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La ruina del clásico. Sin público, sin bares, sin turistas: "La situación es desastrosa"

El hombre sale de un pequeño almacén y recibe al periodista mirando al suelo. Ya sabe que quien entra en su pequeña tienda de merchandising del Barça no viene a comprar. Nadie lo hace desde que se decretara el Estado de Alarma el pasado mes de marzo. Desde que desaparecieran los turistas de la ciudad. Desde que la gente dejó de caminar frente a su comercio como estación de paso a un Camp Nou cerrado al público. «Es un desastre. La facturación me ha bajado un 99%. Estoy a un paso ya de ir a C

áritas. No creo que pueda aguantar dos meses más sin cerrar».

Josep Farré

, que es quien regenta el comercio Barcelona Outlet en la Travessera de les Corts, justo frente al Gol Sur del Camp Nou, se hunde: «El Estado nos machaca». Dicho esto, se arma de valor para no echarse a llorar allí mismo. En un radio de 150 metros, tres tiendas similares ya bajaron la persiana. El

Barcelona-Real Madrid

se jugará esta tarde en el Camp Nou con las gradas todavía vetadas al público. Y con bares y restaurantes, habituales lugares de concentración en los grandes partidos, cerrados en toda Cataluña tras las restricciones impuestas por la

Generalitat

. La tormenta perfecta para un club, pero también para una ciudad azotada no sólo por la pandemia, sino por un derrumbe económico sin precedentes.

El impacto de un Camp Nou vacío

El impacto directo del clásico a puerta cerrada en la cuenta de resultados del Barcelona es especialmente duro. Según ha podido saber este diario, el club azulgrana perderá entre ocho y 10 millones de euros entre

ticketing

, servicios VIP, restauración, ventas de camisetas en la tienda oficial del Camp Nou y la pérdida proporcional de visitantes del Museo. Además, el club también sabe que tendrá que atender a los abonados que soliciten la compensación por no haber podido acudir al partido. El Barcelona, que arrastra una deuda de 820 millones de euros y que se encuentra en plena negociación para recortar su masa salarial en un 30%, ya amontonó pérdidas el pasado ejercicio por no haber podido abrir el campo al público desde marzo: 47 millones de euros se le escurrieron en entradas, 35 millones por el cierre de tiendas, 18 millones en el Museo, y otros tres millones más por la cancelación de eventos en el estadio.

"Es un golpe para la ciudad"

«Y también es un golpe para la ciudad». Quien habla es

Jordi Mestre

, que conoce de primera mano las dos realidades. La del club, porque fue directivo y vicepresidente azulgrana durante nueve años (entre 2010 y 2019), y la empresarial, porque es el presidente del

Gremio de Hoteles de Barcelona

. Él mismo tuvo que cerrar el Hotel Sofía, del que es propietario. Sus enormes ventanales, a 400 metros del Camp Nou, aún no ofrecen luz. «No hay vuelos ni visitantes. No hay demanda. Volver a abrirlo nos costaría más que mantenerlo cerrado», asume Mestre, que argumenta el drama: «Llevamos ocho meses con ingresos cercanos a cero. La situación es desastrosa. De 450 hoteles que hay en la ciudad, sólo permanecen 45 abiertos. La ocupación es ya del 10% [cuando el pasado mes de octubre rondaba el 90%], y las habitaciones están a precio muy rebajado». Y cuantifica las pérdidas, la única manera de descifrar la magnitud del cataclismo: «En un año, Barcelona factura a nivel hotelero 1.600 millones de euros. En ocho meses habremos perdido ya cerca de 1.000 millones». El clásico a puerta cerrada redunda en el drama económico. «Al Barça-Madrid suele venir turismo de lujo, sobre todo de los países árabes. Llegan en aviones privados, pagan lo que haga falta por la entrada, contratan un salón en el campo, se alojan en las mejores habitaciones de los hoteles, se desplazan con chófer... No reparan en gastos», apunta Mestre, que advierte de la «necesidad» de que al menos una parte de los espectadores pueda volver pronto a las gradas.

La caída del turismo

«Pero también es positivo que el clásico, un icono del deporte mundial, pueda jugarse y vaya a retransmitirse. Sirve para mantenernos presentes y mandar un mensaje al exterior. En cuanto al impacto económico, está englobado dentro del desastre», interviene

Eduard Torres

, presidente de

Turismo de Barcelona

. Y expone cifras: «El turismo supone el 12% de los 250.000 millones del PIB catalán. Es decir, 30.000 millones. Vamos a perder en nuestro sector el 70%, unos 21.000 millones. La mitad pertenece a la ciudad de Barcelona y alrededores, por lo que estaríamos hablando de unas pérdidas este año de 10.500 millones». El periodista, después de advertir la desaparición de todos los puestos de bufandas, retoma su camino hasta la calle Riera Blanca, donde se agolpan más bares. Los que no aún resisten, intentan vender comida para llevar. «Pero aquí ya no hay nadie», asume

Roberto Ibarra

, propietario del restaurante Robert's. El clásico, antes una bendición, se ha convertido en espejo de la condena. «Estamos al límite de nuestras fuerzas. El año pasado facturé unos 10.000 euros con el Barça-Madrid. La gente estuvo todo el día». Ahora su caja no recibe más de 70 euros diarios. Roberto tiene mujer y dos hijos. Paga 2.500 euros al mes sólo por el alquiler del local. «Al menos hemos conseguido que la Generalitat apruebe un decreto ley que equilibra las pérdidas y las reparte entre el inquilino y el propietario».

Roger Pallarols

, director del

Gremio de Restauradores de Barcelona

, se refiere a la nueva ley por la que los locales comerciales cerrados por la pandemia -«o que ofrezcan sólo comidas para llevar, que es lo mismo»- obtendrán una rebaja de hasta el 50% del alquiler si las dos partes no se ponen de acuerdo en un mes.

"El cierre de la hostelería es irresponsable"

«Aunque el oxígeno llega tarde», asume Pallarols, que clama: «El cierre de la hostelería ha sido completamente irresponsable y desproporcionado. A

Pere Aragonès

, vicepresidente en funciones de presidente de la Generalitat, ya le dije esta semana: 'Podéis cerrar los bares, pero no evitar la socialización'. Y un Barça-Madrid es una fecha clave para la socialización en espacios no controlados, por lo que aumenta el riesgo de brotes. La coincidencia del clásico con el cierre de la hostelería, además de no servir para mantener a raya el Covid, profundiza en el agujero económico. Se equivocan agravando aún más la crisis de un sector del que depende la economía barcelonesa, catalana y española. Es una desertificación sin precedentes». «El clásico era el día del año para nosotros. Con mucha diferencia. Los aficionados no se juntarán en los bares, ¿pero cuántos lo harán en casas?», se pregunta

Ricardo Álvarez

, propietario de Casa Pin. «Mi persiana estará cerrada».

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