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Los otros pulsos en las elecciones gallegas: del liderazgo en la izquierda al Feijóo-Génova

Detrás de la competición electoral en Galicia que enfrenta al candidato popular Alberto Núñez Feijóo con PSdG, BNG y Galicia en Común, las tres formaciones de izquierda que aspiran a gobernar juntas, se desarrollan otros pulsos secundarios, pero que condicionarán a medio plazo tanto la política gallega como la estatal. Desde el aval o no en las urnas del modelo más centrado que representa el líder del PP gallego en contraposición al de su jefe de filas en Madrid, Pablo Casado, hasta la lucha por hacerse con la segunda plaza, que se disputan PSdG y BNG y, en caso de sumar, discernir si la presidencia la ocuparía el socialista Gonzalo Caballero o la nacionalista Ana Pontón, la cara modernizadora del viejo nacionalismo "profesoral".

Las urnas serán también el primer examen de la gestión del Gobierno de coalición durante la pandemia, con los socialistas al alza y los morados a la baja y dolientes de implantación territorial. Asimismo, se medirá si Galicia sigue siendo un territorio vetado para las opciones recentralizadoras de Ciudadanos y, sobre todo, de la extrema derecha de Vox.

Una de las principales claves para resolver estas incógnitas residirá en la participación. En un escenario de pospandemia y con rebrotes activos en el territorio, los analistas coinciden en señalar que una alta abstención del sector más vulnerable, el de los mayores, que representa el principal caladero de votos para Feijóo, podría hacer tambalear la mayoría absoluta vaticinada por las encuestas. Desde PSdG, BNG y Galicia en Común entienden igualmente que la movilización del electorado progresista será crucial para voltear los resultados y combatir un hastío que resume la paradoja demoscópica de que seis de cada diez gallegos quieren un cambio, mientras siete de cada diez no lo creen posible.

El dilema estratégico del PP

Moderación buscando el centro o derechización para cubrir el flanco de Vox. Tono constructivo para diferenciarse de los de Santiago Abascal o crispación para parecerse. En definitiva, un modelo de derecha moderada y libre de ataduras con la extrema derecha o desviarse hacia posiciones de derecha radical. La transversalidad que busca Feijóo y su pretensión de adoptar un acento regionalista, aunque solo sea en lo simbólico, contrasta con el modelo de partido imprimido desde Génova, aunque en las últimas semanas se busca cuadrar el círculo potenciando por un lado el perfil más institucional de Ana Pastor, mientras se mantiene de portavoz en el Congreso la opción más rupturista de Cayetana Álvarez de Toledo para atraer al electorado de Vox.

Una reedición de la mayoría absoluta, la única de los populares en todo el Estado, sin que además logre representación Vox en la cámara gallega

Feijóo ha protagonizado choques en público con Álvarez de Toledo, reprochándole su tono y hasta de "perder los papeles" o calificando de "grave error" haber tildado al vicepresidente segundo Pablo Iglesias de "hijo de terrorista". "Entiendo perfectamente que a él no le gusten algunas de mis intervenciones, como estoy segura de que él entenderá que a mí no me gustan algunas de las suyas", le respondía Álvarez de Toledo. Dos estilos y dos estrategias distintas sobre las que también hablarán las urnas para cuya cita el candidato a la reelección ha escondido las siglas del partido y sintetizado su lema electoral en "Galicia, Galicia, Galicia".

Una reedición de la mayoría absoluta, la única de los populares en todo el Estado, sin que además logre representación Vox en la cámara gallega, legitimaría la vía Feijóo frente a la de Génova en los últimos tiempos. El tren a Madrid que el barón popular declinó tomar en el último congreso del PP, donde acabó apoyando a Casado, podría volver a ser una opción para los sectores del PP que apuestan por una estrategia menos beligerante para volver a conquistar la Moncloa.

La izquierda: soberanista o estatal

El pacto de no agresión en campaña entre las tres fuerzas de la izquierda que plantean la alternativa a Feijóo no quita que esté en juego el liderazgo en este bloque, ya sea en la oposición o un hipotético tripartito gobernando la Xunta. Las encuestas sitúan al BNG con posibilidades de superar a los socialistas, y su candidata, Ana Pontón, es la segunda mejor valorada y a quien la mayoría de gallegos prefiere para presidir la Xunta después de Feijóo, según el CIS. La marca personal de Pontón tira más que la de sus siglas, al contrario que el caso del socialista Gonzalo Caballero.

Las opciones de que por primera vez presida la Xunta de Galicia una mujer y además de formación soberanista parecen escasas, pero en cualquier caso el BNG recuperaría la hegemonía a la izquierda del PSOE, principalmente por los trasvases desde la coalición Galicia en Común que forman Podemos, IU y Anova, la escisión del BNG que lideró Xosé Manuel Beiras.

¿Un nuevo BNG?

Con una campaña de cercanía y más centrada en el eje social que en el identitario, Pontón ha modernizado las siglas del BNG al romper con la estética y discurso de los viejos cuadros de tono profesoral y universitario, que ahuyentaban al voto rural y de las clases populares a las que se dirigen. El 12-J será por tanto también la prueba para frenar o profundizar el camino hacia una renovación, tanto en liderazgos como en posiciones programáticas, donde se mantiene la ortodoxia y el control orgánico de la UPG. La propia Pontón ha sido la primera en exigir "autocrítica" respecto a decisiones de su formación en el pasado, marcando así una línea de distanciamiento al menos de cara al electorado.

El examen poscovid de Sánchez

Tantos los comicios gallegos como los vascos serán el primer test en las urnas sobre la gestión del Gobierno de la crisis del coronavirus. El debate nacional sobre esta cuestión está teniendo amplia presencia en la campaña. El presidente de GAD3, Narciso Michavila, explicaba en este diario hace unas semanas que el 12-J sería "la primera oportunidad del elector para introducir en su voto su visión de la gestión del Gobierno central".

En términos similares se expresaba el investigador principal de Metroscopia, José Pablo Ferrándiz, quien se refería a estas citas electorales como "la primera puerta electoral de esta nueva normalidad". A ello se añade que en las encuestas realizadas en el contexto de la desescalada, la ciudadanía otorgaba una mejor valoración sobre la gestión de la crisis a las administraciones municipales, seguidas de las autonómicas y en tercer lugar del Gobierno central, solo por delante de las instituciones europeas. Un sesgo que jugaría a favor de los candidatos que optan a la reelección, aunque con el riesgo de que se multipliquen los rebrotes en estos días bajo la responsabilidad de las administraciones autonómicas.

La mayor o menor desmovilización del electorado progresista tendría una lectura en clave de soporte o castigo a la gestión durante estos meses del Gobierno de coalición. Por otra parte, cierto votante de centro derecha o los más críticos con la gestión del Ejecutivo podrían movilizarse más aprovechando las urnas para castigar a Pedro Sánchez y perjudicar así las opciones de los candidatos del PSOE y Podemos. Está por determinar, asimismo, hasta qué punto sale reforzado o no el concepto de gobierno de coalición.

La implantación territorial de Podemos

Seis años después de la irrupción electoral de Podemos en las elecciones europeas, la implantación territorial de esta organización, todavía inmadura y fuente de conflictividad interna, sigue siendo uno de sus principales retos pendientes. La caída en las encuestas de la coalición Galicia en Común que lideran los morados da buena cuenta de ello, al presentar una estimación de voto entre tres y cuatro puntos por debajo de la obtenida en las elecciones generales. "No hemos sido capaces de construir una organización con suficiente implantación territorial, lo que nos hubiera dado más presencia y fuerza", reconocía Pablo Iglesias tras las elecciones municipales y autonómicas del pasado año. El líder morado pasará de puntillas por esta campaña electoral y cederá el protagonismo a la ministra de Trabajo, la gallega Yolanda Díaz.

En aquellos comicios, Unidas Podemos se quedó lejos de lograr el objetivo de incrementar el número de comunidades donde convertir sus votos en necesarios para sumar con el PSOE, limitándose a ser clave para la formación de un Ejecutivo progresista en Baleares —junto a los ecosocialistas Més—, Asturias, La Rioja y Canarias —junto a Nueva Canarias—, cuando hasta ese momento lo eran también en Extremadura, Castilla-La Mancha y Aragón, además de en Valencia, donde el pasado 28-A sumaron con PSOE y Compromís. La debacle en las autonómicas del pasado año se consumó al quedarse fuera de los parlamentos de Castilla-La Mancha y Cantabria, al no llegar al 5% necesario para obtener representación, mientras que en la Comunidad de Madrid tampoco sumaron con el PSOE y Más Madrid.

Vox: restar en Galicia para sumar en Madrid

El candidato de Vox por A Coruña —la formación no presenta candidato a la Xunta—, Ricardo Morado, está siendo el que más ha centrado su discurso en clave estatal repitiendo las ideas fuerza que utiliza Santiago Abascal para arremeter contra el Gobierno de coalición y abiertamente antiautonomista, tildando incluso de nacionalista al líder del PP. En el debate electoral de la TVG se presentó como fuerza antisistema, arremetiendo a derecha e izquierda y echando mano de los grandes hits de su jefe de filas —"Gobierno criminal", "imposiciones nacionalistas", "adoctrinamiento en las aulas" o "dictadura socialcomunista"— y siendo el único en utilizar el idioma castellano. Una estrategia más centrada en ganar votos fuera de Galicia que en la propia comunidad, donde se presentan como víctimas de las "imposiciones nacionalistas" con vistas a trasladar esta idea al resto de España.

La misma estrategia utilizada por los de Abascal en el País Vasco, donde sus posiciones les restan votos pero con ello buscan ganarlos en otros territorios. Restar para sumar. Sacrificar su presencia en estos parlamentos autonómicos para ganar ímpetu en las generales u otros territorios con electorados más afines al centralismo o antinacionalistas. La candidata de Ciudadanos Beatriz Pino, por su parte, ha moderado el discurso centralista que intensificó el expresidente de su partido Albert Rivera y ha tratado de tender la mano a Feijóo con un tono propositivo, huyendo de la crispación y enarbolando "la política útil y de centro".

La participación y la población vulnerable

Feijóo ha intensificado durante los últimos días el mensaje de que las condiciones para votar el 12-J son "seguras", tranquilizando con que "la inmensa mayoría de gallegos irá a votar y habrá una jornada electoral normal". Su principal caladero de votantes son los mayores, precisamente la población más vulnerable al coronavirus, y cuya baja participación podría voltear el escenario que atisban las encuestas. La oposición, en cambio, ha puesto el foco en la gestión de los rebrotes, pidiendo que "se ponga por delante la salud de las personas" y acusando al Feijóo de "falta de un plan ante los rebrotes".

Ya cuando se convocaron las elecciones, el líder de los socialistas gallegos, Gonzalo Caballero, arremetió contra un calendario que, dijo, "no compartimos, cuando estamos centrados en la desescalada", añadiendo que "la prioridad es dar respuesta a la crisis sanitaria, económica y social". Por su parte, el candidato de Galicia en Común, Antón Gómez-Reino, tachó la convocatoria en estas fechas de "irresponsabilidad histórica", mientras que la candidata del BNG, Ana Pontón, lo calificaba de "temeridad", advirtiendo sobre la posibilidad de que haya "un repunte en cualquier momento mucho más grave".

El CIS preelectoral de las gallegas no reflejaba una bajada de participación con respecto a los comicios de 2016, que fue del 64%, e incluso otorgaba un pequeño incremento. A ello contribuiría que la comunidad gallega fue la primera en pasar a la fase denominada de "nueva normalidad" y a la implantación del voto por correo a domicilio, sin tener que hacer el desplazamiento a las oficinas para evitar los riesgos por el coronavirus. La izquierda, por su parte, lo apuesta todo a movilizar al electorado progresista convencida de que existe una mayoría progresista que solo liderará la Xunta si acude en masa a las urnas el próximo domingo 12 de julio.

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