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Orgullo y pasión en un Barça que vuelve a palpitar

Dieciocho partidos, cinco prórrogas y una tanda de penaltis en 62 días de 2021, un encuentro cada tres días y medio. Puede que al Barça de Ronald Koeman no le alcance para ganar títulos. Ya perdió la final de la Supercopa de España ante el Athletic, en la Liga sigue lejos del Atlético y en la Liga de Campeones está virtualmente eliminado por el PSG tras el 1-4 de la ida en octavos de final. Pero disputará la final de la Copa del Rey el 17 de abril tras remontar un 2-0 al Sevilla en el Camp Nou de forma épica y confirmó que la temporada de transición puede ser muy valiosa para el futuro porque el equipo ha recuperado el espíritu y el alma.

Este Barça no tiene la excelencia en el juego del de Pep Guardiola ni cuenta con el tridente máagico del equipo de Luis Enrique ni presume de la fiabilidad matemática del de Ernesto Valverde. Pero tiene pasión. Y abrazarse a las emociones es una medicina fantástica cuando se viene de tocar fondo. Los jugadores, en el campo, y los aficionados, en sus casas en tiempos de estadios cerrados, se están reconciliando.

El guiño definitivo a la situación actual que vive el club es que el 2-0 que llevó la semifinal a la prórroga lo marcara en el minuto 95 Piqué de cabeza. Con el expresidente Josep Maria Bartomeu pasando una noche en el calabozo por el 'caso de las redes sociales' y a la espera de que este domingo 7 de marzo se conozca el nombre del nuevo presidente en las elecciones (Joan Laporta, Víctor Font y Toni Freixa), tuvo que ser el 'otro presidente', el del futuro, el que habla como tal cuando da la cara, quien se convirtiera en el héroe.

Forzó para ayudar al equipo en esta fase de la temporada tan compleja, reapareciendo de forma milagrosa tras una lesión de rodilla, y acabó la prórroga cojeando, sin poder darle al balón con la pierna derecha y haciéndolo solo con la izquierda. Hubo algo curativo en la actitud de un Piqué que, como muchos de sus compañeros, se dejó ir la pasada temporada con imágenes poco profesionales como su llegada al estadio a un partido en monopatín eléctrico sin casco y a toda velocidad o haciendo wakesurfing con la Liga todavía en juego en un pantano. Necesitaba dar una imagen que llegara al corazón del barcelonista. Conseguido.

Paso adelante

También fue indicativo que en un partido que se recordará siempre no fuese protagonista Messi, como si se tratase de un avance de los nuevos tiempos que se avecinan a partir de la próxima temporada, quizás sin el '10', quien acaba contrato y todavía mantiene el suspense sobre su futuro. Por si se va, el Barça tiene que aprender a volar solo. Y ante el Sevilla jugadores como Pedri, De Jong, Ter Stegen (parando un penalti a Ocampos con 1-0) o Dembélé, logrando el 1-0 con un gran disparo, dieron el paso adelante necesario bien ayudados por veteranos rejuvenecidos como Alba, Piqué o Busquets y por secundarios con orgullo como Mingueza, Lenglet, Dest o Braithwaite, autor del 3-0. Hasta Griezmann echó una mano vital asistiendo a Piqué con calidad en el 2-0 tras su tercera suplencia seguida, algo que no le pasaba desde su primero temporada en el Atlético, la 2014-15.

El fútbol ha puesto al Barça en su sitio, obligándole a valorar otra vez como se merece el hecho de jugar una final de Copa, algo que se había convertido en rutinario y poco celebrado en tiempos de abundancia y obsesiones europeas. La del 17 de abril en el Estadio de La Cartuja de Sevilla será la novena final de Copa en las últimas once temporadas, en las que en solo en dos ocasiones no llegó al último partido: en 2013 cayó en semifinales ante el Real Madrid y en 2020 contra el Athletic en cuartos. Y no la gana desde 2018, en la despedida de Iniesta en aquel 0-5 al Sevilla, porque la final de 2019 la 'regaló' al Valencia al disputarla en estado de depresión total tras el batacazo en Liverpool en la semifinal de la Liga de Campeones.

Pocos lo recuerdan ahora cuando se comenta cada día el error del club azulgrana en prescindir de Luis Suárez, que triunfa en el Atlético, pero en aquellos días de anarquía el uruguayo decidió operarse la rodilla para intentar llegar a la Copa América con su selección en lugar de esperar unos días para enfrentarse al Valencia en el Benito Villamarín. Él mismo dijo que si el equipo se hubiese clasificado para la final de la Liga de Campeones sí habría tenido paciencia. Total, solo era una Copa, el mismo título al que ahora el Barça y su amigo Messi se agarran con la ilusión de los niños del vestuario, los Pedri, Ilaix Moriba, Dest, Mingueza, Araujo... Koeman tendrá limitaciones como técnico, pero se está ganando el respeto de todos por haber devuelto el orgullo al club a la espera del aterrizaje, tarde o temprano, de Xavi Hernández.

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