Confiemos que el próximo martes día 3 de noviembre, los ciudadanos norteamericanos pongan fin al mandato de Donald Trump como presidente de los EEUU. Una etapa marcada por la confrontación permanente, el populismo, los ataques a la prensa y los mensajes xenófobos.

Las encuestas le son favorables, de momento,  al líder demócrata Joe Biden que va por delante en los sondeos electorales. Aunque durante estos días puede pasar de todo.

 Donald Trump ha rebajado el tono insultante y amenazador de sus últimos debates, pero sus bravuconadas siguen estando presentes en cada una de sus intervenciones públicas. El tono populista de sus discursos sigue siendo el mismo y sus aires de grandeza no han cambiado lo más mínimo. Mítines multitudinarios, sin mascarilla, negando el peligro de un virus que solo en EEUU se ha cobrado más de 225.000 muertes. Sus ataques deliberados a la prensa han sido una dinámica habitual en sus ruedas de prensa, calificando a los medios de comunicación como los “enemigos del pueblo” y a los periodistas como la “gente más deshonesta de la tierra”.

Ese lenguaje populista ha calado en un electorado que le sigue siendo fiel, bajo eslóganes patrióticos.

Lo primero que hizo nada más llegar a la Casa Blanca fue cargarse la reforma sanitaria que quería poner en marcha la administración Obama para dar cobertura médica a más de 20 millones de personas hasta entonces sin cobertura sanitaria.

 Su negacionismo sobre el cambio climático, su portazo al Acuerdo de Paris, han marcado una forma de hacer política muy alejada del compromiso social.

Joe Biden,  el que fuera vicepresidente durante la presidencia de Barack Obama, está hecho de otra pasta. Su tono moderado, dialogante contrasta con esa superioridad moral y arrogante de Donald Trump.

A  Trump se le atribuye el éxito del milagro económico en la principal economía del mundo, con una tasa de paro muy por debajo de la que dejó Obama. Ha bajado impuestos, sobre todo a los más ricos y ha inyectado miles de millones de dólares en la economía. Ha aplicado una política proteccionista que ha hecho que se apliquen aranceles a productos europeos, dificultando las exportaciones a aquel país, además de la guerra comercial con China.

Pero todo este éxito económico se le ha venido de repente abajo con la pandemia. No calculó bien la dimensión de la crisis. Trump se equivocó pensando que él y su país eran intocables.