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Marta Robles: "Todos somos cómplices de la explotación sexual"

«La novela no trata sólo la prostitución y la trata de mujeres con fines de explotación sexual; en el libro aparecen, además, los celos, el juego, la falta de escrúpulos, el tráfico de pastillas adulteradas, la infidelidad. Y, en efecto, todos sabemos que todo eso está ahí a nuestro lado, pero no hacemos nada, así que, de alguna manera nos volvemos cómplices. Lo más curioso es que los malos de esta novela son personas como las que podrían compartir el café con nosotros cada mañana. 'Como dice Simenon: 'Un asesino es cualquiera de nosotros un segundo antes de cometer un asesinato».

Todo arrancó hace 10 años, cuando a la periodista Marta Robles ayudó a Mabel Lozano a editar el libro El proxeneta (Alrevés), que luego se convirtió en documental, y donde se denuncian las catacumbas de los clubes de alterne y la trata de mujeres. Más tarde, Marta Robles conoció a una víctima, gracias a la mediación de Rocío Mora, cabeza visible de APRAMP (Asistencia Integral de las Víctimas de trata de seres humanos con fines de explotación sexual).

Frente a las frías cifras, de tanto oírlas, Marta Robles considera que la ficción podría ser tan eficaz o más para denunciar ese mundo. Y decidió poner la tilde en los puteros. Sin ellos, claro, no habría ni trata ni prostitución. Por La chica a la que no supiste amar (Espasa) aparece un putero habitual y otro que lo practicó hace años en unas circunstancias oscuras. Este último es el ahora detective Tony Roures y hace años reportero de guerra.

El lector viaja por África y España siguiendo los pasos de Blessing. «No se puede tener peor suerte que la de nacer mujer en Nigeria, acabar de puta en España y pillarse un cáncer de mama», se lee al comienzo del libro.

Marta Robles conoce el paño porque fue cooperante hace años en África y la India donde vio «horrores parecidos. Los escenarios de precariedad es donde el ser humano saca lo peor de sí mismo. A veces también lo mejor, pero seguro que lo peor. La situación de las mujeres en todos esos países me espeluznó. Y todo lo que rodea al sexo y a la compraventa de carne humana con mayor motivo. Cuando luego, por casualidad, conocí a una víctima de trata nigeriana, me puse a ver toda suerte de documentales sobre el país y a leer montones de libros que lo describían», añade a EL MUNDO Marta Robles, autora también de Luisa y los espejos, A menos de cinco centímetros y La mala suerte.

En el laberinto de la noche, real y de esta novela, también aparece el juego. «Su exceso, la ludopatía, es, sencillamente, una enfermedad muy seria que conduce al abismo. Cambia la personalidad y crea una serie de necesidades que pueden convertir a una persona sin problemas en otra capaz casi de cualquier cosa». El libro da fe de ello.

Además del detective Roures -ya en los 60 y un sentimental que cae simpático- otro personaje clave es su amigo Alberto Llorens, un fotógrafo que tuvo éxito y prestigio pero que ahora es víctima del olvido. De ahí pasó a la abulia y al desencanto, incluso a la avaricia. Ese tránsito, como se verá, no todos lo pueden soportar.

Hacia la mitad del libro se lee: «En España hay tres burdeles por cada hospital público y solo el año pasado Interior censó 14.000 mujeres dedicadas a la prostitución, aunque es más que probable que el número real triplique esta cifra. Hay informes que incluso hablan de 100.000. Y según los cálculos de la Policía, el 80% de ellas son víctimas de la trata». Sí, asusta. Estremece. A lo que Marta Robles puntualiza: «Es así. Realmente».

Preguntada por cinco títulos del género negro, la periodista ofrece una lista multicolor: Tarde, mal y nunca y Yo fui Johnny Thunders de Carlos Zanón, Los mares del sur de Vázquez Montalban, Ese dulce mal de Patricia Highsmith, El puñal de Jorge Fernández Díaz y Adiós, muñeca de Raymond Chandler. Sabe de lo que habla. Como del tema del que nos ocupa. ¿Qué puede hacerse ante la prostitución? «Yo soy abolicionista. No es que crea que la abolición erradique el problema por completo, porque creo que eso no es posible; pero si miramos a Suecia vemos que le va mejor que por ejemplo a Holanda, que se ha decantado por la regularización. Además, si hay algo que sé es que a los proxenetas les parece estupenda la regularización precisamente porque les facilita su negocio; así que está claro que me parece un error apostar por ella».

Faltaba el tema de las drogas, tratado desde la primera juventud: los padres no quedan precisamente bien, no se enteran de qué van los hijos. Y un asunto nada baladí como la lealtad y los límites (dudosos según quién hable y en qué momento) de la confianza en una relación. Como la vida misma, como la que trataron Charles Dickens, Stendhal, Virginia Woolf, Graham Greene y el citado Raymond Chandler, el quinteto al que rinde pleitesía la escritora Marta Robles.

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