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"Los árbitros deberíamos cobrar una paga extra del Gobierno por concentrar el desahogo de la gente"

Otra semana más, los árbitros están en el ojo del huracán. Lo llevan en la sangre. Casi nunca hablan, pero sus decisiones están en boca de todos. Ni la ausencia de público en las gradas por culpa de la pandemia ni la llegada del VAR, que reduce el riesgo de error, ha rebajado el tono en torno al colectivo. "La situación respecto a los árbitros está algo mejor. Ahora existe más respeto que antes, pero siempre habrá críticas o amenazas porque alcanzar la perfección es imposible", dice Japón Sevilla.

Documentación: Rafa Molina

Documentación: Rafa Molina

Una opinión que secunda Andujar Oliver: "Hemos pasado de la noche al día, sobre todo desde los medios de comunicación. Antes había más insultos, nos machacaban muchísimo. Eso sí, al árbitro le da igual lo que digan de él. Yo, cuando empecé en esto, me disgustaba porque leía la prensa, pero después pasé de todo y mejoró. En la actualidad, los árbitros están mucho más preparados en todos los sentidos: en lo físico, en lo nutricional, en lo psicológico, en lo económico... Son profesionales al cien por cien y no hacen ni caso de lo que se dice por ahí. Y dentro del campo lo tienen más fácil porque hay siete entre sala VOR y demás, antes estábamos solos. La tecnología ha propiciado que, si antes había cinco errores, ahora sólo haya dos".

El VAR ayuda. Es "como tener un colchón o un paracaídas que a la vez divide y hace injusto el fútbol porque de Segunda para abajo no existe", según comenta Rafa Guerrero. Pero esta tecnología trae otros problemas. "A raíz de esta herramienta hay menos errores groseros, lo que mejora la salud de los árbitros. Ya no se producen goles en fuera de juego, que antes aparecía como un error común. Aunque esta tecnología parece que le da menos oportunidad al árbitro de equivocarse, si falla se le critica más. Creo que las faltas de respeto hacia el trencilla son las mismas ahora que antes. Lo que no se puede permitir, desde ningún ámbito, es que se dude de su honorabilidad. Nunca se actúa de forma condicionada ni premeditada. No es que la sociedad o los futbolistas hayan mejorado en cuestión de respeto, lo que pasa es que ha mejorado la tecnología y eso ha reducido las situaciones conflictivas", expone Daudén Ibáñez.

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Lo que no se puede permitir, desde ningún ámbito, es que se dude de su honorabilidad

Daudén Ibáñez

Otros como Urío Velázquez lo ven todo más gris. "El respeto al árbitro se ha perdido un montón. Pita algo claro, como una zancadilla escandalosa, y ves al jugador que le dice 'no' con el dedito. O se monta lo que yo llamo 'la asamblea', con siete u ocho jugadores rodeándole. No paran de protestar al juez de línea. Ahora corren mucho, están delgaditos, son muy guapos, ganan mucho dinero... pero han perdido autoridad", dice este exárbitro que piensa que "antes parecíamos más chulos, pero es que mandábamos a la mierda al jugador a las primeras de cambio. Ahora les intentan dar explicaciones cuando es lo último que hay que hacer. Ellos no las dan cuando fallan un gol o no paran un penalti. Es mejor que no se les pueda hablar porque, si lo hacen, les van a tratar igual de mal. No pueden permitir que les tomen por el pito de un sereno, mejor que se les tema. No soporto que nadie se ría de los árbitros".

Para Muñiz Fernández, el problema está fuera: "Cada uno es como es en el campo. Que sea más altivo o no depende de la personalidad. Sobre el césped sí somos la máxima autoridad y se nota, pero después de los partidos es cuando aparecen las declaraciones críticas de los futbolistas, entrenadores, presidentes... Por eso ahora se está actuando con más fuerza para castigar ese tipo de decisiones". Los medios tampoco ayudan. "Conmigo eran respetuosos, pero es cierto que los periodistas decían unas barbaridades tremendas. En ese sentido sí se ha avanzado bastante porque era un estropicio", añade Joaquín Ramos Marcos.

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"Koeman no dijo nada tras el partido del Sevilla cuando llevaba tiempo quejándose"

Alguien que conoce perfectamente al colectivo arbitral es el periodista de COPE Isaac Fouto. "En general nunca respeta sus decisiones en el campo. Cuando les perjudica a su equipo se les critica y si no al revés. Lo hemos visto ahora con Koeman. Tras el Barça-Sevilla, el holandés no dijo nada de las dos jugadas dudosas que se pitaron en su beneficio cuando llevaba semana rajando por otras. Esto ha pasado siempre y seguirá ocurriendo. Y con el VAR todo se acrecenta porque la gente se piensa que el árbitro tiene menos derecho a equivocarse", cuenta Fouto, quien está del lado de Mendilibar.

"El otro día dijo que ahora los jugadores fingen más y estoy de acuerdo. La labor arbitral se triplica en cuanto a dificultad porque los futbolistas intentan engañar. Da un poco de impotencia, creo que es cosa del jugador latino que lo ha ido inculcando en nuestra liga. Es muy difícil arbitrar y, si te intentan hacer trampas, todavía más. Tienen que tener autoridad en el campo porque si ven que tienen dudas, se lo comen".

Perseguido en toda España

Al que le atizaron por todos los sitios fue a Rafa Guerrero: "Me perseguían por todo el país. Al resto quizá en alguna ciudad, a mí en todas. Era el más buscado por los medios y por los aficionados de uno u otro lado. No le deseo a nadie lo que a mí me pasó. Viví la ira de la gente y eso es lo peor que te puede ocurrir. El árbitro debería recibir una paga del Gobierno porque sirven como deshago de toda la gente. ¡Te llaman hijo de p... sin que haya empezado el partido si quiera! Dicen que robamos. Odio la palabra robar. Si es así, ¿dónde está ese dinero o los bonos? ¿Quién se lleva la pasta?".

Y luego recula, a medias: "También creo que esta situación ha mejorado porque los árbitros ahora son más cercanos a la gente. Aunque deberían serlo más. El árbitro tendría que hablar cada semana como lo hace el entrenador o un jugador, es un deportista más. Aunque no le apetezca, tiene que hablar. Es el hándicap pendiente. Al míster que le hacen ocho goles no creo que le apetezca dar explicaciones y las da, nosotros deberíamos hacer igual porque así el aficionado entendería mejor al árbitro y se haría pedagogía. Creo que si hablásemos y se nos conociese más no nos darían tantos palos".

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De echar a su propio padre... ¡a pitar fuera de juego por un Guardia Civil!

Rafa Guerrero es un libro abierto: "Tengo dos anécdotas muy curiosas. Un día, pitando en Sueros de Cepeda un partido de Regional del San Lorenzo de Nogarejas, levanté un fuera de juego convencidísimo. Uno de los equipos vestía de verde y vi que había un jugador adelantado en fuera de juego. Al final resultó que era un Guardia Civil que estaba detrás sin unicornio ni nada y me confundió". La otra está a la altura. "Eché a mi propio padre en un partido también de Regional (del San Francisco en Cembranos en el año 90). Le dije que era pero que él y le enseñé la roja. Me costó dos meses sin hablarnos", recuerda.

Guerrero sufrió en sus carnes varias amenazas. "Antes de pitar el final teníamos que fijarnos a ver dónde estaba la Guardia Civil para ver si nos daba tiempo a llegar corriendo a los vestuarios antes de que la gente nos alcanzara. Las cosas que me han pasado a mí no se las deseo a nadie. Se sufre mucho y en silencio. Lo peor de todo es que no puedes contar lo que estás viviendo porque no sabes a quién le puede parecer mal. El árbitro siempre es la última figura en estas historias", dice alguien al que le tocó vivir una situación complicada con sus hijos.

"El propio profesor los mandó del colegio a casa porque estaban llorando y no entendían porque sus compañeros les estaban diciendo que su padre era un ladrón. Es duro y se sufre mucho", insiste. Lo mismo ocurrió con los hijos de un Undiano Mallenco que a veces, tras pitar algún Clásico, se encontró con cámaras de televisión en la puerta de su casa. Lo de los niños en la escuela se repitió con Muñiz Fernández, que cuenta: "Mi hijo iba al cole y se encontraba con medios de comunicación que le preguntaban cómo estaba el padre. A veces se traspasa lo deportivo y se va a lo personal. Eso no puede ser. Somos personas normales y lo que ocurre en el campo debe quedarse ahí".

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"Si me quejo de insultos... ¿qué pensarán los jóvenes que pitan abajo?"

Eduardo Iturralde González siempre habla clarito y en esta ocasión cree que el debate debería estar con los árbitros de abajo. "El foco no puede estar en los árbitros de Primera porque están muy protegidos. Si tú estás ahí has llegado a donde has querido. Estás haciendo lo que más te gusta y tienes el apoyo de todo el mundo. Habría que centrar el tiro en las regionales. ¿Hace cuánto que no pegan a un árbitro de Primera? La agresión verbal está mal, pero la física... En Regional pegan todos los fines de semana a árbitros. Ellos sí son héroes y ya las mujeres y árbitros, que cada vez son más por suerte, tienen aún más mérito por lo que aguantan. Muchos, al segundo año de colegiados, se quitan al ver cómo funciona esto. Todos los fines de semana hay chavales que se están formando con 15, 16 o 17 años que sufren este tipo de cosas. Si ellos leen que yo cuento que un zumbado me siguió de noche con el coche en Extremadura después de una fase de descenso tras un Extremadura-Rayo dirán 'vete a la mierda, si yo cuando llego a casa tras el partido no puedo ni salir después de todo lo que me han dicho o me han hecho'. Por eso pienso que hay que dar voz a chavales que no están formados y que están pasando un 'bullying' todos los findes por intentar hacer un deporte o profesión que a ellos les gusta", dice el vasco a MARCA mientras reconoce que en otros países como Turquía, Rusia o Sudamérica sí han tenido más problemas.

"Que hablemos nosotros los que estuvimos de ahí de insultos, cuando la mayoría ni los escuchas bien, es como si la gente que pasó el Covid lo hizo en un chalé con terraza y piscina. Es duro, pero más lo es quedarte en un apartamento de 40 metros como vive la mayoría de la gente. Esto es lo mismo. ¿Presión a los árbitros de arriba? Pues claro que sí, pero eso va en el sueldo: los insultos, la falta de respeto... ¿Que queremos vivir en un oasis? Eso va dentro de la educación deportiva, pero para mí la clave está ahí abajo", concluye alguien que también tuvo que quitarse el teléfono de casa para que no se lo 'quemaran'.

Cinco horas para volver a casa

Por desgracia eso nunca sucede. "En mi caso tuve que quitarme el teléfono de la guía porque no paraban de llamarme para insultar o quejarse. Cuando yo no estaba cogía mi mujer. Cambiamos el número para que nos dejaran en paz", dice Andujar. Medina Cantalejo, quien asesoró al árbitro principal de la final del Mundial de 2006 (Horacio Elizondo) para que echase a Zidane tras su cabezazo a Materazzi, acabó denunciando a un 'agresor' con dirección confusa: "Me escribían mails con direcciones raras diciéndome barbaridades. Parecían novatos porque el tema es que se les puede cazar por la IP. Y así fue. Lo denuncié y las cazaron".

A Japón Sevilla le llegaban hasta cartas escritas con mensajes poco elegantes. Algún colega del gremio le enviaron cartas amenazándole de muerte con sangre en el sobre. Urío Velázquez tuvo que esperar cinco horas para poder salir del campo del Cartagena amparado por la Guardia Civil o el propio Japón Sevilla tuvo que tragar con ver su cara durante una semana en la tele tras pitar seis penaltis en un Oviedo-Valladolid.

"Siempre hubo desalmados, alguna vez me esperaron en la puerta de casa... pero creo que por suerte esto también ha mejorado", dice Oliver. En su domicilio también estaban esperando a Daudén: "Viví dos situaciones muy duras. La primera fue cuando un medio de comunicación me estaba tocando el timbre con la cámara preparada tras un Celta-Valencia donde no estuve muy acertado. Me dieron mucha caña. La otra fue tras un Atlético-Real Madrid que nos equivocamos con un fuera de juego. Un periodista me pidió explicaciones. No podíamos hablar pero me estuvo volviendo loco toda la tarde por teléfono. Después me amenazó y me dijo que si no contestaba iba a ir físicamente a mi trabajo al día siguiente. Le dije que por ahí no pasaba. Al día siguiente no estaba él, pero sí otros muchos medios de comunicación esperándome y me molestó mucho".

A Aitor González, pitando un partido de regional hace tres años, le tocó arbitrar en un pueblo "manifiestamente nacionalista". "Se percataron de que era presidente de las juventudes del PP en el País Vasco y la tensión en la grada y en los propios equipos fue en aumento. Por suerte, al final del partido lo único que ocurrió es que tuve que irme completamente solo hacia el coche no como otra vez en Asturias en la que una docena de Guardias Civiles tuvieron que acompañarme". A López Nieto y su equipo no les amenazaron, pero les intentaron sobornar antes de un Dinamo de Kiev-Panathinaikos en el 95. Les 'regalaron', lejos de los habituales pines o chapas, unos abrigos de visón de precio desorbitado. Los devolvieron. El club local les denunciaría después por haber intentado robarlos.

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Al menos, ningún trencilla español ha experimentado lo de Michael Oliver. "Sacó por seguridad a su familia de casa después del partido en el que la Juventus fue eliminada de Champions por el Madrid en 2018", recordó recientemente Mark Clattenburg en el 'Daily Mail'. Según el británico, "en las redes sociales se cruza el límite con demasiada frecuencia". Medina Cantalejo, por su parte, matiza que antes eran "unas declaraciones en la radio de turno o gritos del aficionado en el campo, ahora todo se escribe, aunque por suerte a veces esa tensión no pasa de los dedos". Velasco Carballo, actual presidente del Comité Técnico de Árbitros, recuerda que existe una vía para denunciarlo: "En caso de que un árbitro reciba una amenaza, además de las acciones que pueda adoptar a nivel particular, contará siempre con el apoyo y asesoramiento de la Federación Territorial correspondiente y de la RFEF que, a través del Comité de Árbitros y la asesoría legal, ayudarán al árbitro en todo lo que pueda necesitar y le aconsejarán sobre los pasos a seguir".

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La fórmula de Velasco Carballo

"La mejora debe proceder desde la educación y la pedagogía para concienciar a la sociedad que el árbitro es un deportista más, una persona que trata de aplicar las reglas de juego y que, como los jugadores a los que arbitra, tiene días buenos y otros no tanto, aciertos y errores, pero que simplemente trata de hacerlo cada día lo mejor posible. Charlas en las categorías inferiores de todos los clubes, campañas con los padres de los jugadores, con los entrenadores y formadores de cada entidad, campañas en los medios de comunicación y, al fin y al cabo, hacer ver que "tu hijo podría ser el árbitro"', dice el madrileño que ve que todo va mejorando poco a poco.

"Entiendo que cada vez más la sociedad ve al árbitro como un deportista dentro del terreno de juego y el comportamiento en la gran mayoría de los partidos del fútbol español es de respeto hacia los árbitros. Lamentablemente, siguen ocurriendo incidentes aislados que nos preocupan y que debemos trabajar entre todos para erradicar por completo".

Cuestión de educación

"Ahora mismo ni yo entiendo algunas acciones de manos o decisiones del VAR. No se entienden los protocolos y es un problema. Velasco Carballo dice que se han acertado 97 veces de 100 pero todo el mundo ve que hay un montón de errores. Tiene que ser más humilde. Dice que tenemos a los mejores del mundo, pero en todas las organizaciones hay buenos, regulares y malos. No costaría nada decir que esto no va tan bien y que aún se está experimentando", critica Urío. Por eso la unificación de criterios parece clave.

"Así los futbolistas y aficionados lo tendrían todo más claro. Se debe trabajar conjuntamente y ser más taxativos. Sería positivo, como ocurre en la Premier, que los comités evalúen todo aquello que el árbitro no ve. Ese modelo debería copiarse en LaLiga", añade Muñiz Fernández. Aunque, según Guerrero, el aficionado también debería ser más respetuoso: "Propondría también sanciones importantes para la gente que no se comporta bien en el estadio. El insulto no puede salir gratuito". La educación como base de todo: "Es lo más importante. Pero en esta sociedad vemos cómo algunos hijos no respetan ni a su padre, como para hacerlo con un árbitro...".

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El "van a pasar cositas" de Hernández Hernández, el hombre del derbi

Alejandro Hernández Hernández, que lleva en la élite desde la temporada 2012-2013 y ha dirigido cinco Clásicos, será el encargado de pitar este domingo su primer derbi madrileño en el Wanda Metropolitano. Una de las curiosidades del árbitro canario, internacional desde 2014, es que se tuvo que venir a Madrid a vivir porque las conexiones de Lanzarote no eran las mejores. Está considerado como uno de los mejores árbitros VAR de Europa y es muy probable que esté en la próxima Eurocopa.

Además, Alejandro es oyente de 'El Partidazo de COPE y Radio MARCA' y siempre en la sala antes de empezar los partidos, o cuando la cosa se pone tensa, repite la famosa frase "van a pasar cositas" que recita el reputado narrador Rubén Martín.

"Flipé cuando me enteré porque me lo contó un amigo común que va al gimnasio con él. Él es muy simpático y en algún hotel hemos coincidido y me ha dicho que es oyente de la COPE. Me alegro que nos escuche porque para mí uno es de los mejores de España junto con Mateu. Lo divertido es que esta frase se pude aplicar a muchas cosas: desde los chavales antes de salir, en las narraciones, en este caso Alejandro...", señala entre risas el periodista a MARCA.

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"Los padres no comprenden la labor del árbitro, se ciegan con sus hijos"

José Luis Lesma, Presidente en Funciones del CAFM de la RFFM, sabe muy bien cómo trabaja el colectivo más allá de la élite. "Los problemas casi siempre están en las categorías inferiores. Los padres no comprenden cuál es la labor de un árbitro, se ciegan con sus hijos porque piensan que son grandes futbolistas. La sociedad tiene un problema porque pensamos que sabemos de todo y no es así. A veces pasamos la barrera de la ignorancia. Cuando uno no sabe de una materia tiene que ser prudente. Se puede opinar, pero criticar es otra cosa porque para hacerlo tienes que tener conocimiento", explica mientras detecta factores que influyen en este trabajo.

"Se tiene demasiado en cuenta el forofismo, el instinto protector de los padres... Sigue habiendo problemas, agresiones y faltas de respeto cada fin de semana. Es una lacra que tenemos que mejorar porque se puede opinar e incluso encenderte un poco y decir una palabra malsonante, pero de ahí a los insultos o amenazas. Eso no tiene justificación. A otros niveles es fácil buscar un culpable y señalar al árbitro. Con la tecnología ahora se equivocan menos, pero el error va a existir siempre. Pero el colectivo arbitral es muy profesional y dedica muchas horas también a niveles más bajos como la Tercera. Tienen que hacer autoevaluaciones, dedicarse a entrenar, pasar exámenes, se juegan ascensos y descensos... A veces pensamos que cualquiera puede ser árbitro y eso no es así".

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