14s77. Esta fue la mejor marca de Mónica García (Madrid, 1974) en una carrera de 100 metros vallas. Corría el año 1999 y la hoy candidata de Más Madrid a presidenta de la Comunidad puede recordar el hito con orgullo, gracias a él llegó a las semifinales. No es la única modalidad del atletismo que practicaba la hoy política, también le dio a la jabalina, al heptatlón, al salto de altura…

Disciplinas explosivas que seguro que le ayudan para afrontar esta campaña de la que ya ha sonado el pistoletazo de salida: concentración, agilidad, firmeza ante los obstáculos, llegar en la mejor posición a la meta. Sin embargo, la carrera de García, en lo que a la política se refiere, tiene más que ver más con la resistencia, una carrera de fondo, que con la velocidad de relámpago.

"El alejamiento de la política de la realidad es cada vez más importante". El pasado 15 de abril, la de Más Madrid participaba en un desayuno informativo en el que asentaba cuál será su modo de hacer si las izquierdas consiguen desbancar de la Puerta del Sol a Isabel Díaz Ayuso y su formación obtiene la fortaleza en las urnas para ser influyente en un gobierno de coalición de izquierdas.

La demoscopia es clara en este sentido: resulta difícil de imaginar, vistos los números, que el PP madrileño no siga al frente del ejecutivo autonómico. Tan solo existe una posibilidad por la que suspiran los progresistas madrileños: que el éxito de Ayuso sea tal que acabe debilitando lo suficiente a las otras dos derechas y ultraderechas (Ciudadanos y Vox) y sumándose entre sí no les dé mayoría absoluta.

Conseguir esto no es tarea fácil, y menos en un contexto en el que los electorados diestros están hipermovilizados. Ayuso les pone y todo lo que sea derrotar a Pedro Sánchez, más todavía. Una derrota de las izquierdas en Madrid pronto sería utilizada por parte de la corte mediática para mantener una humillación en el tiempo, para intentar derrocar al Gobierno de coalición estatal cuanto antes.

Para que esto no sea así, habrían de reactivar al electorado de los barrios populares y progresistas al mismo nivel que sus oponentes. Y para ello, también habrían de pescar, en el inmenso y huérfano caladero de votos que va a dejar Ciudadanos en su deriva hacia la autodestrucción, a aquellos (si es que los hubiera) que fueran de pensamiento centrista.

"Más Madrid intenta ocupar ese espacio progresista que basa su acción política en el día a día"

Desde Más Madrid ya han hecho alguna oferta al respecto, por si cae la breva de que todavía hubiera ciudadaners y, si los hubiera, que sigan creyendo en eso de la nueva política, en la moderación, la regeneración, etcétera. "Invitamos a los votantes que quieran un gobierno decente, que no quieran dar oxígeno a la ultraderecha ni a la corrupción, a que vengan a Más Madrid, donde tienen un refugio. Somos la vacuna contra la corrupción y contra la ultraderecha", les espetó. Y es que Más Madrid intenta ocupar ese espacio progresista, alejado de dogmas ideológicos, moderno, que basa su acción política en el día a día. La ecología y el feminismo, así como los derechos LGTBI, son sus pilares argumentales y su referencia internacional el espacio verde europeo y el Green New Deal de Alexandria Ocasio-Cortez.

"Política de hormiguita", hemos escuchado en distintas ocasiones esta expresión a la presidenciable de Más Madrid. Frente a la política espectáculo que prima en estos tiempos, en la que los dirigentes buscan sonoras declaraciones y fórmulas efectistas para ganar espacio mediático, García dice preferir "solucionar los problemas del día a día" y pone como ejemplo su quehacer en la Asamblea durante estos dos últimos años en los que ha actuado, junto a Pablo Gómez Perpinyà, como portavoz real del grupo parlamentario. Un grupo que debería haber liderado Íñigo Errejón, primer candidato en los comicios autonómicos de 2019, pero que, con la reedición de las generales en noviembre de ese mismo año, vio la oportunidad de volver a la política estatal y dejar la autonómica (un poco como Iglesias, pero justo al revés).

Al estallar la pandemia, sobre todo, la candidata del partido verde madrileño vio cómo se convertía en la verdadera líder de la oposición en las cortes vallecanas por dos motivos. Primero, Ángel Gabilondo estaba como desaparecido, como congelado, como Walt Disney. Segundo, García, anestesista de profesión, conocía a la perfección y desde dentro la situación de los hospitales, centros de atención primarias, residencias… De hecho, alternaba los turnos como parlamentaria y médica durante el mismo día, reforzando turnos en UCI cuando más falta hacía. Esta combinación hizo que su cara empezara a sonar y, seguramente, sea uno de los motivos por los cuales Más Madrid es, a día de hoy, la tercera fuerza política madrileña (por detrás de PP y PSOE) según las encuestas.

"Estos comicios pueden demostrar que hay espacio para dos proyectos a la izquierda del PSOE"

La llegada de Iglesias a la precampaña madrileña no ha hecho que García haya visto reducido el feeling que la ciudadanía siente por ella. Es más, según aproximaciones demoscópicas, su candidatura estaría por delante de los morados. Hay encuestas que dicen que podrían duplicar en escaños los primeros a los segundos, otras que la diferencia es casi inexistente.

Lo interesante, de cara a futuros análisis políticos, es que estos comicios pueden demostrar que hay espacio para dos proyectos a la izquierda del PSOE. Una tendencia que se ve en otros territorios del Estado, no solo en Madrid, aunque cada uno con sus peculiaridades propias.

Más Madrid, en palabras de su candidata, se reivindicaba como una fuerza "verde y regionalista para resolver problemas del siglo XXI". Una descripción que, con matices, también concuerda con la de Compromís en el País Valencià. La originalidad territorial y nacional del Estado hace que haya distintos espacios en otros territorios que puedan fijarse en este espejo. De los resultados que extraiga la candidatura de García, podremos sacar algunas conclusiones de cómo se puede reconfigurar el espacio progresista y de izquierdas en un futuro incierto.

"Lo mental para mí es lo más duro: pienso de todo antes de competir y mi peor oponente es el miedo". Así se explica a sí misma Shelly-Ann Fraser-Pryce, atleta jamaicana campeona olímpica en Pekin 2008 y Londres 2012 y campeona mundial en Berlín 2009, Moscú 2013, Pekín 2015 y Doha 2019. Mónica García también tiene como peor oponente el miedo en estas elecciones. Quizás, por ello, esta sanitaria que, tras caminar con la Marea Blanca durante años contra los recortes del PP, llegó a la política institucional en 2015 se autodenomina como "vacuna contra la ultraderecha". Ya corre por la pista de la campaña la que tanto entrenó en las pistas de INEF. Y pelea por sumar votos contra el miedo, el cual podría sentarse por primera vez en los despachos del ejecutivo autonómico si la ciudadanía no lo impide.