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La receta para subir salarios

Esta semana, CEOE y Cepyme han conseguido amortiguar un golpe de consecuencias terribles para todos. A pesar de haber estado ya acordado por la coalición de Gobierno PSOE-Podemos un incremento del SMI de 100 euros, se logró en el último minuto aminorar el hachazo a la mitad. Es verdad que, en cualquier caso, se trata de una medida que tendrá efectos negativos en las pymes de menor dimensión y en los colectivos de trabajadores que aportan menos valor añadido, pero las consecuencias serán menos lesivas que si la cantidad hubiera sido el doble, como estaba prevista inicialmente. Cabe también preguntarse qué previsiones reales de empleo estará barajando el Gobierno en la trastienda para aceptar reducir a la mitad una decisión que había sido acordada ya de forma unilateral, al margen del diálogo social.

Nuestra economía se mantiene en la senda de desaceleración y tras varios años creciendo en porcentajes próximos al 3%, nos encontramos con que cuando se inicia el agotamiento seguimos manteniendo la segunda tasa de paro más alta de la UE, la más alta en jóvenes (por encima incluso de Grecia) y con importantes reformas sin hacer. El incremento del SMI en los dos últimos años se eleva al 27%, es decir, los costes de los productos y servicios se han incrementado en esa cantidad y no parece muy probable que un pequeño bar de un pueblo de nuestro interior pueda incrementar el coste de un café en esa proporción para mantener la actividad.

El hecho de no haber acometido reformas durante los últimos años ha eliminado la posibilidad de haber convertido nuestra economía en contracíclica generando mecanismos automáticos de ayuda. Se empieza a agotar el tiempo para hacer las reformas que potencien el crecimiento y esperar a hacerlo cuando ya está la crisis es garantía de problemas sociales.

Es muy loable la intención de este Gobierno de intentar favorecer un incremento de los salarios más bajos para fortalecer la cohesión social, pero equivocarse en las recetas puede provocar auténticos desastres sociales. Tal vez por eso, un importante grupo de países de Europa (Dinamarca, Finlandia, Suecia, Italia, Austria o Chipre) que además tienen salarios elevados, se hayan negado en rotundo a la propuesta de la nueva presidenta de la Comisión Europea de establecer un SMI europeo. Estos países sostienen que tienen el SMI incluido en la negociación colectiva sectorial y aducen que situarlo en el ámbito político sólo generaría paro.

En realidad, sólo hay una manera de incrementar los salarios de forma natural y sostenible. Y es reduciendo la tasa de desempleo. Para que se incremente el precio del factor trabajo, lo primero que hay que hacer es reducir su oferta. Un ejemplo nos lo ofrecía la empresa de comida rápida Taco Bell que ha puesto en marcha un proyecto en el norte de EE.UU. en el que pagarán a sus gerentes de tienda lo mismo que un controlador aéreo o un profesor de arquitectura, es decir, cien mil dólares. Se trata de una oportunidad para que un colectivo de trabajadores, tradicionalmente de salarios bajos, pueda optar a integrarse en la clase media. Para ello, la tasa de paro de Estados Unidos ha tenido que reducirse hasta el 3%, la más baja desde 1.969.

En cualquier caso, en España aún nos quedan momentos de tensión a los que hacer frente en materia de política laboral. Algunos representantes del Ejecutivo anuncian la derogación de la última reforma laboral, mientras que otros indican que hay que mirar hacia adelante. En opinión de CEIM, pretender desinstalar los pocos mecanismos de flexibilidad que otorgamos a nuestro mercado de trabajo en la etapa de Báñez supondría eliminar herramientas que han permitido crear tres millones de puestos de trabajo y volver a reglas del siglo pasado.

Ese enfoque está equivocado porque lo que habría que hacer no es defender los empleos concretos que ya existen, sino fomentar el mercado de trabajo para hacerlo más grande e inclusivo. De hecho, el mayor factor de desigualdad que existe en España es su alto nivel de desempleo al generar una brecha entre trabajadores y desempleados, y dentro de los activos hay una nueva brecha entre los hiperprotegidos (estables) y aquellos que rotan (temporales), que ahora rotarán menos porque tendrán menos contratos al ser más caros.

Francisco Aranda Manzano es portavoz de CEIM