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Spain

Muertes gallegas: una historia (no navideña) de fe y resignación

Como es Navidad y en breve parto a Galicia para pasarla con la familia, contaré una historia que ilustra bien cómo funciona allí la vida (y la muerte). En octubre de 2009 un hombre de 83 años cayó fulminado por un infarto durante una misa en San Andrés de Teixido. El cura, sorprendentemente, siguió oficiándola, lo cual le valió críticas de los vecinos y la prensa. La hija del fallecido fue a un programa matinal de la televisión autonómica para dar su versión y regaló los cuatro mejores minutos de televisión que recuerdo.

"Entiendo profundamente a Manuela, su voluntad de no querer llamar la atención, de no molestar, de no avisar al señor de la mesa de al lado de que tiene su silla encima de tu pie mientras te desangras porque no ha terminado su rodaballo"

Le preguntan cómo murió su padre y se enreda en una descripción de la iglesia y los bancos para rematar con un sucinto: “Y se cayó al suelo”. Le preguntan cuándo ocurrió y ella aclara cuándo no ocurrió: “Ni a la salida del coche ni fuera de la iglesia: allí”. Lo mejor llega cuando se pone del lado del cura y afirma que le parece muy bien que no interrumpiese la misa solo porque hubiese un cadáver: “¡Si ya estaba muerto!”. En un momento, el presentador musita: “Manuela, ¿comprende que nos llame la atención?”. Ella responde lacónica: “Sí, hombre, sí”, con cara de pensar “estos periodistas están locos”.

Bien, yo entiendo profundamente a Manuela, su voluntad de no querer llamar la atención, de no molestar, de no avisar al señor de la mesa de al lado de que tiene su silla encima de tu pie mientras te desangras porque no ha terminado su rodaballo. He visto ese carácter en todas las personas junto a las que crecí. Tal vez por eso no gritamos y nos odiamos siempre en silencio. Es nuestra idea, al menos la mía, de una noche de paz.

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