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La Supercopa, una deuda pendiente consigo mismo... y con Puerta

Aquellos brazos señalando al cielo de los héroes de Eindhoven, Mónaco, Glasgow y Madrid, ésta por dos veces, fueron el último homenaje que el Sevilla le hizo a Antonio Puerta en una final de la Supercopa. Fue en el minuto 13, tras el rabioso cabezazo de Renato durante el partido ante el Milan, en el estadio Louis II, el mismo escenario donde apenas un año antes aquel Sevilla desatado desde el zurdazo mítico de Puerta al Schalke 04 asombrara al mundo con su exhibición ante el Barcelona de Ronaldinho, Messi, Puyol, Xavi, Eto’o y un jovencísimo Messi.

El Sevilla de Juande jugó aquel encuentro ante el equipo de Kaká y Pirlo apenas tres días después de honrar entre lágrimas de un dolor acerado al héroe fallecido. Puerta abrió la senda de la gloria que todavía sigue hollando este nuevo Sevilla de resiliencia y superación de obstáculos. Y el Sevilla debe pagar en la Supercopa la deuda que tiene consigo mismo desde entonces. Consigo mismo... y con Puerta.

"Es difícil hacer frente a la situación, pero hemos jugado también para Puerta, con el mejor espíritu posible", dijo aquel 31 de agosto de 2007 Pirlo, el regista de aquel Milan de enjundia. Onore a Puerta, rezaba en italiano una pancarta en el estadio. Trece años después, el Sevilla vuelve a tener otra ocasión para saldar una de las escasas deudas que tiene con su épica historia de plata. En Colonia les dedicó el título a Puerta y a Reyes. En Budapest quiere hacer lo mismo para cerrar de una vez una herida que permanece abierta desde aquella estival noche monegasca.

Al contrario que mayo, agosto no ha sido un mes prolífico en plata para el Sevilla. Cinco finales ha disputado de la Supercopa de Europa y sólo pudo alzarse con aquella primera de Mónaco, en 2006 ante el Barcelona, una final a la que le puso la firma indirecta Puerta. Salió como un vendaval en la segunda parte de un partido ya encauzado con los goles de Renato y Kanouté y sufrió un penalti que marcó Maresca: 0-3. Su eslalon posterior dejando en el suelo a medio Barça está enmarcado en oro.

Desde entonces, el Sevilla jugó cuatro Supercopas más, pero por una cosa u otra no pudo conquistarla. En 2014, el equipo de Emery se midió al Real Madrid en Cardiff. Banega aún no había llegado para relevar a Rakitic y Alberto Moreno tuvo que hacer las maletas corriendo, horas antes del partido, para fichar por el Liverpool. Ganó el equipo merengue con dos tantos de Cristiano Ronaldo, en medio de un ambiente festivo de la hinchada sevillista que sorprendió a todo el Reino Unido.

En Tiflis, Georgia, en 2015 y sin apenas sevillistas en las gradas por la lejanía de la final, el Barcelona se vengó por lo de 2006. Fue un partido memorable, designado en una encuesta de la UEFA como el mejor de toda la temporada. El Sevilla igualó un 1-4, pero en la prórroga decidió Pedro tras otra falta de Messi, temible aquel día en los golpes francos. Y en Trondheim, Noruega, casi tan lejos y también con escasa presencia de hinchas, al Sevilla de Sampaoli se le escapó de entre las manos la copa ovalada tras dominar al Madrid. Sendos errores propiciaron el gol de Sergio Ramos que llevó a la prórroga y la puntilla de Carvajal.

Ahora el Sevilla de la resiliencia, un bloque con una estructura muy sólida, la que le ha dado en un largo año Lopetegui, afronta la final con nuevas energías. Enfrente estará un Bayern Múnich que, curiosamente, sólo ganó la última Supercopa que ganó, al Chelsea en la tanda de penaltis (2-2 tras la prórroga) en 2013, el año de su anterior triplete. El equipo de Hans-Dieter Flick ha reeditado la mejor versión del siempre temible Bayern, que asustó en el inicio del curso con su goleada al Schalke 04.

Pero este Sevilla no está tan en construcción como aquellos. Lopetegui ha impregnado a su equipo de una fe que lo ha hecho creerse casi invulnerable en las citas clave y el partido se presenta con una expectativa altísima, desde esa humildad y autoexigencia que proclama un club que se debe una Supercopa. Y de paso le debe la revancha al Schalke 04, ese equipo con el que lo hermanó Puerta.

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