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La tecnológica Snowflake protagoniza el mejor estreno del año en bolsa en Wall Street

Los copitos de nieve acostumbran a caer, pero hay uno que sube contra viento y marea. Es Snowflake (copito de nieve, en inglés), una tecnológica que se estrenó esta semana en el parquet de Wall Street con unos números de vértigo: después de que el primer día de cotización sus acciones más que duplicaron su precio –algo que no se veía en los mercados desde el 2006–, la empresa ha pasado a tener en pocas horas una valoración de 70.000 millones de dólares, es decir más que Uber, Dell o General Motors. Ha sido la mayor salida a bolsa de este año en los mercados y la mayor de siempre de una firma de software.

A diferencia de las legendarias start-up californianas, esta empresa no nació en un garaje, sino en un piso en San Mateo, en la bahía de San Francisco, donde dos investigadores franceses, Benoît Dageville y Thierry Cruanes en el 2012 empezaron a estudiar una forma eficiente de almacenar los datos en la nube.

Después de una experiencia en Oracle, conocieron a Mike Speiser, director de un fondo de capital riesgo que trabajó codo a codo con Facebook. Los tres, que comparten una afición por el esquí (de allí el nombre de la firma) decidieron tirarse no solo por las pistas, sino por el parquet bursátil. Y confiaron el mando a un veterano ejecutivo del sector, Frank Slootman, como consejero delegado.

Las cifras reflejan cierta solidez, o más bien una gran perspectiva. En su último ejercicio fiscal, los ingresos crecieron un 174% (hasta unos 264 millones de dólares), mientras que el número de sus clientes se disparó más del 100% –hasta más de 3.000– y entre sus usuarios destacan nombres como Electronic Arts o Capital One Financial. La pandemia ha puesto de relieve la importancia de la tecnología y el teletrabajo ha incrementado la producción de datos (el llamado “petróleo del siglo XXI”). Y las cosas irán a más. En el futuro incluso una simple tienda o un automóvil serán fuentes de datos. El despliegue de la tecnología 5G va a intensificar, aún más si cabe, su importancia y acelerará su transición hacia el acceso remoto con las redes. Todo eso en Wall Street lo tienen muy presente.

Asimismo, en un momento en que hay mucha liquidez en el mercado y muchas de estas compañías de software pueden ser objeto de compras sucesivas por parte de multinacionales, se entiende que los inversores se hayan puesto a la cola para hacerse con el copito de nieve.

La empresa, que nunca ha obtenido beneficios, ya vale más que General Motors

Detrás del interés en esta compañía hay también un aliciente cargado de simbolismo. Warren Buffett, el gurú de Wall Street tradicionalmente reacio a las tecnológicas ha participado en la inversión (al aportar 500 millones de dólares) y eso ha despejado las dudas de los escépticos. Otro aliado en la operación es Marc Benioff, de Salesforce, firma competidora de Oracle.

Su presencia también aumenta la especulación de que Salesforce podría en un futuro aliarse con Snowflake, lo que aumentaría las posibilidades de incrementar las ganancias para sus accionistas.

El valor añadido de esta empresa es que propone un modelo no solo para mover los datos a la nube, sino para compartirlos estén donde estén y, si es necesario, moverlos de una nube a otra. “Las personas tienen tantos lugares diferentes donde tienen datos hoy en día, pero tienen la necesidad de poner esos datos en un solo lugar para su análisis”, explicaba Jon Bock, vicepresidente de marketing de Snowflake.

Compartir datos, ya sea entre empresas o incluso entre “silos” de datos dentro de una empresa, generalmente requiere procesos de transferencia de datos complejos que involucran múltiples bases de datos, archivos, sistemas y otras tecnologías. Con las capacidades de intercambio de datos de Snowflake, las empresas ganan en flexibilidad y ahorran costes. El fundador Benoît Dageville lo explicaba así: “Es como la electricidad. Cuando usted entra en casa, puede encender muchos interruptores o apagarlos en función de sus necesidades. Snowflake te permite estar en una plataforma única, estés dónde estés, para que te facturen, como en el ejemplo, solo lo que has consumido de luz”.

¿Es esto suficiente para justificar que la valoración de la compañía sea 140 veces sus ingresos anualizados y seis veces lo que valía hace tan solo nueve meses? Snowflake opera en un nicho de mercado: ¿conseguirá aguantar la competencia de gigantes como Amazon, Google o Microsoft que invierten cada vez más dinero en la nube y que ya tienen entre dos y cuatro veces más clientes?

En ambientes financieros de Wall Street hay incluso quién evoca los fantasmas de la anterior burbuja de las dotcom , que a principios de este siglo causó el desplome del Nasdaq, cuando lo que cotizaba eran las expectativas de negocios más que el negocio real. Snowflake nunca ha obtenido beneficios. Hasta el 31 de julio las pérdidas superaban los 800 millones de dólares. Cuando sale el sol, los copos de nieve se derriten.

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