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«Podré contar que sobreviví a un cáncer y a una pandemia»

Lydia Cuestas va a celebrar dentro de unos días su 37 cumpleaños totalmente sola, confinada en su casa por una doble razón: la pandemia le pilló en plena lucha contra un cáncer de estómago que le detectaron en diciembre. Vitalista e inquieta hasta el extremo, ha conseguido conciliarse con su nueva situación y se está cuidando al máximo, tanto que desde que se decretó el estado de alarma no ha entrado nadie a su casa, «por muy mal que me encuentre».

A Lydia le llegó el cáncer cuando estaba acostumbrada a no parar, porque a su trabajo en una oficina le sumaba actuaciones como cantante en bares y hoteles y clases de teatro, así como el doblaje de series de dibujos animados japoneses. Muchos niños reconocerían su voz si la escucharan cantar, porque ha versionado el tema de apertura y cierre de 'Supergol' y 'Hello Kitty', entre otras. También tiene un canal en YouTube, varios discos a la venta, y formaba con Marta Mateo el grupo 'Charm'. Desde enero, recibe quimioterapia en vena cada 21 días y entre medias toma la medicación que le han prescrito, por lo que hay días mejores y peores. «Hasta que llegó el confinamiento solían venir amigos y familiares a acompañarme cuando me sentía peor por la 'quimio', casi nunca estaba sola; también daba paseos por mi zona e incluso iba a comprar al súper, aunque con precaución».

Sus médicos le habían advertido de que no moriría por el cáncer, pero sí podría ocurrir por culpa de una gripe. Así que el confinamiento le pilló concienciada y cortó radicalmente todas las visitas. Ahora no sale para nada y la compra se la dejan en el jardín de su casa sus familiares, a los que saluda, a distancia, desde el salón.

Lydia tiene miedo porque hoy le toca sesión de 'quimio' en el hospital y teme que pueda contagiarse

«Aquí me siento tranquila y segura, incluso el médico decidió que no me hiciera las pruebas habituales entre sesiones de 'quimio' para evitar al máximo mi exposición al virus y me traen desde el hospital a casa las medicinas que yo, antes de tocar, desinfecto», comenta.

Sin embargo, hoy le toca ir a La Arrixaca, a la sesión de quimioterapia, porque no se puede parar el tratamiento. «Reconozco que estoy muerta de miedo y algo agobiada» por tener que salir de casa y por todos los papeles que le han hecho leer sobre la asunción de responsabilidades: tiene que sentarse en el coche en una sábana que habrá que desinfectar; llevar doble ropa para quitarse la de la calle y mantener la mascarilla y los guantes todo el tiempo.

Además, va a tener que estar sola las cinco horas que dura el proceso, sin el acompañamiento que es habitual en estos casos. «Y cuando llegue a casa, no tengo más alternativa que seguir así, esté mejor o peor».

A Lydia le quedan dos sesiones (la de hoy y otra también en abril), tras las que llegarán las pruebas que determinarán si está limpia. «Con un poco de suerte, el tratamiento y el confinamiento por el virus terminarán a la vez, y podré decir que he sobrevivido a un cáncer y a una pandemia», afirma optimista.

Considera que Europa «ha pecado de soberbia» en su postura inicial hacia el coronavirus, pensando que esas cosas 'solo pasan en China', «y la gente ha tenido que ver las cifras, o incluso conocer casos de contagiados entre personas cercanas para creérselo; el miedo es lo único que mantiene a la gente en casa».

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