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María es 'more' María

Que María es more María a cada paso que da es un dato objetivo. Y aunque este espectáculo está preñado de subjetividades, de guiños íntimos o de códigos secretos sólo descifrables para la artista y su círculo, los extraños podemos entender sin comprender. Podemos percibir que hay verdad, hay esencia, que en More (no) More, la última apuesta de la bailaora gaditana María Moreno, hay María, más María, porque conviven la artista y, aún more, la persona.

Está María llegando al ensayo con todo su torbellino a cuestas, sus maletas y su sempiterno móvil; está María la del baile de casapuerta, con sus pies desnudos y sus caderas ondulantes, provocativas; está María la contemporánea, con un taranto desestructurado y vuelto a estructurar; está María la niña, jugando con sus castañuelas; está María la mujer, haciendo malabarismos con la vida, como mandan estos extraños tiempos.

Hay más, mucho más en More (no) More, que es un juego de palabras con el apellido de la artista, pero también es toda una declaración de intenciones, consciente o inconscientemente. Y es que quizás en el cuadro más teatral del último montaje de la bailaora que estuvo este viernes en el Gran Teatro Falla se aparecieron todas las mujeres que habitan en la mujer flamenca, en la mujer artista del siglo XXI.

Así, en una sucesión de escenas tan divertidas al comienzo como caóticas y hasta desesperadas en sus postrimerías, María Moreno y su cuadro exhiben todo el estrés que se acumula tras un montaje de estas características y el ritmo irrefrenable de la vida de la artista, que ya no solo baila... “María, báilame un poquito por soleá”, para el tremendo lío el cantaor José Valencia (exquisito) que abraza a una cansada bailaora tras una gira sin respiro que engarza con ensayos, con vestuarios, con atender a mil detalles en el móvil...Baila. Baila para ti, baila para nosotros, María, un poquito por soleá...

Y así lo hace, rendida, obediente, la creadora. “¡Viva la magia!”, rompe un espontáneo desde las alturas emocionado ante la imagen de la bailaora derrumbada en los brazos del cantaor. Y nosotros no tenemos un lema mejor que sacarnos de la manga. ¡Viva la magia!

La magia que es su soleá, a la que vuelve desnuda, a palo seco, con esos brazos que piden permiso al resto del cuerpo para alzarse a los cielos.

La magia. ¡Qué conjuro, madre mía! El que hace que la luna baje del firmamento y se convierta en un pandero que trona al compás que marca este More (no) more.More magia, more María, en el paso a dos con una silla en la granaína vestida con la magnífica bata blanca diseñada por Palomo Spain y con el baile partido entre las cuerdas de Óscar Lago, por un lado, y Juan Requena, por otro. More magia en la carrera de punta a punta para irrumpir en la alegría que Ismael de la Rosa Bola, poderoso, pregona con todo Cádiz en la boca. More magia en esa gloriosa complicidad con el imprescindible Roberto Jaén que no canta, no baila (y sí canta, y sí baila, y sí toca, y sí actúa) pero no se lo pierdan.

Más magia: la contención. Quizás ahí resida el elemento de distinción de este More (no) more con respecto a montajes anteriores. María es más María porque a veces es menos. Su carácter, su indudable poderío, carisma y arrojo –que explota y la lleva en volandas al final del espectáculo– es modulado, frenado y controlado a lo largo de toda la propuesta, yendo la intensidad de menos a más.

La magia está en los momentos cumbres enumerados, sí, pero también en las pequeñas sutilezas. En esa pierna que se asoma despacio tras la seda, en esa espalda que se arquea sin prisa, en esa precisa pose que no teme alargarse y hacer esperar al respetable. Ese es el riesgo. Y María lo asume. Sabiéndose cómoda en unos terrenos que no desdeña pero sí reserva hasta el momento justo en que decide mostrarlos. Y hasta entonces, nos deja ver un poco más, un nuevo avance más.

La lección magistral de mantón emociona, y lo sabe, y lo sabemos, pero también apuesta por un taranto de nuevas hechuras o por un número de percusión con el cajón por tangos donde su cuerpo también es caja de resonancia como si fuera miembro de aquel grupo, ¿recuerdan?, Mayumaná. Pues la ovación del respetable estuvo presente en cada uno de ellos.

Y es que el Falla habló como sólo habla el Falla cuando le han dado buena conversación. “¡Viva la magia!”, “¡María, eres única!”. “¡María, dame more!” Y María le dio al Falla lo que es del Falla. Verdad y hasta puertas abiertas.

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