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Spain

Las obras del Vicente Calderón rebelan a los vecinos por el polvo y el ruido

3.000 escolares del barrio acuden a las aulas rodeados de vallas y excavadoras.

Demolición del Calderón. JAVIER BARBANCHO

Acorralados. Así viven los vecinos del estadio Vicente Calderón rodeados de grúas, taladradoras, atascos y un trajín continuo de camiones. Las obras de derrumbe del estadio se han convertido en una pesadilla, especialmente ahora, que ha comenzado el curso escolar.

A las 9.00 de la mañana, el ruido es ensordecedor. Cinco excavadoras trabajan a destajo en la demolición del estadio, donde ya sólo queda levantada la tribuna que está situada encima de la M-30.

Pero no se trata sólo del derribo del campo del Atlético de Madrid, sino que hay calles levantadas para introducir el saneamiento de las 1.300 viviendas que se van a contruir. A todo ello hay que sumar los trabajos del enorme solar de la Mahou, donde se van agolpando las montañas de arena.

Las taladradoras operan a escasos metros de los tres centros escolares ubicados en la zona: el instituto Gran Capitán y los colegios Joaquín Costa y Tomás Bretón. Éste último se encuentra rodeado de vallas y apenas se puede aparcar para dejar a los alumnos, en pleno atasco para acceder a la M-30.

Niños acuden al colegio entre vallas.

El alcalde de la ciudad, José Luis Martínez-Almeida, anunció que las molestias de las obras se van a «minimizar lo máximo posible» y mostró su comprensión hacia los vecinos por las «incomodidades» que se puedan ocasionar.

Sin embargo, para los residentes no se trata sólo de «molestias», sino de la salud de los 3.000 escolares del barrio. «Cualquier obra conlleva unas incomodidades. Pero los niños están muy expuestos. Pasan bastante tiempo en el patio y están pegados a las montañas de arena», se queja Luis Benedicto, que lleva a sus hijos al colegio Tomás Bretón.

Las asociaciones vecinales y las de padres arrancaron el compromiso del Ayuntamiento de Manuela Carmena de que se iban a instalar medidores de partículas del aire y sonómetros para evaluar el sonido. Sin embargo, ahora no hay ni rastro de ellos.

El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, Pepu Hernández, ha denunciado que se están incumpliendo los plazos de las obras y criticó que el Gobierno local no esté controlando de manera rigurosa «la contaminación acústica y ambiental con los problemas del polvo en suspensión».

Pantalla acústica

Los vecinos de Arganzuela critican que se haya derribado la fachada del estadio, que se iba a mantener hasta el final para que hiciese de pantalla acústica. Desde el Ayuntamiento afirman que con los restos de la demolición se elevarán montículos, que cumplirán esa función.

«No son obras que duren unos meses, sino que van para largo. Los niños estudiarán así tres cursos y no está garantizada la seguridad ni la salud de los escolares», critica Susana de la Higuera, portavoz de las asociaciones de padres de la zona, que hoy se reunirán con la Junta de distrito.

Otra de las preocupaciones de los residentes es el anuncio de Almeida de que se está estudiando el soterramiento de la M-30. El plan firmado por Carmena sólo incluía el cubrimiento, por lo que el soterramiento al ser más complejo, supondría que las obras se prolongarían más allá de junio de 2022.

«Necesitamos un cronograma actualizado de las obras y un plan de movilidad. Está en juego la salud de los niños y del barrio», reclama Maite Gómez, presidenta de la asociación de vecinos Pasillo Verde Imperial.

Las obras del desvío de la M-30 ya han comenzado y acabarán a mediados de octubre. Después, se derribará la grada que queda. Según los plazos del Consistorio, los trabajos de demolición terminarán en el mes de marzo.

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