La comisión parlamentaria que se creó en Andalucía en plena emergencia sanitaria con el acuerdo de todos los partidos, excepto Vox, para hallar caminos de encuentro a la hora de afrontar la recuperación económica, ha encontrado un abrupto final antes aún de que empezase a caminar.

Después de que Juanma Moreno (PP), el presidente de la Junta, y Juan Marín (Ciudadanos), vicepresidente, decidieran entregar a Vox la presidencia de una comisión que hasta entonces el partido de ultraderecha denostaba, PSOE y Adelante Andalucía decidieron rebelarse y abandonarla. Ambas formaciones no volverán a ir a las sesiones, salvo que Moreno opte por tomar la iniciativa y arregle las cosas con la oposición, según las fuentes consultadas.

Ese escenario está a día de hoy, sin embargo, muy lejano, habida cuenta de que el presidente no tiene interés en él: solo ha llamado una vez a la secretaria general del PSOE, Susana Díaz, en todo el periodo de emergencia, y otra más a la presidenta del grupo de Adelante, Teresa Rodríguez. 

La renuncia de Adelante Andalucía y PSOE a participar en los trabajos de la comisión llega además después de que en este tiempo, durante la emergencia, el Gobierno andaluz convalidase un decreto que acomete una desregulación ambiental, urbanística e incluso sanitaria, y lanzase una reforma de la ley del suelo que abre la puerta a privatizar la gestión del urbanismo, además de abrir la mano a urbanizar el suelo rústico, hasta ahora no urbanizable. Ninguna de estas decisiones es asumible por la oposición, por responder claramente a un ideario liberal.

Así, para sacar esas medidas y otras adelante, Moreno y Marín necesitan de nuevo a Vox. Una comisión sin los votos ultras dejaría a PP y Ciudadanos, que suman 47 escaños, en minoría frente a PSOE y Adelante Andalucía, que tienen 50 entre ambos. Con media legislatura por delante, no darle al socio parlamentario, con el que el Gobierno ha sacado dos presupuestos, lo que pide equivale a meterse en camisa de once varas, en términos políticos.

Valga un ejemplo: sin los votos ultras, no hay nueva ley del suelo. Y si una ley como esa, considerada estratégica por el Gobierno, fuese tumbada en el Parlamento, la escena política andaluza, estable desde que Ciudadanos se avino a sentarse de igual a igual con Vox para aprobar los presupuestos, sufriría un cambio de encuadre.

De este modo, con esta decisión, Moreno no ha querido correr riesgos –Vox ya ha abandonado la comisión para la recuperación que se ha creado en el Congreso de los Diputados– y al asumir las tesis de Vox al respecto de la manera de encarar la reconstrucción de una economía hoy dañada por el parón, el temor a la covid y por severos y profundos problemas estructurales, fía la recuperación económica, el camino a seguir, a los votos ultras.

"Ha preferido cavar trincheras", afirma un diputado de la oposición sobre la actuación en esta disyuntiva del presidente Moreno.

Falsa unidad imposible

Hace exactamente un mes, el pasado 25 de abril, en medio de uno de los peores momentos de la pandemia, Moreno buscaba una "gran alianza" entre partidos, y Susana Díaz, la secretaria general del PSOE de Andalucía, también mostraba su perfil más pactista. Teresa Rodríguez, presidenta del grupo de Adelante Andalucía, tampoco veía mal llegar a a algunos acuerdos, basados en un impulso de la sanidad y los servicios públicos. Es decir, las dos fuerzas de oposición al Gobierno andaluz, estaban por la labor de hallar puntos de encuentro.

Entonces, el portavoz de Vox, Alejandro Hernández, ya avisó a Moreno y a Marín de lo que les esperaba, si seguían por ese camino: "No se puede ser amigo de todo el mundo. Nos sorprende que piensen que desde Adelante Andalucía o PSOE de Andalucía puedan esperar una ayuda sincera y leal. Nada va a ser como antes pero hay cosas que no cambian".

Ese mismo día, los partidos acordaron que esa "gran alianza" se trabajase en el Parlamento andaluz, del mismo modo en que se hace en Madrid, un grupo de trabajo que Vox ha abandonado ya.

El 6 de mayo pasado, Hernández manifestó lo siguiente en el Parlamento: "Esta comisión es un ardid, una excusa para aumentar la exposición en los medios de los grupos proponentes. […] Hacen falta lealtad y honestidad política y no una falsa unidad imposible, cuando PP y PSOE se enfrentan en el Parlamento nacional y con su socio de aquí, Ciudadanos, pactando con el Gobierno una prórroga del estado de alarma".

"Cada pleno y cada comisión se pone de manifiesto que hay dos modos de entender la economía y la gestión de lo público, el liberal y el socialcomunista de PSOE y Adelante Andalucía. ¿A qué acuerdos de recuperación vamos a llegar con quienes defienden los modelos cubano o venezolano? Es pactar la reconstrucción con la empresa de demolición", agregó Hernández.

"Quien tiene la obligación de liderar la salida de esta crisis es el Gobierno de la Junta, son sus consejeros quienes han de reunirse con todos aquello que tengan algo que aportar. Y a nosotros, en esta cámara, nos corresponde fiscalizar esas actuaciones y sus resultados", remachó.

Así, por la vía de presidir una comisión en la que no creían, que era "un ardid", es como Vox ha logrado imponer sus tesis otra vez a PP y Ciudadanos y ha acabado con "una falsa unidad imposible". A la hora de la verdad, una vez más las "tres patas del cambio", los tres socios que acabaron hace un año y medio con la hegemonía socialista en la Comunidad, en expresión del consejero de la presidencia, Elías Bendodo, siguen demostrando solidez y sostienen sin grandes sobresaltos al Gobierno.

Las medidas para la recuperación llevarán así el sello de los acuerdos entre las tres fuerzas. En el Gobierno andaluz se trabaja además ya con documentos sobre la recuperación, tal y como reclamó Vox, según las fuentes consultadas.

Según ha podido saber Público, como mínimo el domingo por la tarde, después de la manifestación contra el Gobierno de España convocada por los ultras, el acuerdo entre Vox, PP y Ciudadanos estaba ya cerrado, si es que no lo estaba mucho antes, desde el principio.