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La UE aspira a tener un certificado de vacunación antes de verano, pero no hay acuerdo en cómo se usaría

La UE aspira a tener un certificado digital de vacunación, o al menos a desarrollar todos los criterios y trabajos técnicos necesarios, antes del verano. No será fácil hay muchas dudas y recelos, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha cifrad oeste jueves, tras una Cumbre por videoconferencia de los jefes de Estado y de Gobierno de los 27, en tres meses el tiempo mínimo necesario para poder conseguir el desarrollo técnico y la interoperatibilidad dentro de la UE. Lo que se pueda o no se pueda hacer después con ese "certificado sanitario" está aún por decidir.

"Hay preguntas políticas, como para qué se usará. Y hay preguntas médicas, como si se puede transmitir la enfermedad tras ser vacunados. La decisión de qué hacer con el certificado debe ser tomada en cada país, pero a nivel europeo deberíamos usarla para asegurar el funcionamiento del mercado único. Sabemos desde enero qué tipo de información es necesaria, cómo hacer un contenido uniforme y hay acuerdo en eso, pero ahora los estados miembros tienen que ser capaz de implementarlo en sus sistemas sanitarios y en las fronteras. Esto llevará como poco tres meses, es importante no generar expectativas. Hay que darse prisa y los estados tienen que trabajar rápido si lo queremos para verano", ha avisado la alemana.

El debate es muy complicado y la forma en la que los líderes lo han resumido por escrito lo evidencia. "Instamos a que continúen los trabajos para lograr un acercamiento común al certificado de vacunación. Volveremos sobre este asunto más adelante". Con esta frase tan simple, genérica y evasiva han zanjado este jueves una de las cuestiones que más preocupan en los países del sur de Europa y un problema que amenaza con dividir, una vez más, a la UE y provocar que muchas capitales decidan, por pura frustración, actuar en solitario.

Con la temporada de verano a la vuelta de la esquina y un temor más que fundado a otras vacaciones sin viajes ni ocupaciones, España, Grecia o Italia están cada vez más desesperadas. Necesitan urgentemente avances, soluciones, y detectan que en los gobiernos de algunos vecinos no se lo toman lo suficientemente en serio. El pasaporte o certificado de vacunación es el eje sobre el que se articula la discusión, pero no el único elemento. Los líderes han abordado en su conferencia, durante cinco horas largas, el proceso de vacunación, las variantes del virus, las restricciones de movimiento, el posible pasaporte de vacunación y la solidaridad.

Hay consenso prácticamente unánime entre los 27 en que tener un documento que certifique la vacunación es una buena idea y que tiene un sentido médico, sanitario, indiscutible. Y que estaría bien saber quién ha sido vacunado, los detalles de las PCR o si hay anticuerpos. Pero a partir de ahí llegan las discrepancias. El sur quiere volcarse en la práctica, y algunos socios se suman. Así, por ejemplo, Polonia ha puesto en marcha un programa para que la doble vacunación de sus vecinos checos y eslovacos sirva para facilitar los desplazamientos. Grecia, el país que está siendo más activo, ha hecho lo propio con Israel, donde la vacunación va a un ritmo envidiable.

El problema es que los Estados miembro tienen firmado evitar en la medida de lo posible los viajes no esenciales a nivel interno y en blindar las fronteras exteriores, y el turismo, motor de muchas economías, no entra en esas categorías. El primer ministro Mitsotakis ha dicho este jueves que en 2021 necesitan, como mínimo, que los ingresos de la temporada de verano sean un 50% de los de 2019. Y para eso quiere ese certificado.

El debate está enfangado. Hay gobiernos, como el francés y alemán, que no lo ven como prioridad. Que hablan de seguir trabajando, de resolver dudas, pero sin un calendario urgente. Lo mismo ocurre en Países Bajos. Ven problemas sobre la efectividad de la vacuna, en el sentido de que alguien que esté inmunizado quizás pueda seguir contagiando. En cuestión de protección de datos. O incluso sobre la posible discriminación ilegal en función de ese criterio. "Sigue habiendo muchas dudas, es demasiado pronto para hablar de regulación. En mi país no hemos empezado el debate sobre los puntos éticos médicos", ha asegurado el holandés Mark Rutte.

Los más interesados, sin embargo, replican que se está mirando el dedo y no a las estrellas. "Son una herramienta válida y útil. Hay que seguir trabajando en su desarrollo de manera conjunta para evitar que cada país elabore su propia fórmula, prevenir situaciones injustas y garantizar la protección de los datos personales", ha expresado en la sala el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Lo que Grecia o España piden no es un pasaporte que sólo permita volar y disfrutar de las vacaciones a quien lo tenga, sino que se convierta en un mecanismo que facilite los desplazamientos de alguna forma. Por ejemplo, que quien haya sido vacunado y sea inmune no tenga que hacer una PCR obligatoria antes de viajar o al llegar. O no necesite cuarentenas. No se trataría de impedir al resto moverse, sino de buscar formas de facilitar a quien sobre el papel está cubierto sanitariamente. "Hay una especie de teologización de debate, como si el certificado te hiciera pecador o te llevara al cielo directamente. Se trata de agilizar la movilidad y cuando los estados decidan, no es blanco o negro", apunta una fuente diplomática.

Todas las fuentes consultadas coinciden en que "ese trabajo no es nada fácil, es complejo técnicamente y hacen falta estándares", pero la sensación de muchos es que no se está haciendo lo suficiente. Por eso no es en absoluto descartable que algunos quieran ir por libre, como hizo Grecia con Israel. El ministro de Transporte británico, Grant Shapps, está hablando con España o EEUU para alcanzar algún tipo de acuerdo bilateral en ese sentido también. Y el canciller austriaco, Sebastian Kurz, ha avisado de que si no hay acuerdo entre de todos, Austria buscará su camino.

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha pedido que todos se muevan a una y que se sincronicen las decisiones, porque si un país empieza a hacer la guerra por su cuenta todo puede caer como un castillo de naipes. "Hay un creciente apoyo al certificado digital como unos criterios comunes para poder entrar en los Estados Miembro y para abrir las sociedades. Hace falta más trabajo y cooperación con la OMC, pero cada vez hay más convergencia", ha garantizado este jueves por la noche Michel.

La idea es que en cuestión de semanas haya acuerdo para definir cómo debería ser ese pasaporte, qué elemento debería incluir y si todos los socios están dispuestos a armonizar sus exigencias, para que los viajeros y turistas puedan tener todos muy claro los requisitos. "Harán falta tres meses, pero todos estamos de acuerdo", ha resumido la canciller Merkel al finalizar. La alternativa, han recordado Von der Leyen y Michel, es que si los 27 no van a una, alguien moverá ficha. "Google y Apple ya han ofrecido soluciones técnicas sobre el certificado a la OMC", recalcaron. "Sin solución europea algunos llenarán el vacío".

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