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Marta Nosti, directora de una escuela infantil en Valladolid: «Estoy preparada para reabrir, pero no hay criterios fijados»

«Yo estoy lista para abrir. En cuanto se pueda. Hemos adaptado las instalaciones, se van a extremar las medidas higiénicas y, además, las familias nos piden el servicio. La conciliación para muchas personas se hace cada vez más complicada, porque han vuelto a trabajar y no tienen con quién dejar a los niños», asegura Marta Nosti, directora de Palotes, un centro de educación infantil ubicado en Zaratán y dispuesto a reabrir sus instalaciones en el momento en el que Valladolid ingrese en la fase 2 y tenga vía libre para hacerlo.

La desescalada programada por el Gobierno permite que este tipo de centros comiencen a prestar servicio, con prioridad para aquellas familias que no puedan teletrabajar, pero la competencia depende de las comunidades autónomas. La mayoría del sector no está por la labor, apuesta por regresar en septiembre, con el inicio del curso, hasta que no haya protocolos claros de seguridad para los niños y los trabajadores.

«El problema es que no hay un criterio fijo ni claro», critica Nosti, «pero nosotras ya estamos listas para reabrir. Se ha demostrado durante este tiempo en el que hemos estado cerradas que somos una necesidad primordial. Los niños son los menos vulnerables y, con las medidas oportunas de higiene, creo que se puede mantener la seguridad de los trabajadores», defiende la responsable de una escuela infantil ubicada en Zaratán, uno de los municipios con más población joven de la provincia. «Parece un poco absurdo que en fase 2 se permitan ya contactos de grupos de personas, haya bares abiertos, gente junta de paseo o en los parques y no se pueda abrir una escuela infantil», argumenta Nosti, con 26 años de experiencia en el sector y al frente de un centro con siete trabajadoras (incluida limpieza y cocina propia), que tiene capacidad para cien plazas, aunque estén ocupadas cerca de la mitad.

«Por eso, si hubiera límites de aforo, en mi caso no sería un problema. Son instalaciones grandes, tres plantas, patio cerrado, se pueden hacer actividades al aire libre». Y durante las últimas semanas –con sus empleadas en expediente de regulación de empleo– ha adaptado el centro a una nueva realidad.

Las familias ya no podrán acceder al recibidor o las instalaciones, sino que los niños se recibirán en la calle. Aquellos que ya puedan andar, pasarán por un felpudo de dos metros, con dos zonas diferenciadas. La primera es de desinfección (con un solución hidroalcohólica) y la segunda de secado. «Después, los niños se quitarán los zapatos que traen de la calle y los meterán en unas cajas decoradas por ellos que estarán en el vestíbulo. Antes se quitaban los zapatos al final del pasillo, ahora lo harán justo nada más desinfectarlos y entrar en el centro», explica Nosti. También antes de acceder al interior se tomará la temperatura a los niños, con un termómetro de infrarrojos (costó 62 euros). Y habrá un exhaustivo lavado de manos.

«Era ya algo muy habitual en todas las escuelas infantiles, al bajar al patio, al subir, al terminar de jugar... pero ahora se hará mucho más a menudo». «Va a ser necesaria una desinfección mayor de la que ya teníamos, en este caso con ozono. Porque los niños gatean, por ejemplo».

Este cuidado se llevará también al material del que dispone el centro. «En nuestro caso, los juguetes eran de madera, naturales. Muchos de estos juguetes los vamos a tener que retirar. Después de que un niño los haya cogido, los meteremos en unos grandes recipientes con desinfectante. La madera con el agua se combaría. Por eso tendremos que usar otro material. Antes, los niños podían coger los juguetes que quisieran. Ahora eso no será del todo posible, porque habrá algunos que no estén disponibles (se estarán desinfectando) y tampoco pueden tocarlos todos».

Marta entiende que no habrá mayores dificultades con los bebés (ocho por aula), puesto que el distanciamiento en estos casos es más sencillo. «Lo más compicado serán los niños de uno y dos años, donde guardar las distancias será más difícil, porque los niños juegan, se tocan...». En cualquier caso, recuerda que la apertura estaría prevista para la fase 2 de la desescalada. «En ese momento, ya se permitirían reuniones sociales de hasta quince personas, bodas con cien invitados, abrirían los centros comerciales... Si se siguen unas reglas de seguridad, no habría mayores problemas en una escuela infantil», defiende.

Las trabajadoras se llevarán a casa todos los días las mallas y la ropa de trabajo y se ha fijado un protocolo para que no se crucen en el vestuario. «Mi idea es abrir con el horario habitual, de 7:00 a 21:00 horas, y mantener todos los servicios de comida, merienda... Porque es algo que las familias están demandando. La conciliación va a ser necesaria. Se está volviendo a trabajar y los abuelos son una población de riesgo», defiende Nosti, quien se plantea ampliar los programas de conciliación que pone en marcha durante las vacaciones para niños de 3 a 10 años. «Habría que adaptar las actividades, pero no veo mayores peligros (más allá de la precaución) por retornar a la actividad cuando para esa etapa ya se va a poder salir a la calle y compartir juegos .

Incertidumbre y seguridad

La reapertura de los centros de educación infantil (permitida por el Gobierno a partir de la fase 2) no convence de forma mayoritaria ni a empresarios ni a sindicatos ni a la propia administración. UGT ha expresado esta semana su «preocupación» por la posibilidad de que las escuelas infantiles reabran sin que se haya fijado un «protocolo de seguridad» tanto para los menores como para los profesionales. El sindicato ha criticado la «falta de criterios claros» para abordar la vuelta a las aulas para menores de tres años y reclama «un protocolo que ofrezca seguridad ante el contagio tanto a los profesionales como a las familias y sus hijos e hijas, ya que hay que recordar que el contacto se produce no solo con los menores, sino también con sus padres, quienes dejan y recogen a los más pequeños muchas veces en brazos de estos profesionales, lo que impide mantener los dos metros de distancia de seguridad».

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Elena Granda, portavoz de la plataforma que agrupa a educadores infantiles, ha alertado de esta situación y reclamado que el retorno de las escuelas infantiles se haga al mismo tiempo que el resto de etapas educativas. La Asociación Española de Pediatría ha recomendado que el regreso a las aulas no se haga hasta septiembre para menores de seis años. En la última conferencia sectorial, a mediados de mayo, la Junta planteó al Gobierno central que ve «poco factible» el retorno antes del otoño. De hecho, la consejera de Sanidad aseguró la semana pasada que se acompasará la recuperación de la actividad a las demás etapas educativas y que no se reanudará hasta septiembre. En el caso de guaderías sin carácter educativo, se apelaría a las «circunstancias epilógicas». Comunidades que ya están en fase 2 (como Baleares, Canarias o Galicia) no contemplan la reincoporación.

Más de 150 empresas se han aliado en la Agrupación de Escuelas y Centros Infantiles Privados de Castilla y León para reclamar «claridad» a la Junta sobre su futuro inmediato. Incluso, han recurrido al Procurador del Común para expresar su «desamparo» ante la «falta de información y de protocolos sanitarios». Reclaman «líneas de ayudas para afrontar el pago de facturas y alquileres».

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