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Pilar Bacas retrata la posguerra en un libro basado en la condena a muerte de su primo

En la Feria del Libro de Cáceres, que finalmente no se celebrará a causa de la pandemia, se iba a presentar la última novela de la cacereña Pilar Bacas Leal, 'Patio en sombra', un delicado encaje de bolillos en el que cinco personajes cuentan, en primera persona, un hecho que les marcaría la vida: un robo a mano armada a estraperlistas.

Pilar Bacas parte de un hecho real, un secreto escondido en su familia. «Yo tenía un primo del que no se hablaba, porque había estado en la cárcel», recuerda la escritora. La mayoría de los familiares no querían saber de él. «Se llamaba Darío Mateos Bacas y mi padre le invitó a que nos visitara en Cáceres cuando salió de la cárcel, en donde había estado 15 años». Según los cálculos de la autora, le vieron en julio de 1959. «Mis hermanas y yo no lo habíamos visto nunca. Era muy moreno, con un bigote muy negro. Hablaba mucho y era muy simpático. Se fue a vivir a Sevilla, donde se hizo vendedor de máquinas de tricotar; se casó con una andaluza muy simpática y fue feliz durante más de 30 años. Se murió en 1996, con 82 años».

El primo del que nadie quería hablar estuvo en la memoria de Pilar hasta que volvió a recordarlo cuando murió su padre. «Mi padre dejó una abultada carpeta que contenía papeles relativos al juicio de su sobrino Darío».

El familiar de Pilar Bacas fue condenado por participar en una trama relacionada con el estraperlo de trigo

Ahí es cuando Pilar Bacas empezó a ver el libro. Indagando sobre qué había ocurrido, supo que su primo se sometió a un consejo de guerra. Él era empleado de la Inspección de Abastos de Burgos y fue acusado de que al enterarse de una transacción de 4.000 kilos de trigo, entre vendedores ilegales y estraperlistas en Huerta del Rey, él y otro se personaron armados y exigieron 3.000 pesetas a los vendedores y 10.000 a los compradores. Fue juzgado y condenado junto a otros cuatro compañeros. El 5 de diciembre de 1944, el Consejo Supremo de Justicia Militar les condenó a muerte, pena que no se cumplió aunque estuvieron muchos años en la cárcel.

El primo Darío

Su primo Darío es uno de los cinco personajes centrales de 'Patio en sombra', pero con el nombre de Alfonso Madrigal; también están cuatro personajes ficticios: su mujer, sus dos hijos, y un vendedor de harina víctima del robo. Ellos cuentan cosas que ocurren entre 1935 y 1995. Piensan y dicen cosas que se pensaban y se decían en la posguerra, en esa época de patio oscuro de España.

«Me tocó la mayor desgracia que puede sufrir un padre: tener un hijo desviado. – Dice Alfonso Madrigal – Y me avergüenzo profundamente de él. Es mejor así, que se haya ido a Francia. Allí, que haga lo que quiera. Un hijo que deshonra a su padre no merece más respeto».

«Era mejor aceptar que negarte, – afirma el personaje Madela López, la mujer de Alfonso Madrigal –, ya me lo había dicho mamá, y también mis amigas: que pensara en otra cosa y me abandonara, y que así, por lo menos no sentiría dolor. Eso es lo que hice, pensar en otra cosa. (...) Todo estaba mal visto. 'Tú das unos grititos y ya él se queda tranquilo'. Y eso es lo que hacía, siguiendo sus consejos, 'porque los hombres son así', me decían».

Los beneficios por la venta del libro, que se iba a presentar en la feria de Cáceres, irán a parar a la ONG Sonrisas en Acción

La novela también cuenta otro hecho real: cuando el hijo de Alfonso Madrigal está durante la Guerra en un pueblo, al cuidado de una mujer que es familia lejana, los nacionales matan a su hijo y lo ve el niño escondido. «Quien lo vio fue mi hermana Carmina que nació en 1930 y murió en el 2006, – indica Pilar Bacas –, ella pasó la guerra civil en un pueblo del Valle de Arán, en casa de la señora Roseta, a la que mataron al hijo».

Pedir clemencia a Franco

La escritora confiesa que este libro que ya está en las librerías (los beneficios son para la ONG Sonrisas en Acción) le llevó mucho tiempo, porque al principio pensó que la historia la iban a contar en primera persona el vendedor de harina y el condenado, pero decidió aumentar los personajes. «Llegó un momento en que el problema era encajar los personajes, y me fui tres días a una casa rural en la Sierra de Gata, con mi portátil y mi impresora. El relato de cada personaje estaba impreso en un color, y pronto tuve el suelo lleno de papeles de colores».

Una de las sorpresas que se llevó al investigar sobre su primo fue que logró encontrar en el Archivo Militar de Ferrol todo su expediente. Una vez que pudo consultarlo, se encontró con una carta de la madre de Darío pidiendo clemencia a Franco. «Pedía el indulto a Franco, diciendo que el hijo era el único sustento para su precaria existencia, ya que sólo tenía hijas solteras. La carta escrita a mano la firmaba Pilar Bacas. Me pusieron el nombre de mi tía; y allí estaba esa Pilar Bacas, con una letra y firma más elegante que la mía, suplicando a Franco. Al final ella se murió estando su hijo en la cárcel».

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