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Spain

«La transición energética no se puede contraponer a la industria», critica el sector químico

La industria química alcanzará este año una cifra de negocio cercana a los 70.000 millones de euros, es el segundo mayor exportador de nuestra economía y da trabajo a 670.000 personas. Su director general, Juan Antonio Labat, explica a ABC las inquietudes del sector.

–¿Es irreversible el daño provocado por la ministra de Transición Ecológica al diésel, en particular, y al sector del automóvil en general?

–Se puede revertir. Ese ministerio debe mostrar una posición transitoria ante el transporte y el automóvil. Tenemos hasta 2050 para las cero emisiones, se puede lograr. El presidente de Gestamp decía recientemente que aunque cogiéramos ahora todo el litio del mundo para hacer baterías, los coches eléctricos solo alcanzarían el 2% del total. Vamos a seguir conviviendo con los combustibles fósiles, cada vez más eficientes. Un diésel de última generación contamina menos que un eléctrico si lo comparamos con toda la huella de carbono de este último.

–Les sigue generando desconfianza la ahora vicepresidenta Teresa Ribera?

–Nos deja perplejos que alquien piense que la industria sea negativa para la sostenibilidad o el futuro del planeta. Cada vez que hemos tenido la oportunidad de tomar alguna medida que pudiera favorecer a la industria, no se han tomado. Sí hubo una gran noticia cuando durante cuatro meses se suspendió el impuesto a la generación eléctrica, lo que nos bajó los costes de la energía. Sin considerar que todo lo que alcancemos en el cambio climático no dependerá de las leyes, sino de la ciencia. Debe de haber una apuesta más importante en el I+D y que dentro de esa política de transición energética se incluyera a la industria como un activo importante para lograrlo. Debe de haber más confianza en la industria. Además, mientras toda Europa tiene el objetivo de reducir sus emisiones un 50% en 2030, el sector químico ya lo alcanzó en 2017. La transición energética no se puede contraponer a la industria.

–Entonces, ¿confían más en la ministra de Reyes Maroto?

–Tenemos la mejor opinión posible de la titular de Industria. Lo que nos preocupa es que las competencias que tiene no cubre todas las áreas que necesitamos, como los costes eléctricos, la inovación, la formación, el transporte de mercancías, etc... Por eso reclamamos al Gobierno un órgano de coordinación de la política industrial.

–¿Habría sido mejor que industria e energía estuvieran en el mismo ministerio, como ya ocurrió en el pasado?

–No ha servido nunca ese modelo porque siempre dominaba la energía y la industria era algo colateral. Podía haber sido efectivo que la Secretaría General de Industria se incorporara a Economía, como sucedió con De Guindos.

–Maroto justificó hace unos días la no creación de una Secretaría de Estado de Industria porque «había que ser comedidos en el gasto».

–Ojalá lo hubiéramos conseguido, porque es esencial para el desarrollo de este país si queremos tener una economía sólida y sin empleo precario.

–El prometido estatuto de consumidores electrointensivos lleva más de un año de retraso.

–Este asunto se mezcla con la interrumpibilidad, cuya retribución se reduce al 5% de lo que era. Creemos que el estatuto será positivo, pero no logrará compensar todo lo que ha caído la interrumpibilidad. Nos deja un poco fríos. Algunas empresas han afirmado que así no podrán continuar.

–Insisten en que los peajes del gas en España son más caros.

–Son seis veces más altos que en Alemania y el doble que en Francia, nuestros principales competidores.

–Qué echa en falta en la declaración de emergencia climática del Gobierno?

–Por ejemplo, elevar la masa máxima autorizada de los vehículos de mercancías por carretera a 44 toneladas desde las 40 actuales. Proporcionaría un ahorro del 10% de las emisiones de CO2 en el transporte por carretera, que son el 96% del terrestre. Aunque se habla de alcanzar la neutralidad carbónica en 2050, en el caso del automóvil no se contempla esa posibilidad, sino directamente las cero emisiones de CO2. Debería aplicarse al automóvil el mismo concepto de neutralidad. También echamos de menos un plan Renove y una referencia a la cogeneración.

–¿Se está demonizando al plástico?

–Hay que diferenciar entre el de un solo uso, que es el demonizado, del que se utiliza, por ejemplo, en el sector del automóvil. Nosotros producimos el plástico, no lo tiramos al mar. Hay un problema en su recogida y reciclaje.

–¿El sector es seguro?. Lo digo por el reciente accidente en Tarragona

–Tenemos unos índices de frecuencia de accidentes muy bajos, ocho veces menos que la media de la industria, a pesar de que tenemos procesos muy complejos. El alcance de este último ha sido extrañísimo. Aprendemos de todos ellos, tenemos comisiones especializadas, compartimos nuestras prácticas de seguridad. Aunque la industria química es de los sectores más seguros, si hay que mejorar o modificar algún protocolo, lo haremos.

–¿La subida del SMI tendrá algún impacto en la industria química?

–En nuestro sector no hemos tenido ningún impacto negativo, ya que el salario medio es de 37.500 euros. Tampoco afecta a las contratas que tenemos. Nos afectó mucho más la medida de eliminar el tope de las cotizaciones sociales. Supuso un coste de unos 40 millones de euros para el sector.

–¿Les puede perjudicar la anunciada derogación de las reformas laborales?

–Habrá que ver qué medidas toma el Gobierno y su alcance. Tenemos una buena relación con la ministra de Trabajo. Es una persona muy proindustrial, según vimos en el Congreso.

–¿Cree que la reforma laboral de Rajoy favoreció a la industria?

–A nivel global, sí. En la industria, no sé, es complicado. Cuando hay cierres de empresas y ERE, las facilidades que se dieron permitieron que subsistieran mucha parte del tejido industrial empresarial. Queda recuperar los niveles salariales, proceso que que se puede asumir mientras eres competitivo.

–¿El conflicto catalán les está perjudicando?

–Cuando empezó, algunas empresas trasladaron sus sedes lejos de Cataluña. Ahora no hay nada nuevo. Al final, más del 60% del capital de nuestras empresas es multinacional. No preveo que sea un problema a corto y medio plazo.

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