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Las confidencias políticas de Ramoncín: "Lo de Aznar quitando la mili fue glorioso"

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Es de noche en el hotel. Ramoncín con su chupa de cuero. Pide un Bloody Mary y "esas bravas tan ricas que hacen aquí". Va a ocurrir algo inusitado: un músico hablando de política. Sin cuestionario previo. Sin límite de tiempo. Aunque... ¿qué tiene que temer un tipo que cantó a favor de los "maricas" y los "presos políticos" en la televisión pública de 1978?

-Cuando me lo has dicho por teléfono... ¡25 años de las elecciones de Aznar! ¡Cómo pasa el tiempo! -Ramoncín toma asiento en un bar casi a oscuras que tiene forma de camarote.

Porque Ramoncín, en aquel 1996, fue el artista que reunió a gran parte del gremio en torno a un PSOE que languidecía. Y a punto estuvieron de darle la vuelta a la tortilla. "Amarga victoria" para José María Aznar. "Nos ha faltado una semana", dijo Felipe González.

José Ramón Julio Márquez Martínez (Madrid, 1955) había dejado de ser aquel punki con un rombo pintado en el ojo. Seguía llenando plazas de toros y parques de atracciones, pero también era el ahijado de Paco Umbral, el roquero lector que sobrevivía más que airoso a las negritas del escritor.

Ramoncín se hizo amigo de González a finales de los setenta. A "Isidoro" -nombre en clave del abogado socialista- le cautivó un artículo publicado por el cantante en La Codorniz.

Ramoncín le apoyó desde entonces hasta que dejó de presentarse a las elecciones. Un periódico llegó a titular: "Felipe, telonero de Ramoncín".

Consciente del poder de la cultura -y de la mano de Rubalcaba- fabricó un manifiesto de apoyo al PSOE que rescató al entonces presidente en 1993 y a punto estuvo de hacerlo en 1996.

Ferraz dibujó a Aznar como una especie de Franco redivivo; y a la derecha, como un inevitable regreso a la dictadura. ¿Qué piensa Ramoncín pasados 25 años? ¿Por qué dijo en una entrevista que votaría a González a pesar de la corrupción y de los GAL?

-Pensaba que no iba a conceder esta entrevista. Ninguno de ustedes quiere hablar de política.

-Ha sucedido lo peor que uno podía imaginar: la autocensura. Provocada por el miedo al linchamiento. Me consta que es muy complicado que los que tienen menos de cincuenta años acepten charlas como esta.

Ramoncín diagnostica así el triángulo de motivos que aleja a los artistas de las entrevistas políticas. Por un lado está la "inquisición de las redes sociales". Por otro, la presión de los agentes sobre sus representados: "No te metas en líos, que así nos contrata todo el mundo". Y, por último, la "manipulación de algunos medios", que riega la semilla de la desconfianza.

Ramoncín, te debemos dos millones de votos. Eso me dijo Rubalcaba

El retrato de aquella época, la de la primera victoria del PP, empieza, en realidad, en 1993. "Había mucha gente en la izquierda preocupada por lo que iba a ocurrir. Hablé con Rubalcaba. Oye, a ver si la gente de la cultura que apoya a Felipe puede dar la cara. Vale, yo lo organizo".

Y tanto que organizó. Ahí estuvieron casi todos de los más conocidos de entonces: "Fue acojonante. Nos vimos, nos reunimos, hicimos el manifiesto... Rubalcaba, dos días después de las elecciones, me mandó una carta".

-¿Y qué ponía?

-Todavía la guardo. "Ramoncín, te debemos dos millones de votos".

Tres años más tarde, convocadas de nuevo las elecciones, Ramoncín se puso manos a la obra. Igual que ahora. No para: acaba de llegar a las plataformas su película biográfica "Una vida en el filo", prepara un poemario -el primero se lo prologó Umbral- y un par de discos.

En 1996, la situación era mucho más delicada para el PSOE. Las encuestas pronosticaban el naufragio de un González cuyo gobierno supuraba corrupción y crimen de Estado.

"Se notaba... Claro que se notaba. La gente era bastante más reacia a mostrar su apoyo. Fue difícil. Recuerdo la primera reunión. No estábamos todos. En la siguiente, me pareció que muchos iban a ver qué había de lo suyo, preocupados por su futuro", relata el autor del mítico "Litros de alcohol".

Conoce a Aznar

-¿Usted ya había conocido a Aznar?

-Sí, hacía muy poquito. En una reunión institucional en Génova, a la que asistí como miembro de la SGAE. Fuimos varios artistas. Charlamos muy agradablemente. Aznar estuvo bien. Habló de un grupo de su barrio, de la música que le gustaba... También cayó en muchos lugares comunes. Me dio la sensación de que iba con cuidado.

La foto del apretón de manos entre Aznar y Ramoncín inundó la prensa. Porque era el apretón de manos entre el roquero amigo de Felipe González y su rival en las urnas.

-Hasta entonces, usted tenía una imagen del candidato del PP formada a través de lo que leía en la prensa, veía en la tele y escuchaba en la radio. ¿Cambió a mejor o a peor tras aquel encuentro?

-No era la persona que parece ahora. Le he visto muy avinagrado en lo de Évole, como si estuviera envenenado. Cuando le pusieron la bomba, llamamos al PP o mandamos un telegrama, no recuerdo exactamente. En aquel atentado, por cierto, murió la madre de una amiga mía. Le dijimos que estábamos muy contentos de que hubiera salido indemne. Debió de pensar: "Oye, estos tíos no tienen cuernos ni rabo". Cuando nos vimos en Génova, nos dimos la mano y nos miramos a los ojos como recordando aquello.

-No fue mal comienzo ese apretón de manos, ¿no?

-Poco después de las elecciones, recibí un sobre en casa. Era aquella foto en color firmada por él: "A mi adversario Ramoncín, con la buena amistad de José María Aznar".

-"Buena amistad".

-¡Y tan buena! Un mes después me habían echado de Televisión Española. Cancelaron Lingo, el programa que yo presentaba. Tenía firmados 86 programas. La cagaron. Tuvieron que pagármelos.

-Salió de Génova pensando que el dóberman no era tan peligroso.

-Es verdad que yo no salí de allí pensando... "Jode, cuidado con este tío". Traté a Semprún, a Alborch... Pero Rajoy, cuando fue ministro de Cultura, nos entendió perfectamente. Con Carmen Calvo, por ejemplo, no me entendí nunca. En realidad, no me encontré con nadie del PP que me despreciara o me diera la espalda. Sí que tuve que aguantar a un alcalde de Valdemoro que decía que, mientras él estuviera, no tocaría allí un rojo como yo. Hoy está en la cárcel.

-El PSOE y quienes lo rodeaban dibujaron a Aznar como una especie de regreso de la dictadura. ¿Se pasaron ustedes de frenada?

-A España le vino bien el cambio. Pudimos ver las cosas desde otro punto de vista. Aquello demostró que, en una democracia de verdad, gobiernan la derecha y la izquierda. Quedó de manifiesto que la derecha no significaba sacar los tanques a la calle ni meter a la gente en la cárcel. Económicamente lo hicieron de puta madre. Ojo, también hubo muchísima corrupción. Aznar y el franquismo no tienen nada que ver, basta de estupideces. Y lo dice uno al que le echaron de la tele.

La corrupción y los GAL

Ramoncín es de los que piensan que el PP "no es un partido fascista", pero sí situaba a los "fascistas que quedan en España" dentro del PP: "A las pruebas me remito. ¿De dónde han salido todos los votantes de Vox? Eso sí es extrema derecha".

La cultura echó el resto en aquella campaña de 1996. Gila dijo que si ganaba Aznar se iba de España. "Bertín o Raphael le respondieron que le pagaban el billete". Julio Iglesias llenó un mitin del PP. Antonio Banderas, con el PSOE. Ramoncín aceleró al máximo. Dijo en una entrevista con El País: "Votaré al PSOE a pesar de la corrupción y de los GAL".

-Eso era decir mucho. ¿Se arrepiente?

-Es que no me creía ninguna de las dos cosas. Nos parecía un invento, una exageración. Luego ya vimos que todo era verdad, que había un montón de gente pringada. Eso sí, no creo que Felipe fuera la "X" de los GAL. Me fío de su palabra.

-Si hubiera sabido lo que sabe hoy, ¿habría hecho campaña en favor del PSOE?

-No. Habría dicho: "Esto tiene que cambiar". Habría pedido que esa gente se fuera a su casa. Siempre he sido crítico con los míos. Siempre. Pocos habrán dicho a los ministros de Cultura socialistas lo que les he dicho yo.

Cuando José María Aznar decidió abolir la mili, Ramoncín y millones de españoles se quedaron con la boca abierta. Le felicitaron algunos de los que le odiaban. Le criticaron muchos de sus votantes.

"Fue acojonante. Glorioso. ¿Sabe? Felipe estaba muy influido por Kohl, el presidente alemán. Le decía, y él lo asumió, que a un ejército voluntario sólo van los que no tienen otra cosa que hacer, los que no tienen adónde ir. Yo le decía, joder, Felipe, ¿cómo puedes pensar eso? ¡No es así! ¡Hay gente con vocación militar!", revela Ramoncín.

Cuando Aznar movió ficha, el roquero le escribió a González: "Te han adelantado por la izquierda".

Sánchez e Iglesias

Ramoncín pudo conocer a través del expresidente socialista el siguiente rasgo del líder del PP: "Yo le preguntaba a Felipe a ver si hablaba con Aznar. Me dijo que no. Llamó a Adolfo Suárez y le contó que tampoco hablaba con Aznar. No me jodas, ¿cómo puede ser eso? Es un tipo muy ensimismado. En su segunda legislatura pecó de soberbia. Me da la sensación de que no lleva nada bien que le critiquen".

-Hemos hablado antes de los aciertos. ¿Cuáles fueron sus peores errores?

-El 11-M. Dio pábulo a los periodistas y los medios que seguían alentando lo de ETA. Pero, sobre todo, la guerra de Irak. No tanto la foto de las Azores, sino la de los pies encima de la mesa del presidente de Estados Unidos. Se convirtió en un chiste, en una marioneta.

Para terminar, una píldora de actualidad. Ya hay más hielo que Bloody Mary en la copa y no quedan patatas bravas. A Ramoncín le gusta Pedro Sánchez por su coraje: "Tuvo a todo el mundo en contra y ganó". Pero le rechina un punto muy importante del argumentario de Pablo Iglesias: "Hitler es un hijo de puta, pero Stalin también. Pinochet es un hijo de puta, pero Castro también. Maduro, por supuesto, es un horror".

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