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Spain

Messi y Fati, Robinson Crusoe y Viernes

Con barba de náufrago, Messi busca un lugar en el que ser descubierto por sus compañeros. Ha pasado de ser un intérprete de la conexión a entregarse a la explosión, porque, hoy, es el único camino claro hacia el gol de un Barcelona ofuscado, sumido colectivamente en la mediocridad. Mientras Luis Suárez, lesionado, apuraba el mate y el Slavia bailaba en el Camp Nou, Messi era incapaz de encontrarse con Griezmann y era incapaz, siquiera, de intentarlo. Distinto fue con Ansu Fati, el único con el que parecía entenderse, como RobiNson Crusoe con su criado Viernes, en mitad de una isla desierta de fútbol.

De Messi se sabe más por lo que transmite que por lo que dice. Las sensaciones que se aprecian en su rostro son reveladoras. El Barça es el líder de la Liga y nada está amenazado por su empate ante el Slavia en la Champions, pero no es el Barça que el argentino desea, no es un Barça con garantías para caminar en Europa, aunque Olayinka no emulara a Origi frente a Ter Stegen. Así, este año tampoco, se dice el argentino.

El empate arrancado por los checos no es un problema para la clasificación, pero lo es para la credibilidad. Hay varias formas de perder puntos, pero la más sangrante para el Barcelona es hacerlo después de perder el juego. Hay pocos equipos a los que les siente peor correr hacia atrás. En Valverde, que es quien tiene que encontrar soluciones, no se aprecia la desesperación, ni siquiera la ira, sino la resignación. Los minutos de la debacle frente al Levante fueron reveladores, con un entrenador en cuclillas, colapsado. El extremeño es un gran entrenador, algo fuera de duda. La incógnita es si es el entrenador ideal para este momento de los azulgrana, mermado en su autoestima por lo que se dijo tras Roma y Liverpool.

El Slavia prolongó el partido de Praga hasta el Camp Nou con una propuesta de riesgo: la defensa en los medios y la salida de balón innegociable, sin pelotazos. Fue atrevido en su juego pero naif en las decisiones finales, hecho que empujó al Barça hacia el contrataque, superado posicionalmente por su rival. El equipo azulgrana no es, hoy, reconocible por su juego, sino por sus nombres. Tiene los suficientes para ganar a cualquiera, pero le falta lo necesario para no perder con cualquiera.

La discontinuidad de Griezmann es alarmante. En muchas fases del partido es como si no estuviera o no lo vieran. En el pasado nunca fue fácil insertarse en el ecosistema azulgrana, pero para el francés, ahora, no es por otras causas. Messi busca más a Ansu Fati porque intuye que es el único capaz de eliminar piezas por sí mismo, más allá de que sea representado por su hermano. El argentino necesita complicidad, la empatía que tiene con Suárez y tuvo con Neymar.

Unos pasos atrás, De Jong ha de dar el paso jerárquico en los dominios de un Busquets otoñal. En el área, Piqué no pasa por el mejor momento como futbolista. Está mejor como empresario. Messi levanta la mano y los observa en la distancia con desespero. Sólo le queda su fiel Viernes.

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