante mejor que el de hace unos meses. Nunca se sabrá hasta dónde podría haber llegado este Barça con Ansu Fati, lesionado de gravedad en noviembre cuando ya marcaba las diferencias.

Con todo, una defensa con Nacho y Militao, con amplia experiencia internacional, da bastantes más garantías que otra con Mingueza y Araujo, prometedores, pero todavía dubitativos, subidos de un filial que la temporada pasada no pudo ascender a Segunda con el primero de suplente en el 'playoff' de ascenso. El propio Koeman ha reconocido en alguna ocasión que el uruguayo debe mejorar en la salida de balón. Pues nada, con esa característica todavía por evolucionar, de titular ante el Madrid. No se atrevió a arriesgar con Piqué, con el alta médica para viajar, pero no para jugar.

Las polémicas

Tampoco sorprendió a nadie que en el estadio Alfredo Di Stéfano, construido para los partidos del Real Madrid Castilla, se transmitiera al mundo con el OK de LaLiga una imagen de campeonato pequeño: escenario abierto de fútbol amateur sin el freno al viento y al agua de una instalación con gradas y voladizos más grandes. Allí volvió a producirse, según lamenta el Barça, el fenómeno de las dos últimas temporadas: todas las jugadas polémicas acaban favoreciendo al Real Madrid, con y sin participación del VAR. El Barça pidió falta de Lucas Vázquez a Messi antes del contragolpe del 1-0 de Benzema, reclamó que no hubo falta a Vinicius en el gol de carambola de Kroos, solicitó penaltis de Mendy a Dembélé y Braithwaite y estalló cuando Gil Manzano solo dio cuatro minutos de tiempo añadido cuando él mismo había parado el juego durante tres minutos por un problema tecnológico. Koeman no dio una buena imagen con sus quejas arbitrales y seguro que el Barça perdió por cuestiones deportivas. Pero claro, solo con una decisión diferente en algunas de esas acciones tan interpretables pudo cambiar el resultado. El 1-3 de la primera vuelta, por ejemplo, se decantó con el famoso penalti de Lenglet a Ramos cuando los dos se agarraban al mismo tiempo en una de las acciones más mal teatralizadas del central madridista.

El Barça, con todo, pese al 'goal average' perdido por un Madrid que le supera en un punto y todavía por detrás del Atlético, está en disposición de pelear por el título de una Liga que ahora aparcará para disputar la final de la Copa del Rey el próximo sábado ante el Athletic en La Cartuja de Sevilla. Y allí sí que no se admiten dudas porque no habrá segundas oportunidades.

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