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Los cachorros de Puigdemont cambian de opinión y reclaman un ejército para Cataluña

La Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC), que en otros tiempos había sido las juventudes de Convergència Democrática de Catalunya (CDC), realizó este fin de semana una ‘convención ideológica’ de manera virtual en la que se aprobó un documento bajo el lema ‘Manifiesto ideológico’ en el que, entre otras cosas, señalan que “estamos a favor de dotar a la república catalana de unas Fuerzas Armadas propias con las que contribuir a la seguridad global en el marco de la OTAN y de la defensa europea”.

La JNC se desmarcó del PDeCAT y abrazó como líder a Carles Puigdemont. No solo acudió a la fundación del nuevo partido del fugado, Junts per Catalunya (JxCAT), sino que hizo un llamamiento a “cerrar filas” con el ‘expresident’ y a “consolidar JxCAT como organización política bajo el único liderazgo de Puigdemont y con una única estructura”. En definitiva, llamaban a dinamitar lo poco que quedaba de una Convergència moderada en pro de un extremismo independentista exacerbado. Un documento aprobado por su comité ejecutivo el pasado mes de julio señalaba que la JNC “apuesta por continuar siendo la organización política juvenil de referencia de JxCAT, aportando todo su bagaje ideológico”.

Los ‘cachorros’ de Puigdemont se quejan de que “la mayoría de jóvenes hemos crecido y nos hemos socializado en un contexto de crisis económica y social y ahora, con la pandemia del covid-19 y las consecuencias económicas que se derivan, las oportunidades para desarrollarse, prosperar y emanciparse serán escasas o estarán amenazadas (…) Por eso, creemos necesario poder expresar nuestras ideas, nuestros planteamientos y proponer nuevos modelos o fórmulas para Cataluña y los jóvenes catalanes”.

Entre otras cuestiones, en su ‘Manifiesto ideológico’, la JNC reclama un aumento de la inversión en investigación mediante la colaboración público-privada, la vacunación obligatoria, la gestación subrogada, la regulación de la prostitución, la lucha contra el cambio climático, el impulso del libre comercio y el multilateralismo como garantes del crecimiento y el bienestar, la defensa del derecho a la vivienda, pero con una “regulación que proteja la propiedad privada en caso de okupación ilegítima”, y que sea el propio mercado el que regule el precio de los alquileres.

Cambio de opinión

El posicionamiento relativo al ejército, sin embargo, es el primero de estas características que se produce en la escena política soberanista. La JNC ya había realizado en 2017 un ‘libro blanco’ (titulado ‘Azul sobre blanco. Ideas para la Cataluña Estado’) sobre un hipotético Estado catalán en el que reivindicaba unas Fuerzas de Defensa de Cataluña (FDC). En este documento, se mostraban dudas sobre la conveniencia de crear un ejército catalán en un momento en que la mayoría de los Estados europeos y la OTAN se veían obligados a incrementar sus capacidades militares. Así, no se vería desde Europa con buenos ojos que España perdiese capacidad por la secesión de Cataluña y dejaba abierta la posibilidad de desarrollarlo en un plazo de 10 años a partir de la ruptura con España.

El nuevo posicionamiento se produce en un momento en que arrecia el debate sobre la necesidad de dotar a una hipotética Cataluña independiente de un ejército, considerado en algunos sectores independentistas un elemento fundamental para poder presentar Cataluña como un Estado soberano ante cualquier país. En los partidos independentistas, este debate fue soslayado de manera consciente por no haber unanimidad al respecto.

Así, mientras que la CUP es contraria a la constitución de un ejército, en ERC y en JxCAT las opiniones están divididas. Los republicanos tienen un sector importante que considera que no hacen falta Fuerzas Armadas y en JxCAT ese sector es más reducido. El debate que se hace en amplios círculos de los posconvergentes es qué tipo de ejército sería y si debería ser de leva o bien un reducido grupo de profesionales para participar en misiones internacionales y dar visibilidad a Cataluña.

El 20 de septiembre de 2017, tras el registro de la sede de Vicepresidencia, en el despacho del entonces secretario de Hacienda, Lluís Salvadó, se encontró un documento que establecía una comparativa de los ejércitos de Austria, Dinamarca y Suiza. “Estos países tienen entre 250 y 300 efectivos por cada 100.000 habitantes, lo que sería para Cataluña entre unos 18.000 y 22.000 efectivos. La república catalana tendrá que plantearse si quiere un cuerpo de defensa y cómo será, si compuesto por profesionales o por milicias, y qué rol internacional quiere tener”, señalaba el documento en cuestión.

Este fin de semana, también se realizó el seminario ‘Modelos de política de Defensa’, organizado por la Sociedad de Estudios Militares (SEM), una entidad que, 'de facto', funciona como la sectorial de Defensa de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). La SEM ya organizó este mes de agosto una escuela de verano para definir un ejército catalán, seminario al que se apuntaron 52 jóvenes y que, según la propia SEM, “fue un éxito rotundo”.

Un ‘staff ride’ para activistas

La misma entidad ha organizado para los días 6 a 8 de octubre otro taller militar: se trata de un ‘staff ride’ copiado del ‘Manual del Ejército de los Estados Unidos’. Esta actividad consiste en un “estudio preliminar sistemático de una campaña escogida, una visita extensiva a los lugares reales asociados con esta campaña y la oportunidad de integrar las lecciones que se desprenden de cada uno. Prevé una implicación máxima de los estudiantes antes de llegar al lugar para garantizar un análisis razonado y una discusión”.

Según la SEM, la ‘staff ride’ es una herramienta “empleada normalmente en la formación de oficiales” en la mayoría de los ejércitos, pero “no se ha empleado nunca en nuestro país”. En esta ocasión, se estudiará la batalla de Talamanca, que tuvo lugar entre el 13 y el 14 de agosto de 1714 entre las tropas catalanas mandadas por Antoni Desvalls, marqués de Poal, y las borbónicas, al mando del conde de Montemar, en la que ganaron los catalanes. El delirio independentista, no obstante, sostiene que un mes más tarde, con la caída de Barcelona (el 11 de septiembre de 1714), “el Principado de Cataluña dejó de ser un Estado, perdimos nuestro ordenamiento constitucional genuino, las instituciones que nos eran propias, y nuestras fuerzas de Defensa”.

En realidad, Cataluña no era un Estado (por lo que no pudo dejar de ser Estado) ni tenía ejército propio: las tropas austracistas no luchaban por Cataluña, sino por situar en la Corona española al archiduque Carlos de Austria en lugar de al Borbón Felipe V. Reconocen, no obstante, que la batalla de Talamanca “es la última victoria pírrica del Ejército de Cataluña, que poco después sería disuelto”. Los asistentes al cursillo saldrán del campus Mundet, de la Universidad de Barcelona, el 8 de octubre. La fase de campo tendrá lugar el 10 de octubre, cuando se recorrerán a pie los escenarios de la batalla.

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