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Los hierbajos colonizan Barcelona

Amaranta es una okupa. Nadie la ha invitado pero ella se ha instalado en la esquina Aragó-Paseo de Sant Joan. Para entrar a vivir. Es cierto que el habitáculo estaba libre y cada vez más lleno de suciedad, con polvo, colillas… También es cierto que Amaranta disimula los despojos, porque ha ido ocupando todo el habitáculo y, si hay papeles o roña bajo sus hojas, ahora no se ven. Amaranta es una planta invasora y hoy ocupa ya buena parte del alcorque donde un día hubo un árbol. Amaranta recibe sol todo el día y se la ve con buena salud. Busca la luz, se ha ido extendiendo por encima de la acera y, en exacta dirección sur, pronto alcanzará la calzada. Ahí, los neumáticos le impedirán que siga creciendo. Si fuera por ella…

Si fuera por ella ocuparía la ciudad entera, porque las de su familia botánica, el género Amaranthus (la que nos ocupa parece ser la Amarantha spinosus , según identifica en fotografía la paisajista Esther Ribas), son imbatibles conquistadoras de terrenos salinos o yermos. Se han descrito 565 tipos de Amaranthus…

El establecimiento de servicios mínimos al inicio de la pandemia, unido a la primavera más lluviosa desde 1977 (291 litros por m2en Barcelona), a la falta de peatones por las calles y al programa de “renaturalización” que la ciudad inició en 2015, dejando que la naturaleza siga su curso, ha generado que toda clase de plantas ocupen toda clase de espacios.

De alguna manera, es el adiós a la jardinería. En muchos puntos de la ciudad el aspecto –quizás es la falta de costumbre– es de severo abandono. Hierbajos y matojos de toda clase han colonizado docenas, cientos o miles de puntos de Barcelona; en tres días, este periódico recorrió 62 km en bicicleta buscando ejemplos.

Los hay en medianas en avenidas, en los márgenes o en los centros de los parques, bajo los bancos y, sobre todo, en los cuadriláteros de miles de árboles. El aspecto de descuido es general.

Alcorques y árboles llenos de rebrotes están en los bajos del hotel Arts, a lo largo de las calles Balmes, Enric Granados, Via Augusta, Marina, Pujades, Aragó, por toda la Vila Olímpica, Salvador Espriu, paseo Sant Joan… en Portal de Santa Madrona nace un verdadero cañizal, algunos bancos de las playas olímpicas están a punto de ser engullidos por el verde, cientos de alcorques están repletos de hierbas...

El programa de “renaturalización” emprendido por el gobierno municipal aspira a que la ciudad –al menos ciertas partes– vea crecer a su criterio cualquier clase de vegetal, que a su vez atraiga la fauna que le corresponda, que a su vez se ocupe de las plagas… “Es una tendencia en toda Europa por sus beneficios ecológicos y medioambientales…”, explica Frederic Ximeno, comisionado municipal de Ecología, “entre otras cosas contra esa maleza hemos dejado de usar glifosato, un pesticida que estaba por toda la ciudad, y por eso ahora crecen más”.

En un alcorque con este veneno no crece nada en cuatro meses. Algunos siguen completamente vacíos, ciertamente.

Un alcorque sin árbol, colonizado por hierbajos de diferentes especies, como la Conyza bonariensis (la más alta). Hay unos 3.000 huecos sin árbol en Barcelona
Un alcorque sin árbol, colonizado por hierbajos de diferentes especies, como la Conyza bonariensis (la más alta). Hay unos 3.000 huecos sin árbol en Barcelona (Ana Jiménez)

La abundante lluvia y la falta de peatones y cuidados por la pandemia ha llenado la ciudad de hierbajos de toda clase

Ximeno explica que tras los calores de agosto esas plantas pueden dar esa sensación de dejadez, y que “en las próximas semanas Barcelona se pondrá a punto”. Pero la idea del gobierno local es ladear los jardines de inspiración francesa y apostar por vegetación puramente mediterránea, “que en agosto se seca y amarillea, en invierno se recupera y en primavera explota”.

“No conozco el plan del Ayuntamiento, me parece bien que se deje crecer las plantas, aunque solo si se cuidan un poco”, opina Manuel, responsable de Plantas Berta, en València 147.

El plan municipal propone dejar a su aire 17 “espacios bio”, con un total de 783.000 m2, y de “naturalizar” otros 60 “espacios verdes viarios”, es decir, áreas de “uso poco intensivo” y que suman otros 49.000 m2.

Entre estos encontramos, por ejemplo, la mediana de la avenida Paral·lel, dotada toda ella de riego por goteo, donde se alternan tramos de matojos de Conyza bonaerensis (o mata negra, yuyo moro…) que han brotado espontáneamente, tramos de plantas del género Asparagus y tramos de simple manguera, visible entre la porquería.

La Conyz no es precisamente una planta autóctona, como indica su apellido, pero es muy común en las urbes. Puede arraigar con un puñado de tierra, en medio del cemento, y extenderse un radio de cinco metros. Certificamos que brota por media Barcelona.

En el centro del paseo Lluís Companys, por ejemplo, se han acotado diez parcelas de parterres; un cartel anuncia que están en fase de arraigo. ¿Y qué arraiga? Mayormente Trifolium repens , el clásico trébol, pero con algunos vecinos que tienen su gracia: este diario localizó una tomatera, con media docena de cherrys , verdes todavía, quién sabe si procedentes de algún bocadillo. También han brotado allí, en estas semanas de “naturalización” varios ejemplares de Datura stramonium , estramonio en nombre común, que es ni más ni menos que una planta venenosa; originaria de México, vive en zonas tibias de todo el mundo, y es capaz de adaptarse hasta a un vertedero. Gracias a sus alcaloides ha sido empleada como droga, pero tiene un grave riesgo: en dosis altas mata.

“El ‘asalvajamiento’ es bueno medioambientalmente porque aumenta la biodiversidad de la ciudad, y eso beneficia tanto a la fauna como al ser humano. Y tiene el valor cultural de que se recuperan especies”, valora la paisajista Ribas. “También podemos decir que mejoran la economía de medios, limitando el uso de maquinaria, los costes de agua, mantenimiento, etc…”.

El Ayuntamiento ha creado cinco “refugios de biodiversidad” en el parque Joan Miró, en los Jardines de Valent Petit, en la Fàbrica de Ca l’Alier, en Glòries y en los Jardins dels Doctor Pla i Armengol. Cuatro áreas más –los lagos de la Ciutadella, de la plaza Gaudí y del parque de Diagonal mar y la plaza de la Sagrada Família– lo serán en el futuro. La idea es “aplicar medidas de protección de la flora como hábitat indispensable para la fauna que allí vive”, explica un informe municipal. A partir de ahora se podará solo un 35% de los alcorques de los árboles.

En muchos lugares aparece estramonio, una planta venenosa adaptable a toda clase de suelos

Se calcula que Barcelona tiene 230.000 huecos en aceras y calzadas para los árboles. En algunas vías parecen trampas para despistados; en la calle Alfambra, en Pedralbes, hay un tres en raya, tres alcorques seguidos sin habitante. Sin habitante árbol, se entiende. Llenos de hierbas. Ximeno matiza que los huecos sin árbol son unos 3.000, porque se tarda “un año, de media, en reponerlos”. En muchos casos, arrancar la raiz implica cortes de calles y trabajos de cierta duración, coste y complejidad. Mientras tanto, otras plantas los convertirán en su casa.

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