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¿Por qué ha cambiado Zidane y ahora sí quiere a Bale?

Busca el gol que antes le daba Cristiano, de ahí su postura con Bale, en quien confía en su puntería y su fortuna, pese a las lesiones.

Zidane, durante el último entrenamiento del Madrid en Valdebebas. EFE

Este martes Zinedine Zidanedefendió con determinación a Gareth Bale, un jugador del que terminó bastante harto en su primera etapa en el banquillo blanco. No porque cuestionara su talento, sino porque no entendía su pirámide de intereses vitales. Llegó a la conclusión de que el fútbol no estaba en la cima de la misma, algo inexplicable para un loco de la pelota como él, capaz de regresar al olor de la hierba de Valdebebas sólo nueve meses después de haber dado el portazo. Cansado de labores domésticas en casa y mucho antes de lo que seguramente el sentido común recomendaba, aceptó la llamada del club de su alma. Pronto comprobó, en ese horrible fin de temporada pasada, que los motivos que le empujaron a marcharse tras la final de Kiev se habían hecho carne. El equipo era casi el mismo, pero faltaba el hambre general y el gol particular de su mejor artillero.

Desde que retomó el mando, su Madrid marca 1,6 tantos por partido, justo uno menos que en su anterior etapa. Por detrás concede ahora casi lo mismo que antes: 1,12 contra 1,09. Si pone la lupa sólo en esta temporada, al menos confirma que defensivamente algo han mejorado. La media se ha redondeado a la baja: 14 goles en 14 encuentros, uno por tarde.

En ataque es lógico que Zidane eche la culpa al inmenso hueco dejado por el mejor goleador de la historia del club, un Cristiano Ronaldo que incluso en funciones grises generaba un poder de intimidación que ahora cuesta encontrarlo en el vestuario blanco, Sergio Ramos aparte. Y se trata de un defensa. Pero en ese rango de high class, Zidane, a pesar de todo, sigue incluyendo a Bale.

Ni ha cambiado su forma de ser ni tampoco su calidad en el campo, superior -cree el francés- a la competencia que puede encontrar en la plantilla. Tiene experiencia, gol, un desborde en velocidad único y fortuna. Esta última virtud, a ojos de ZZ, vale su peso en oro. Siempre pensó que sin suerte en el fútbol poco camino se puede hacer. Con Keylor Navas, su portero favorito en el ciclo ganador de Champions, le sucedía algo parecido.

Vía práctica

Una vez aceptó que Bale no iba a salir el pasado verano, atascado sin ofertas que le pagaran su sueldo, Zidane decidió sacarle todo el partido posible. Optó por la vía más práctica. Por eso comenzó a ponerle de titular desde el primer encuentro de Liga y por eso este martes le defendió con llamativo entusiasmo, el mismo que mostró a finales de julio en aquella famosa rueda de prensa donde le animó a cerrar cuanto antes su adiós. Ahora le quiere a su lado. Necesita, sobre todo, sus goles. Algo que este miércoles tendrá que darle otro ante el Galatasaray, cita importante para encarrilar la clasificación a los octavos de la Champions. Un triunfo la dejaría a tiro.

«Es una tontería eso de que me gustaría que se marchara en enero. Se lo digo a nuestra afición. No es así. Quiero que esté hasta final de temporada», afirmó, dejando ese junio de 2020 como muro, sin ir más allá. Quién sabe el futuro.

«Él es el primero que sufre cuando no está bien», comentó en la previa del duelo contra los turcos, donde tampoco estará Bale. Lleva sin jugar desde su último partido con su selección, el 13 de octubre. De ese duelo ante Croacia salió con unos calambres que derivaron después en ciertos problemas musculares que siguen bajo secreto de sumario. No es el único que se ha amparado en la Ley para evitar que sus partes médicos se hagan públicos. James Rodríguez también lo ha hecho. «No está listo para entrenar con normalidad», repetía Zidane, sin poder vaticinar el horizonte inmediato del delantero que precisamente el martes volvió a ser citado por Gales.

¿Enlazará un compromiso internacional con otro sin jugar ni un minuto con su club? Podría ser, aunque su entrenador espera poder contar con él el sábado en Eibar. Lo que haga después con su selección ya no es asunto suyo. Ante las fechas FIFA, sólo le queda rezar para evitar lesiones. Nada más. «Veremos si puede estar con su selección», lanza. Bale, como Modric, se juegan el pase a la Eurocopa en las últimas dos jornadas de la fase de clasificación.

El francés, además, quiso poner un rutinario ejemplo para explicar que no tiene ningún problema personal con el futbolista: «Nos decimos buenos días cada mañana». Más cariñoso se saluda con Vinicius, al que volvió a dejar fuera de la lista de convocados.

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